Opinión | Tribuna Libre
Josep Maria Fonalleras
Cerrar el círculo
Tenía que ocurrir. Los grupos y grupúsculos cristianos, bajo el mandato literal de la Biblia, promueven campañas de revisión de los textos, de los libros escolares, de las lecturas en el aula, en atención a las doctrinas que emanan, a su juicio, del libro sagrado. O proponen legislaciones para que un padre, inflamado y ofendido, lleve un libro ante los jueces para que sea literalmente prohibido.
También ocurre en los ambientes progresistas, claro, donde se practica la cancelación de todo aquello que pueda atentar contra unos valores que eran distintos a los actuales en el momento en que se escribió el libro. Lo hemos visto: entra de todo. Desde Margaret Atwood y El cuento de la criada, hasta Las brujas de Roald Dahl, o una serie de libros relacionados con el movimiento LGBTQ+ o con el racismo, o con el sexo. Los argumentos son varios, pero la capacidad de censura es similar.
Ahora se cierra el círculo. Un padre estadounidense, de Utah, harto de que otros padres ejerzan de guardianes de la moralidad pública, ha denunciado a la Biblia, el libro, porque dice que exuda pornografía. Es decir, ha pedido al juzgado que se cargue el texto que sirve de fundamento para cargarse todos los demás textos que los padres de Utah que no piensan como él denuncian en el juzgado para que los destierre del sistema escolar. Lo bueno del caso es que la denuncia ha sido aceptada y la prohibición preventiva ha sido confirmada por un comité de evaluación, con lo cual resulta que las niñas y los niños de primaria de ese estado no tienen la Biblia en las bibliotecas.
Pero el círculo aún podía cerrarse más, y aún con más dosis de surrealismo. El legislador que impulsó la ley contra los libros indecentes primero se escandalizó y después admitió que era la medida más adecuada, porque «la Biblia es una lectura complicada» que no debe leerse en primaria, sino «en el hogar y en torno a la chimenea familiar». Los chicos y chicas de los institutos parece que ya tienen más criterio, pero los más jovencitos no deben acceder a historias tan escabrosas.
La verdad es que es cierto. Si no, que repasen lo que escribió hace más de dos siglos el ilustrado conde de Mirabeau, encerrado en la prisión de Vincennes. En su Erotika Biblion detalla episodios bíblicos de estupros, sodomías, incestos y otras delicadezas, por no hablar de las escenas de desenfreno, desorden de los sentidos, concupiscencia o violencia. Definitivamente, nada como estar en casa para escuchar la palabra de Dios.
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