Opinión | Noticias del antropoceno

Qué tiene Marbella que me pone enfermo

Lo de viajar por motivos profesionales ha ido por épocas en lo que a mí respecta. Después de estudiar en Pamplona y en Barcelona, las circunstancias (más que una decisión propiamente tomada) hicieron que creara mi primer proyecto empresarial en Cartagena. TAM TAM -que así lo bauticé- era una agencia de publicidad local en competencia con otras agencias de publicidad locales como MARCO (de Mario y Francisco, sus fundadores) FJ (por Francisco José Pretel), CROS (por Alejandro Cros) o Escudero (por el que fue alcalde socialista de Cartagena, Enrique Escudero). En ese momento, solo me movía por la calle Mayor y aledaños.

A los pocos años había abierto oficinas de TAM TAM en Murcia, Alicante, Pamplona y, finalmente, en Madrid. Viajaba constantemente porque solo yo me encargaba de abrir nuevo negocio, sobre todo grandes clientes en donde teníamos presencia física. Después vino la crisis del 93, una recesión de caballo que afectó especialmente al sector de la promoción inmobiliaria, donde teníamos la mayor parte de la clientela. En 1994 tuve que empezar desde cero, sin apenas estructura pero, por suerte, sin socios con los que cargar en los momentos difíciles. Afortunadamente nadie puede cambiar lo que eres y quitarte lo que has aprendido, así que volví a levantar una estructura considerable esta vez con presencia solo en Murcia -donde me había trasladado con mi familia en los inicios de la década de los 90- y también en Lisboa, donde encontré una mina de oro ayudando a construir con mis soluciones de marketing la franquicia inmobiliaria más exitosa del país, que aún goza de excelente salud.

Fueron años -diez en total- en los que viajaba de continuo a aquel país, hasta el punto de que adquirí cierta fluidez en el idioma, cosa que pocos españoles pueden acreditar. Con la crisis del euro, los hombres de negro tomaron el control de las finanzas portuguesas y el sector inmobiliario se fue a hacer puñetas por una larga temporada. Tuve que replegarme a mis cuarteles de invierno y desde ahí reinventarme con una franquicia de marketing inmobiliario (suena raro, pero funciona), dejándome la piel viajando de inmobiliaria en inmobiliaria por todo el país. Pero dos veces que fui a visitar clientes diferentes en Marbella acabé en el hospital, una por dos hernias como dos soles, y otra por un pequeño ictus que superé en unos pocos días sin problemas. Por si acaso, no pienso volver.

Suscríbete para seguir leyendo