Tribuna Libre

La posverdad y el Mar Menor. La foto de la ministra y el presidente

Tanto los negacionistas como quienes quieren buscar soluciones técnicas tienen en común no poner en cuestión la acumulación capitalista tanto en la agricultura como en el turismo, que solo busca la obtención de beneficios de las grandes empresas que controlan uno y otro sector

Peces muertos en el Mar Menor

Peces muertos en el Mar Menor

Asociación Por un Mar Menor vivo

En este mundo donde reina la llamada ‘posverdad’, hay diversos grados de la misma, utilizada por los actores en torno a los problemas del Mar Menor. El Gobierno del PP, durante decenas de años, se negó a reconocer que la situación del Mar Menor era insostenible. Subidos en las sucesivas burbujas del turismo, el ladrillo o la agricultura industrial intensiva, negaron primero los daños originados por la presencia de metales pesados, por la actividad inmobiliaria y la construcción sin límites, sin tener en cuenta los vertidos de todo tipo, pero sobre todo en la agricultura con el Transvase y técnicas basadas en productos químicos hicieron creer en la posibilidad de crear un paraíso de negocios, sin pensar en las contrapartidas. En ese periodo, el PP fue negacionista, que es la forma más salvaje de la posverdad.

Pero con la presencia de miles de peces muertos, con la pérdida de la actividad pesquera, unas aguas oscuras que ahuyentan a los bañistas y el descenso acelerado del valor de las propiedades ante la caída del turismo, cambiaron las tornas. 

Ante semejante situación y con la población en manifestaciones nunca vistas en la Región reclamando soluciones, el PP inicia un nuevo relato con una versión distinta de la realidad. Ahora, no solo reconoce la grave situación, sino que dice que siempre se ocupó de esos temas. Y con todo el desparpajo en pocos meses, pasa de oponerse en la Asamblea Regional a la ILP a su apoyo en el Congreso en Madrid.

Durante un tiempo, el ‘nuevo PP’ y el partido a su derecha, que seguía manteniendo la antorcha negacionista diciendo que aquí no pasa nada, iniciaron un corto periodo de vociferante discrepancia sobre si era necesaria la exigua legislación defensora de la laguna aprobada. Finalmente, el conflicto terminó con un Gobierno conjunto. A pesar de las diferencias, ambos partidos estaban de acuerdo en un tema: la culpa es del Gobierno de Madrid.

Y aquí nos encontramos con la otra parte del reciente acuerdo. El Miteco hizo investigaciones que avalan como responsable de la situación del Mar Menor a la agricultura industrial controlada por unas pocas empresas exportadoras y las grandes cadenas de comercialización. Mejor no se puede resumir: «El ministerio estima que 3.580 toneladas de nitratos y 19,7 de fosfatos se vierten al año en el Mar Menor como resultado de la actividad agrícola y ganadera, así como de la antigua minería, el urbanismo y el turismo. Por lo tanto, renaturalizar las parcelas y actuar sobre la sierra minera es clave para abordar el problema de contaminación de este enclave».

Si el objetivo declarado del Miteco es ese, ¿cuál es su estrategia para conseguirlo? El dicho popular es: «Si quieres que algo se demore eternamente, crea una comisión». En este caso, se cumple a rajatabla. La Ley 3/2020, de 27 de julio, de recuperación y protección del Mar Menor, de la CARM, ya preveía la Comisión Interadministrativa que termina de constituirse. Hacia abajo hay otras cuatro comisiones por definir. Por su parte, la ILP también tiene previsto otros tres órganos. La comisión recién creada con tanta pompa ha tardado casi cuatro años en hacerse realidad, mientras la ILP sigue sin contar con el reglamento que permita avanzar en su implementación.

¿Qué es lo que ha cambiado desde la aparición de la sopa verde y la matanza de peces para que ahora se consiga este acuerdo festejado como si hubiera alguna solución a la vista? Anuncios y más anuncios de los cientos de millones que se van a invertir. Con la fe de los tecno optimistas todo se puede resolver, sin entender que si no se detiene el proceso de intensificación de la agricultura y la masificación del turismo no hay soluciones milagrosas, por cuantiosas que sean las inversiones.

Posverdad: «Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales». Viene como anillo al dedo. Tanto los negacionistas como quienes quieren buscar soluciones técnicas tienen en común no poner en cuestión la acumulación capitalista tanto en la agricultura como en el turismo, que solo busca la obtención de beneficios de las grandes empresas que controlan uno y otro sector.

Para mejorar algo, hay que bajar la presión urbanística con una auténtica moratoria que paralice nuevos proyectos y controle los vertidos. En la agricultura, hay que disminuir la superficie regada, seguir detectando los regadíos ilegales, eliminando los nitratos y reduciendo los pesticidas buscando alternativas agroecológicas. Mientras no se coja al toro por los cuernos, el deterioro del Mar Menor y de la Región seguirá, eso sí, siempre acompañado con el ruido de la posverdad en todas sus formas.

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