Opinión | El retrovisor

Aquellos tiempos: Ramón Sánchez-Parra Servet

Pese a su miedo a la oscuridad, ‘Ramoncico’, sintió como primeriza vocación llegar a ser torero, puede que debido a la atracción que siempre sintió hacia el coso de ‘La Condomina’

Ramón Sánchez-Parra Servet.

Ramón Sánchez-Parra Servet. / BAS

He aquí un niño como debía de ser un niño en los maravillosos años sesenta: pelo moreno, ojos vivos, bien abiertos, para observar con agudeza el flamante desarrollo económico español y estar atentos a todo lo que se movía, que era mucho. En aquellos días los niños bien gastaban pololos y los fotografiaban en la murciana Glorieta de España, en las mañanas luminosas de primavera, las que tan solo se dan en Murcia.

Ramón vino al mundo en el hospital familiar ‘Perpetuo Socorro’ en el seno de una familia de médicos ilustres un buen 28 de agosto del año del Señor de 1962. Nacer en agosto influiría para marcar adecuadamente el devenir del niño Ramón, ya que con los años llegaría a convertirse en un señor de marcado carácter estival, es decir, festivo, educado, templado y alegre.

Se formó en el Colegio Monteagudo de la capital, centro en el que descubriría en sus años de adolescente los maravillosos efectos estéticos del fijador ‘Patrico’, producto que sigue utilizando y que le hacen destacar socialmente por el brillo de su pelo negro azabache.

Pese a su miedo a la oscuridad en aquellos tiempos, ‘Ramoncico’ (como le llamaban en casa), sintió como primeriza vocación llegar a ser torero, puede que debido a la atracción que siempre sintió hacia el coso de ‘La Condomina’, ya que su abuelo y su padre fueron legendarios cirujanos del citado coso. Inclinación profesional que pronto dejó en el olvido, tras sus correrías infantiles por el barrio de San Lorenzo, en las que primaban los juegos de pelota. Gran admirador de los cómicos ‘Laurel y Hardy’, correteaba por el pasillo de su casa, cual Fangio, con su magnífico coche de pedales. Un lujo que no estaba al alcance de todos, al igual que recuerda con cariño, cuando llega la primavera –su estación del año preferida-, la beatífica inclinación hacia los desfiles pasionales. 

Construía el zagal de forma primorosa tronos con imágenes de santos sobre la tabla de la plancha (hasta que la echaba en falta la autoridad del hogar), procesiones infantiles en las que nunca faltaron los virtuosos sonidos de tambores y cornetas. Disfrutó tanto con las manifestaciones místicas que llegó a tener como libro de cabecera Pasionaria Murciana de don Pedro Díaz Cassou, aunque se siga emocionando al escuchar pasajes de su cuento infantil preferido: El soldadito de plomo.

Frecuentaba ‘Ramoncico’ las matinales en los cines Coy y Teatro Circo, sintiendo verdadera pasión por títulos como El último mohicano o Murieron con las botas puestas con Errol Flynn al frente del Séptimo de Michigan.

Degustaba don Ramón, tras abandonar las papillas de ‘Maizena’, soberbios bocadillos de lomo embuchado, tan de su agrado en aquellas lejanas tardes televisivas, cautivado por las aventuras de Pedro Picapiedra y Pablo Mármol. 

Entrañables veladas de estío en las playas de Santa Pola, admirando la figura mítica de don Santiago Bernabéu y su esposa María Valenciano, grandes amigos de la familia Sánchez-Parra, forman parte de sus grandes recuerdos de la infancia. Amistades que se perpetúan en la memoria junto con otras más cercanas, como la amistad imperecedera de nuestro protagonista con Teodoro García Egea en los actuales agostos marmenorenses. 

Las amplias terrazas del Club de Regatas de Santiago de la Ribera y el maravilloso horizonte que ofrecen son el escenario de la holganza de ambos políticos. Aunque don Ramón diga que prefiere las vistas de Murcia desde las explanadas del Santuario de la Fuensanta.

Profesión actual: Diputado Regional.

Estudios: Diplomado en Ciencias Empresariales y Graduado en ADE.

Comienzos profesionales: Despachos y Registro de la Propiedad.

Una frase de la infancia: «Haz el bien y no mires a quién».

Enfermedades infantiles: Varicela y paperas.

Un recuerdo: Primera Comunión en la capilla del Hospital General.

Curioso: Le gustan las chaquetas estrechas.

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