Opinión | Noticias del Antropoceno

Sobran parados pero falta mano de obra

Cualquier empresario de cualquier sector se queja estos días de que no consigue llenar las vacantes de sus empresas. No es que yo tenga una bola de cristal, pero siempre denuncio a los agoreros que predicen el final del trabajo a manos de robots e inteligencias artificiales variopintas. La historia es muy cabezota al enseñarnos que los aumentos de productivad causados por avances tecnológicos acaban generando más riqueza para la empresas y para los trabajadores actuales, y amplían los puestos disponibles en el mercado laboral. 

Pero ¿y por qué en nuestro país sigue habiendo casi tres millones de parados reales, el doble de la media europea?

Empecemos porque tras tres años contratado en Régimen General, el trabajador ya tiene derecho a un año de paro. O sea, un año sabático por cada cuatro. ¿Quién ofrece más en, por ejemplo, la Universidad? Tirarse un año cobrando un sueldo similar al que estabas cobrando no es moco de pavo. Eso, además, hace que no haya incentivos para trabajar de otra cosa que de ‘lo tuyo’, por mínima que sea tu titulación o por estrambótica que sea tu vocación. Es la excusa habitual para no aceptar un empleo. 

Además, para financiar ese subsidio de paro, el más generoso del mundo desarrollado, los empleadores pagamos un impuesto (lo disfrazan de ‘cargas sociales’) de más del 40% sobre el sueldo neto que cobra el trabajador. Eso explica un fuerte incentivo para renovar la plantilla, cambiando trabajadores antiguos y caros por nuevos y baratos, o amortizando directamente el puesto. Que se lo pregunten a los bancos.

Y no hablemos de los efectos perversos de la ‘paguica’ cuando se ha acabado el subsidio de paro. Con esa ayuda y alguna chapuza en negro se consiguen los mil euros que necesita un nini para vivir y alternar, gracias a la generosidad del Estado. 

Y no lo digo con acritud. Entiendo perfectamente que la vida es corta y hay que disfrutar de ella. Bendita la sociedad que permite que casi tres millones de sus conciudadanos, la mayor parte jóvenes y tan sanos como una manzana, puedan vivir del cuento sin dar un palo al agua. Lo que me enerva son los fariseos de la izquierda que no explican las causas reales de tanto paro y culpan de ello a los sospechosos habituales, que no son otros, por supuesto, que los empleadores. 

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