Opinión | Pintando al fresco

Ligando a la antigua

Cuando yo era un adolescente, hace cientos, miles de años, las formas de ligar de los muchachos eran bastante diferentes a las de hoy en día. A menudo, acababas de novio de una amiga de tu hermana, o de la hija de la vecina del segundo, o de tu prima, la de Lorca, pero había otros procedimientos que voy a tratar de exponer hoy aquí porque me han contado algo que me ha traído estos recuerdos, pero esto se lo explicaré a ustedes en el último párrafo.

Era corriente en aquellos tiempos del cuplé –finales de los cincuenta, principios de los sesenta del siglo pasado -, que las chicas salieran a pasear los domingos por las calles céntricas de sus ciudades y pueblos. Solían ir cogidas del brazo, en líneas de dos, tres o más, y los chicos también paseaban, arreglados, bien peinados con brillantina y fumando. En esos paseos, a veces, al cruzarse ellos con ellas, había alguna mirada furtiva y entonces era normal que dos chicos se acercaran a las chicas y comenzaran a decirles cosas pegando lo más posible su boca a las orejas de ellas. La reacción normal de las féminas era no responder nada y seguir su camino ‘haciéndose de valer’, pero también aquel asalto callejero podía a veces llegar a convertirse en algo más, eso sí, muy despacio en el tiempo y solo cuando el chico demostrara que venía ‘con buenas intenciones’ (los entrecomillados son las expresiones literales que se utilizaban en la época en estos casos). Si algún muchacho se pasaba en lo dicho o lo gestual, no era raro que ella le soltara una bofetada. O sea que machismo, sí, pero con peligro de guantazo.

Otro procedimiento de acercamiento a las chicas era el acudir los domingos a los bailes de los barrios o a las fiestas de los pueblos cercanos a donde vivías, y allí ibas y ‘sacabas’ a las chicas a bailar, que unas veces te decían que sí y otras que no. Era curioso porque la respuesta de ellas para negarse a tu invitación era habitualmente: ‘No, no bailo’, a lo que tú te preguntabas que entonces a qué había venido a este lugar, pero las cosas eran así y aquello iba de adaptarse o morir. Otra situación, también muy habitual en estos eventos, era la de ver a dos chicas bailando juntas. Entonces le decías a un amigo: «Vamos a ‘romper esa pareja», nos acercábamos y tratabas de convencerlas de que se separaran y bailaran cada una con uno de nosotros, y a veces lo conseguías. Hasta que no había algo más serio en la relación, a la hora de bailar ‘las lentas’, ellas solían ponerte ‘la alcayata’, que era su codo apoyado sobre el pecho de él, así que cuanto más intentara acercarse, más se clavaba el hueso y era fácil llegar a tu casa por la noche con un cardenal morado en el plexo solar.

Todo esto cambió en los sesenta cuando los jóvenes comenzamos a organizar los ‘guateques’. Estas pequeñas fiestas en las casas de los que tenían un espacio más grande daban mucho resultado a la hora de ligar. Se preparaban bebidas, por ejemplo ‘la leche de pantera’, cuya receta era muy simple: un bote de leche condensada, una botella de ginebra, mucho hielo, un poco de canela en rama y alguna corteza de limón. Con los sudores de bailar el twist, el rock y todo eso, llegabas a tener mucha sed, así que te acercabas al recipiente de la leche de pantera, metías un vaso y te lo bebías como si fuese agua. Sabía un poco a arroz con leche. Las follonetas eran históricas. Luego, se ponían ‘las lentas’ en el tocadiscos y surgía el amor.

Sé de muy buena tinta que después de los guateques vinieron las discotecas y que ya se comenzó a ligar mucho en estos sitios. Me han contado lo de los chicos llegando con la llave del coche o de la moto en la mano, lo de ‘¿estudias o trabajas?’ y demás, pero creo que todo esto ha pasado un poco de moda y que se buscan otros medios, como las redes sociales, los grupos de afines en Internet, etc.

Pero aun así, si avanzada la noche ven ustedes a un político joven en una discoteca, con un cubata en la mano y algún otro dentro, intentando ligar con una chica, no lo critiquen como hacen otros, porque el hombre lo tiene bastante mal a la hora de relacionarse con gente fuera del partido o del ámbito donde lleva a cabo su labor, así que hay que comprender que está hasta las narices del partido y del ámbito, y si alguna vez se va a una disco con los amigotes y trata de ligar a la antigua, pues que es completamente natural, oiga.

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