Opinión | Lo veo así

Realidad vociferante y faltona

Miren por donde, ha sido el futbol el que se ha mostrado como un modelo de saber estar, de comportamiento cívico

Los jugadores del Real Madrid celebran su decimoquinta Copa de Europa.

Los jugadores del Real Madrid celebran su decimoquinta Copa de Europa. / Bernat Armangue - AP

En los últimos tiempos hemos asistido a muy preocupantes espectáculos racistas en muchos campos de futbol que albergan a espectadores claramente xenófobos, con ese «sentimiento de odio, repugnancia y hostilidad hacia lo extranjero, que se manifiesta a través de creencias, actitudes y comportamientos hostiles hacia las personas de origen distinto al propio, como el desprecio, la discriminación, y las agresiones físicas o verbales».

Y esto ha venido manifestándose de manera especial hacia la figura del jugador del Real Madrid Vinicius Jr., al que, incluso, en alguno de esos recintos deportivos se le ha deseado la muerte por el simple ‘delito’ de ser negro. Pero nula reacción por parte de las autoridades deportivas hacia este hecho deleznable o, si acaso, una ‘regañina’, pero poca, a los equipos que ni siquiera han manifestado por la megafonía de esos campos su rechazo a tales expresiones. Quizás porque muchos de los directivos de esos equipos que albergan a racistas entre sus seguidores están de acuerdo con los insultos y desprecios de sus socios.

Sí, viene ocurriendo en los últimos tiempos con extraordinaria frecuencia. Y tenemos la impresión de que ese estado de continua irritación que se refleja en algunos campos de futbol tiene mucho que ver con la división que muestra una sociedad cada vez más enfrentada, cada día menos respetuosa con las opiniones de los demás. Un enfrentamiento que parece haber llevado a los políticos al borde de ‘un ataque de nervios’ en un continuo enfrentamiento donde se pierden las formas con facilidad, donde los insultos están a la orden del día, donde la más mínima cortesía se extravió hace tiempo. Y tenemos la sensación de que la agresividad hacia los diferentes en el futbol tiene mucho que ver con la belicosidad con la que se manifiesta nuestra sociedad, azuzada por un comportamiento incalificable de nuestra clase política, donde hace tiempo que los partidos dejaron de hablar de sus programas en las campañas electorales para dedicar todo su esfuerzo a la descalificación del adversario. Y las campañas transcurren sin que los ciudadanos sepamos que serían capaces de hacer, en el supuesto de ganar, por el bien de esos habitantes sorprendidos, y, muchas veces, preocupados por el espectáculo que nos dan los que deberían de ser un dechado de buena de conducta.

Pero miren por donde, ha sido el futbol el que se ha mostrado como un modelo de saber estar, de comportamiento cívico. Sí, la celebración del Real Madrid Club de Futbol por la consecución de su decimoquinta Copa de Europa ha sido todo un ejemplo de espíritu deportivo. Y no es tan normal que esto ocurra así, teniendo en cuenta la celebración que hizo el año pasado el Futbol Club Barcelona al ganar LaLiga, donde su eterno rival estuvo muy presente, y no para bien.

Pero esto, afortunadamente, no ocurrió entre los jugadores del Madrid, a quienes, en su subida a la diosa Cibeles, solo se les escuchó vitorear a sus propios compañeros: a los que se van, a los que triunfaron de manera especial en el partido, a los que ni siquiera llegaron a salir al campo. Fue una celebración colectiva. Una muestra de felicidad de un equipo para quienes el resto solo importa en la cancha.

Que quieren que les diga, me sentí reconfortada al contemplar esa celebración, porque pensé que las cosas se pueden hacer así, de otra manera, sin arremeter contra los que no piensan igual que nosotros. Pero no creo que nuestros ‘padres y madres de la patria’ viesen esa celebración con los mismos ojos con los que la estábamos viendo otros mortales. No lo creo, porque esta mañana he leído el periódico, he vuelto a escuchar determinadas declaraciones y he regresado a la realidad política de golpe y porrazo. Y esta realidad, vociferante y faltona, solo produce tristeza. 

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