Opinión | De vuelta
El digitalazo: Sánchez no quiere irse
Unicamente un cínico, o alguien que comparte los designios del mencionado en el título, puede negar que se está preparando un buen arreglo de las elecciones. Nacionalizaciones urgentes y, por consiguiente, la alteración de la evolución natural del censo electoral; ceses y altas en la cúpula de Indra, amén del voto por correo absolutamente libre, no pueden indicar otra cosa que la voluntad de no respetar, si no le conviene, el veredicto de las urnas.
Ya basta de acusar de conspiranoico, bolsonarista, trumpero y cosas así a quien dice estas cosas. Ya basta. Hay datos objetivos. Y eso, sin citar la consabida intentona de colar urnas preñadas de votos propios en las elecciones de su partido. De casta le viene al galgo. En ello está el fulano. En ganar, como sea, y como su deber de ególatra de extrema izquierda le obliga.
¿Qué se puede hacer? Pues intentar que quienes se oponen a este mentiroso en las Cortes lo proclamen con toda firmeza, y alerten a las autoridades judiciales y electorales de todos estos indicios. Claro que, con 27 cargos que deberían ser estatales y no gubernamentales, es harto difícil que se pueda impedir. Son algo más que indicios, son señales claras de que hay que estar alerta. Hace falta que todos los partidos tengan interventores en todas las mesas, y formarlos bien en la estrategia de conteo de las urnas. Muy bien.
Por otra parte, ¿quiénes digitalizan las actas para enviarlas a Indra? Cuando el Ministerio del Interior está ya plagado de cargos a dedo, formados en la debida obediencia a Sánchez, no hay que fiarse nada. Desde las actas en papel hasta las cifras digitales de las pantallas, hay muchas manos que operan y cantan números. El ordenancismo electoral para vigilar las mesas es ya cosa obsoleta. La verdadera pureza electoral es digital. Si no se ha legislado sobre eso, el papel de las urnas no puede competir con las máquinas de la empresa. El pucherazo está servido. Acaso haya que innovar el léxico: el digitalazo. Lo del puchero para meter papeletas es del siglo pasado. Déjame contar los votos, y quédate con todo lo demás, parece que dicen los nuevos pucheristas, con la tecnología controlada. Y la oposición creyendo aún en la diosa Urna. Van por delante. Traen otra ética, la del dogma colectivista. Y es un dogma fanático. La ley de «el fin no justifica los medios» vale solamente para los demás. Para ellos, los del apoyo a Sánchez y su previsible digitalazo, cualquier acción es buena si ayuda a la ultraizquierda a conseguir o permanecer en el poder. Más claro, agua.
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