A pijo sacao

El fin de la era zoom

Dionisio Escarabajal

Dionisio Escarabajal

Si ha habido un espejismo poderoso en la era de la pandemia era que se había terminado la era de la oficina para entrar en la tierra prometida del teletrabajo. Al fin y al cabo, con las facilidades para mantener reuniones e incluso Congresos, Ferias y Convenciones de ventas por vía telemática, con funcionalidades añadidas tan útiles como poder grabar los eventos y ponerlos a disposición de los participantes, o compartir presentaciones y ordenar la participación mediante turnos de mano convenientemente atendidas, parecía que las reuniones físicas en la oficina eran cosa del pasado. ¿Y qué más hace un trabajador de oficina en la oficina, aparte de ir a la máquina del café? Porque si se trata de pasarse la jornada delante de un ordenador, eso mismo puede hacerlo sin moverse de su casa.

Inmediatamente, en una especie a anticlímax eufórico después de la depresión del confinamiento, todo eran cosas buenas del teletrabajo y cosas malas de la presencialidad, empezando con el tiempo perdido y el estrés diario de conmutar a la oficina en el socorrido transporte público, si estuviera disponible. Ahorro de tiempo y de dinero, aumento de la productividad del teletrabajador en consecuencia. Todo maravillas sin motas de imperfección. Si acaso echar de menos a los colegas y el calor humano que aportan los otros miembros de la tribu. Pero para satisfacer esa necesidad se inventó lo de ir dos días a la semana a la oficina, mayormente martes y jueves, dejando abierta la opción de empalmar viernes y lunes con el fin de semana. Todo perfecto, excepto que las empresas se han hartado y han llamado a rebato, con incentivos y penalizaciones diversas, para hacer que los trabajadores vuelvan a la oficina. Y está plenamente justificado, aunque no por lo que la gente piensa.

Y es que una empresa es un organismo vivo y muy complejo, aunque de una pyme se trate (y especialmente una pyme, por su falta natural de estructuras formales y escasa burocracia). La interacción entre los distintos departamentos o áreas de la empresa, y de los miembros de los equipos dentro de esos compartimentos, se benefician enormemente con la interacción personal, que no es sustituible con la falta de interacción que provoca el aislamiento físico del teletrabajo.

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