Opinión | Salud y Rock 'n' roll

La columna más bonita del mundo

Me siento llena de amor y, aunque dejas un vacío que no se puede explicar con palabras, sé que te quedas conmigo para siempre

Belén Unzurrunzaga junto a su madre.

Belén Unzurrunzaga junto a su madre. / @miriamalegria

Se hizo el silencio para siempre en casa cuando apagamos la máquina de oxígeno, te habías ido y en ese momento me arrancaron el corazón de cuajo, sin anestesia. Se suponía que con el paso de los años y la enfermedad uno se prepara para lo inevitable, pero nadie está preparado para la muerte, y menos para la muerte de una madre. No volver a olerte, tocarte, cuidarte, mirar como duermes, estar a tu lado pasando las horas viendo como ojeabas revistas (como marcabas páginas que querías que yo viera), verte disfrutar mientras comías churros con chocolate... Nadie te prepara para que todo esto y todo lo vivido junto a tí nunca vuelva a suceder, nada más que en nuestro recuerdo. Creo que esta es la hoja en blanco más difícil a la que me enfrento hasta la fecha, pero voy a escribirte la columna más bonita del mundo.

Ninguna de las dos hemos sido personas fáciles y a lo largo de nuestra vida quizás nos costó entendernos en muchas ocasiones; teníamos visiones diferentes de la vida y de cómo vivirla, pero por encima de todo siempre estaba el amor que sentíamos. La enfermedad pronto lo arrasó todo y han sido años, más de 10, en los que nuestra familia saltó por los aires. Tuvimos que aprender a vivir con una enfermedad neurológica que te conservó la memoria, pero que se llevó con ella el poder valerte por ti misma, y a cambio nos dejó sufrimiento, impotencia y dolor hasta llegar a la aceptación y convivencia con todo lo que una enfermedad neurológica conlleva a lo largo de los años. Pero, a pesar de todo, no dejaste de sorprendernos con tu fortaleza, tu capacidad para las remontadas, nunca tuviste miedo y nos demostraste cada día tus ganas de vivir, de seguir adelante, con espíritu colchonero, partido a partido. ¡Tu fuerza nos has hecho más fuertes, no sabes cuánto!

Ha sido un orgullo cogerte de la mano, me encantaba meterme en la cama contigo a ver los encierros de San Fermín, llamarte cuando salía de la radio y que me dijeras que te gustaba como hablaba, llevarte a la peluquería en la silla de ruedas y después pasar por tu tienda favorita a comprarnos pulseras y pendientes iguales (uno para cada una), tomar un zumo de tomate frente al trabajo de Chema... 

Fuimos unas temerarias al meternos juntas en la ducha pequeña de casa una buena temporada para asearte cuando ya no te podías poner de pie, pero no decías que no a nada, y lo mejor es que siempre confiaste en mí. ¡Qué bien lo hemos pasado juntas, cómo te echo de menos y como voy a echar de menos estas aventuras! Una mujer divertida, creativa, con un estilo propio único. La mejor montando fiestas de jubilación en el quirófano del Maternal de la Arrixaca, o fiestas de disfraces en Garrucha. Generosa, buena persona y lo mejor de todo, mi madre. Me siento tan afortunada que solo puedo darte las gracias, mamá.

No quiero olvidarme de mucha gente que durante todo este tiempo nos ha ayudado en este camino, empezando por su médico de Atención Primaria y las enfermeras del centro de salud. Todos los sanitarios del 112 que acudieron a casa ante nuestras llamadas de auxilio en momentos complicados.Urgencias del Morales Meseguer y las profesionales que nos atendieron en la 5ª planta durante sus ingresos. Sin olvidarme del equipo de cuidados paliativos en las últimas semanas, gracias.

Agradecer a los amigos, a la familia que eliges, a todas y todos los que a lo largo de estos años y en los últimos días han querido mostrarnos su afecto. Gracias por los abrazos, los mensajes de cariño, los planes para distraerme. Gracias por el amor incondicional de los que no me sueltan. Y me vais a permitir que haga dos menciones especiales: Mamá, nuestro querido Quique González Torres te hizo la misa más bonita del mundo. Mi querido compañero de página, Enrique Olcina, la Hermandad de Labradores, Paso Azul de nuestra querida Lorca y su presidente, te envolvieron con el amor de la Virgen de los Dolores, nunca olvidaré su generosidad y afecto.

Te echamos mucho de menos, estamos bien, era hora de que descansaras. En mi cabeza ya estás junto a nuestros queridos perros Curro, Chulo, Black y Gol; los abuelos; Nina y Miguel y las folclóricas que tanto te gustan: la Piquer, Juanita Reina, o la Jurado y la Carrá. Sin olvidarme de todos aquellos que perdiste a lo largo de la vida, a los que seguro ahora estás organizándoles uno de tus saraos.

Me siento llena de amor y, aunque dejas un vacío que no se puede explicar con palabras, sé que te quedas conmigo para siempre. No dejaré de decirte que te quiero.

D.E.P. 

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