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Opinión

Vivir y dejar vivir

Ante las fatídicas noticias acontecidas, más de un lumbrera aprovechaba el tirón de escribir en un medio respetado para hacer leña del árbol caído, atacando sin piedad con medias verdades, poco contraste y ningún rigor

«El valor es tener miedo a la muerte y ensillar de todos modos». John Wayne. Nadie nos regala vidas, el vestido que te asignan cuando ves la primera luz es el que toca cuidar, proteger y alimentar.

A veces toca eso de pelear con el destino; apalear, olvidar si la cosa se tuerce y volver a enderezar si el desgaste va muy rápido. Los más conformistas jamás conocerán el sabor de la victoria, que es, si cabe, más dulce cuando has sido herida en demasiadas derrotas. El tiempo es eso, un deterioro sin retroceso, por más que lo maquilles, créanme, no es pesimismo... Cumplir años hace que tu presbicia vaya in crescendo, pero también distingues a los cretinos desde lejos. La suela de nuestras botas ha empezado el desgaste sin anestesia ni contemplación, y toca elegir si ha sido por pisar cristales rotos o por danzar sin medida en la mejor pista de baile. Para algunos, llegar al ecuador de la esperanza vital es un logro del que tal vez sentirse orgulloso, sobre todo si no te invade la melancolía de pensar que has recorrido la mitad del camino. Cumplimos años, ya puedes hacer el balance que te propone la revista de turno (sueños no alcanzados, viajes por hacer...) o el de la realidad mirada a cara de perro: la valentía que le has echado a la vida, el atrevimiento para romper con una o veinte relaciones cuando asoma el fracaso, desprenderse de miedos y consejos haciendo a los demás el menor daño posible. Dejar a un lado el «ahora no es el momento» porque el momento puede que no sea nunca, no ser el hábil artífice con capacidad de cortarse las alas a uno mismo, eso jamás. ¡Vivir, vivir! Sabiendo que todos los días no son de un color agradecido para avanzar. Si es muy gris toca escuchar Carry On de Crosby Stills Nash and Young... «El amor nos llega a todos»... Cuando se disipan las dudas, cuando el viaje invita a disfrutarlo. Con la resaca de un último cumpleaños toca reflexionar, y, tal vez, lo único que nos calme la jaqueca acontecida por los excesos sea sonreír a lo bueno, por poco que haya sido, y convivir con el bochorno que te invade al recordar otras malas elecciones. Que nadie te lo cuente, piensa que en un breve período de tiempo olvidarás casi todo y la desmemoria es casi siempre buena salvavidas.

Mi columna de hoy pretendía una crítica a los mediocres que visten de manera holgada la marca Dunning-Kruger, ropa barata de una superioridad ilusoria que tapa su escueto y simple intelecto. He visto como ante las fatídicas noticias acontecidas, más de un lumbrera aprovechaba el tirón de escribir en un medio respetado para hacer leña del árbol caído, atacando sin piedad con medias verdades, poco contraste y ningún rigor. La de sicario debe ser una profesión vocacional o, por el contrario, muy bien pagada. Nadie en su sano juicio sería capaz de dar el tiro de gracia si previamente ha conocido a la víctima, a no ser que el atropello la haya encumbrado a su minuto de gloria. Pero no me voy a hacer daño, para mentir y causar dolor gratuito, ya les pagan a otros.

Prefiero seguir con el ágape que se alarga sin querer como señal inequívoca de que estás disfrutando una merecida fiesta y sin la necesidad imperiosa de tirar por tierra al que ya, desafortunadamente, ha caído.

«La vida es dura, pero es más dura si te comportas como un estúpido» John Wayne.

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