Opinión | El que avisa no es traidor

Sheinbaum: el caso mexicano

El PRI se ha suicidado aliándose con la derecha rancia

Claudia Sheinbaum, nueva presidenta de México.

Claudia Sheinbaum, nueva presidenta de México. / Carlos Santiago

Que Claudia Sheinbaum arrasara en las presidenciales mexicanas no ha sido sorpresa. Su triunfo marca varios hitos importantes en la historia reciente del país, que se ha visto muy agitada desde 2006 por Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el mentor de la que será primera mujer presidenta y que ha visto superado con creces su porcentaje ganador de votos de 2018. Tampoco es sorpresa que la ganadora sea mujer, puesto que los dos principales cabezas de cartel lo eran.

Puede decirse que la victoria de Sheinbaum supone el epitafio de la Revolución Mexicana de 1910 y cuyo principal exponente, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), gobernó durante 70 años y consolidó las instituciones del país, aunque originara lo que Vargas Llosa llamó en 1990 ‘la dictadura perfecta’.

El PRI se ha ‘suicidado’ aliándose electoralmente con la derecha rancia, el Partido de Acción Nacional (PAN), y los socialdemócratas exreformistas del Partido de la Revolución Democrática (PRD), escindido del PRI y que el propio AMLO capitaneó (y Sheinbaum siguió), antes de su larga marcha para fundar el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

La nueva presidenta electa ha sabido mantener el enorme capital popular que aseguró AMLO cuando, tras repudiar al PRD, recorrió durante varios años los casi 2.500 municipios mexicanos para explicar su proyecto de Cuarta Transformación que superara los tres estadios históricos de México: la Independencia, la Reforma y la Revolución.

Pero ha recogido también más voto femenino del que AMLO fue capaz de agrupar: por ser mujer ofrece la esperanza del cese de los feminicidios que siguen asolando el país y han aumentado durante la presidencia de AMLO hasta más de 3.000 en los doce meses de 2023. Sheinbaum representa el deseo de que esa lacra disminuya, puesto que eliminarla es objetivo prácticamente imposible. Además, la victoria de la candidata de Morena es de resaltar especialmente porque se da en un país con un notorio machismo sociopolítico.

A nivel popular sigue vigente la idea de AMLO –«por el bien de todos, primero los pobres»–, pero también es innegable que Morena y su líder no han sabido minorar la violencia que azota México y que ha alcanzado casi los 170.000 homicidios durante este sexenio, superando con creces el récord de muertes de la administración de su antecesor del PRI, Peña Nieto (casi 150.000), y también con mucho el registrado en el sexenio del panista Felipe Calderón (120.000), que los elevó a nivel atroz con su ‘guerra al narcotráfico’.

La estrategia de AMLO –«Abrazos, no balazos»– tampoco ha funcionado, porque fue paralela a la militarización del Estado. Ese es quizá el principal reto social que afrontará Sheinbaum: rebajar el nivel de violencia superlativo que los mexicanos parecen asumir como parte intrínseca y ya ineludible del país. 

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