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Pasamos por delante y no tenemos ni idea de lo que ahí ocurrió

Rechacemos los símbolos y vestigios que ensalzan el franquismo. Las calles deben oler a democracia. En las escuelas y museos es donde tenemos el derecho y el deber de conocer la Historia

L.O.

El servicio de Juventud en el municipio de Murcia (Informajoven, Creamurcia, Programas Europeos y Participación Juvenil) se encuentra muy cerca de la Cárcel Vieja. Hablando de este edificio y de jóvenes, he tenido la suerte de trabajar con una joven periodista, Blanca Pérez de Tudela. Es una de las creadoras del documental La Cárcel Vieja habla. Presos de la memoria. Podéis disfrutarlo en YouTube, lo recomiendo encarecidamente, por cierto. Las jóvenes documentalistas leyeron en este diario una noticia sobre la visita de los represaliados del franquismo a este lugar, organizada por la Asociación de la Memoria Histórica de Murcia, y pensaron que pasaban todos los días por delante del edificio sin tener idea alguna de lo que ocurrió dentro. Os contaré algo que le atañe a nuestro municipio y, en mi opinión, debéis saber pero, antes, una pequeña introducción:

Nuestro paso de la dictadura franquista a la democracia que hoy tenemos se llama así, transición. Yo prefiero llamarlo ‘transacción’. En nuestro país, el general Franco dio un golpe de Estado contra un sistema legalmente constituido y elegido en elecciones democráticas y se hizo llamar «Caudillo de España por la gracia de Dios». Y mientras en Alemania e Italia el suicidio de Hitler y la ejecución de Mussolini supusieron una ruptura con los regímenes fascistas y la llegada de una democracia donde la reparación de las víctimas no se discutía, en España, Franco moría en la cama tras haber impuesto un régimen dictatorial durante casi 40 años que generó sistemas de funcionamiento corruptos que no permitían romper con él. 

Sigo pensando que hay instituciones clave como el Poder Judicial o las Fuerzas Armadas donde esa transición aún está por consolidar. Comprendo que el contexto histórico obligaba a hacerlo sin fractura, que las negociaciones tenían un objetivo claro; traer la democracia poniéndonos de acuerdo como fuera. Se puede considerar un éxito que España fuese en 1978 un país formalmente constituido en un sistema democrático. Pero de aquellos polvos estos lodos, las circunstancias actuales lo corroboran. Bajo la democracia en que vivimos, que es una costra, subyacen humores fascistas supurando aún las heridas que no cerraron bien.

Víctimas en cunetas que no han recibido sepultura digna y sus familiares no pueden llorarles, llevarles flores, son líquidos supurando. Vestigios franquistas en las calles son líquidos supurando. Defender que no se retiren estos símbolos en debates políticos en plenos municipales, asambleas regionales o el Parlamento nacional, son líquidos supurando. Negarse a sacar al dictador de un mausoleo que mandó construir para ser recordado como un faraón, son líquidos supurando. Abrir el mismo debate con José Antonio Primo de Rivera y cuestionar sacar sus restos de Cuelgamuros cuando, como dice Joaquim Bosch, abogaba por la «dialéctica de los puños y las pistolas», más líquido supurando. Que en los libros de historia que estudiábamos quienes nacimos en la transición no contaran lo que pasó en la dictadura es líquido supurando. Que cueste cambiar mentalidades más que las propias leyes lo sabemos. Era necesario aprobar en este país una Ley para la Memoria Democrática, como tienen países del entorno con democracias consolidadas que rechazan sin complejos las barbaries de las dictaduras.

¡Ya está bien de defender al franquismo! Rechacemos los símbolos y vestigios que lo ensalzan. Las calles deben oler a democracia

En las escuelas y museos es donde tenemos el derecho y el deber de conocer la Historia. Desde el Gobierno municipal se ha cambiado el nombre de calles dedicadas a militares franquistas responsables de miles de asesinatos una vez finalizada la guerra, y los hemos cambiado por nombres de mujeres. Diecinueve calles engrandecen ahora la democracia y la igualdad. Eso es caminar en la dirección adecuada. Pero aún queda mucho por hacer. Ese vestigio bajando por el puerto de La Cadena también sobra. La Catedral de Murcia reza en su pared un «José Antonio Primo de Rivera, ¡Arriba!». Una ignominia para quien pase por delante. Y no es excusa que esté fijada en un Bien de Interés Cultural (BIC): si pusiera «¡Viva Hitler!» no tendríamos reparo ni problemas presupuestarios para hacerlo desaparecer. 

Cuando camino hacia el servicio de Juventud y paso por delante de la Cárcel Vieja la tristeza (que no la desesperanza) me invade. Allí debería haber estado Fernando Martínez López, Secretario de Estado para la Memoria Democrática, inaugurando, en la restauración de la primera fase de este edificio, el museo de las «Memorias del Siglo XX» de la Región de Murcia. Hubiera sido, además, la antesala de las celdas que van a repararse en la segunda fase, dotándolo de significado, pedagogía y toda la coherencia y respeto que merece un lugar con memoria. Ese era el espacio y sigue siéndolo. Algo además que presentamos y defendimos en noviembre de 2020 desde el partido socialista, y que venía apoyado por los más diversos sectores de la sociedad civil. Además habría salido gratis porque ya estaba proyectado y presupuestado como espacio a reformar.

No fue una idea que saliera de la chistera de un mago una tarde cualquiera. Se creó un equipo de trabajo donde personas relevantes como Miguel San Nicolás del Toro, quien fuera durante varias décadas jefe de Servicio de Patrimonio Histórico de la Región de Murcia, y otras más estudiamos los planos del edificio, presupuestos, tiempos y fechas. Hicimos un trabajo de diálogo tan potente que nos reunimos con profesores de la universidad de Murcia del área de Historia Contemporánea, cronistas, ArsCivilis, representantes de los museos de la Región de Murcia, Academia de Alfonso X el Sabio, sindicatos y asociaciones para la Memoria Histórica, consensuando la idea de recuperar y presentar, a través de documentos y piezas de valor histórico, la trayectoria social y política de la ciudad de Murcia en el siglo XX. 

Logramos entusiasmarnos con la posible creación de un comisionado para la redacción de un proyecto museológico integrado por destacadas figuras, con diversas y diferentes sensibilidades y conocimientos de esta etapa cultural para evitar, de todos modos, la elaboración de este documento de forma unilateral, que pudiera llevar al museo una expresión del poder establecido y, con ello, pretender afirmar su dominio y la interpretación que más conviniera a la clase dirigente en cada momento.

No lo conseguimos, pero a la Cárcel Vieja aún le quedan dos fases por restaurar y de ahí que la tristeza de la primera fase deje un poco de espacio a la esperanza de la tercera.

Imaginad un museo vivo donde quienes lo visiten puedan conocer qué pasó con nuestro abuelos y abuelas en el siglo XX, con la República, la guerra, la dictadura, la transición y la democracia. Imaginad algo así. Eso sí es poner en valor la Memoria Democrática

Tenemos la obligación de conocer para no olvidar, de recordar para no repetir. Ahí lo dejo por si sirve de algo, porque pasamos por delante y no tenemos idea de lo que ahí ocurrió.

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