Opinión | La Feliz Gobernación
No era el momento
Vox ha caído en Murcia de primera a tercera fuerza política y ha trasladado uno de sus tres escaños al PP, pero ha subido en porcentaje respecto a las autonómicas mientras los populares han bajado

Iliustración de Miguel López-Guzmán
El PP no llega. Ni con Vox ni con San Vox. Las encuestas nos han ido conduciendo a una previsión que no ha resultado la acertada. Son las auténticas perdedoras de estas elecciones, todas, aunque unas más que otras. Feijóo ha ganado en escaños, pero a gran distancia de sus expectativas, con una no demasiado rotunda diferencia con los socialistas en número de votos y, desde luego, sin alcanzar la mayoría absoluta solo o en compañía del otro. No era el momento. El voto útil al PP para que pudiera prescindir de Vox no ha sido suficiente, y parte del crecimiento del primero ha sido a costa del segundo, que es algo así como intercambiar cromos entre miembros de la pandilla. Ejemplo gráfico, Murcia, donde el PP suma el diputado que pierde Vox. Todo queda en el mismo bloque.
Sánchez, según su costumbre, ha dado la sorpresa, y Sumar ha cumplido para lo que podía esperarse de un guirigay improvisado sobre la marcha que, sin embargo, ha funcionado con disciplina e imaginación y ha acabado movilizando a una buena parte de esa izquierda cansada. Tampoco la coalición gubernamental alcanza una posición cómoda, a pesar de sus posibilidades de alianza con casi todo el espectro político nacionalista. Si el conjunto de las fuerzas políticas al margen de PP/Vox no lograran reeditar un acuerdo como el de la legislatura saliente, al menos será suficiente para neutralizar un Gobierno de la derecha. El precio de la investidura de Sánchez ha subido desde ayer, y la clave está en Junts (Puigdemont). A partir de ahora ahí estará el punto de mira.
Salimos, pues, de las elecciones, y entramos en una complicada negociación de pactos que puede acabar en el colapso. Pero ese partido sólo lo puede jugar Sánchez, pues el PP carece de otro posible socio que no sea Vox. ¿El PNV? Ni hablar, pues bastante tiene con haber sido vencido por Bildu y en el contexto de unas inmediatas elecciones aiutonómicas en el País Vasco. El PNV no podrá estar donde esté Vox.

Iliustración de Miguel López-Guzmán
La posibilidad de una repetición electoral es uno de los posibles pasos de la travesía por este infierno, y si se prefigura, hasta podría coincidir con una nuevas autonómicas en Murcia, pues del entramado poselectoral nacional no se desprende dato alguno que pudiera modificar las condiciones de Vox para facilitar gratis el Gobierno regional a López Miras. Aunque los resultados en Murcia, donde Vox ha caído de primera a tercera fuerza política y ha trasladado uno de sus tres escaños al PP podrían ser engañosos, pues los abascales han subido 4,12 puntos respecto del 28M mientras el PP ha bajado 1,54.
En el ámbito regional llama la atención la resistencia del PSOE, que mantiene su representación en un contexto de decadencia detectado en las pasadas autonómicas y municipales y, sobre todo, el mantenimiento del diputado de Sumar, que era inicialmente y en apariencia la pieza más frágil.
Gana el PP, pero gana perdiendo. El triunfo no le sirve para mucho. Es la figura de Feijóo la que queda a examen. Ahora se revisará su campaña y se observarán sus errores, e incluso se agrandarán. El PSOE ha perdido, pero la figura de Sánchez se afianza, pues las invectivas que lo dibujaban desde las más diversas tribunas como el mal absoluto no han hecho mella en el electorado, incluso después de que le fuera atribuido el resultado de las elecciones del pasado mayo. Cataluña, el País Vasco y Andalucía (ésta, en una sorprendente recuperación) han vuelto a triangular la base del avance socialista, como en los viejos tiempos.
Al margen de lo evidente, estas elecciones señalan lo que podría ser el principio del fin de Vox en la senda de Ciudadanos. Se ha probado que no constituye un ariete de la derecha sino que la contamina y la limita. Algo de esto señalan sus resultados de ayer, e incluso los de Feijóo, pues parece claro que a la izquierda le ha funcionado la propagación del miedo a un Gobierno PP/Vox. Si todos han perdido algo, el que más, Abascal.
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