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Opinión | Erre que erre (Rockandroll)

Que empape

La vida y sus continuados cambios es la única que consigue que no seamos los mimos durante más de un instante. Nos toca aceptar que esto va de cambios, y saber parar sus golpes tal vez sea lo único que nos permita vivir con cierta paz. Incluso sabiendo que todo tiene un principio y un fin.

A mí, personalmente, lo que más estrés me genera es la incertidumbre de eso cambios. A pesar de ser apasionada del riesgo de no saber que puede pasar mañana con mi vida, veo que la cosa va cuesta abajo y sin freno. En cualquier reunión, por muy frívola que pudiera llegar a ser, siempre recuerdo haber sacado un aprendizaje. Los corrillos de las vecinas, esos estíos cuando el bochorno comenzaba a dar tregua, podían parecerse a la tertulia literaria más sofisticada, esas que son un desafío para la creatividad y la convivencia. El atrio de una casa recién refrescado a rociados cubos de agua, adornado con jazmines relucientes en macetas que evocaban el jardín idílico, ese que al pensarlo te recuerda un entorno de paz y tranquilidad poco o nada tenían que envidiar a esos lugares de reunión que sucedían a la misma hora dónde artistas e intelectuales, actores, cineastas y otros fabricantes de sueños se daban cita para compartir experiencias y escuchar buena música.

Cualquier tiempo pasado no tuvo porqué ser mejor, pero la nostalgia a veces nos devuelve los recuerdos de una forma casi idílica, y arrojamos al olvido lo que pasó sin pena ni gloria. Pero es que el presente nos lo pone muy difícil. Entendemos la base de la educación como un método para no sólo pensar, sino también predecir y resolver, para tener pensamiento crítico, y ahí es cuando me asalta la temerosa duda: Si una buena preparación conlleva directamente la adquisición de habilidades que nos hacen ser mejores personas y porqué no contar con un conveniente y mejor trabajo ¿por qué admiramos a la gente sin talento, vacía, ruidosa y mal educada?

Tras escuchar la expresión «que empape» diez veces el mismo día, me dirigí rauda y veloz a descubrir de dónde procedía, el horror vino rodado diez segundos después al leer en Google... «Es una ESTRELLA de Tik Tok por el tipo de contenido que sube, bocadillos XXL, que tienen todo tipo de ingredientes, con los que ha ganado millones de visitas y, por ende, factura un desproporcionado caché». Mi artículo no va contra este señor al que ni tan siquiera tengo el gusto de conocer. Mi lamento va mucho más allá, nos estamos entregando de forma irracional al abandono en la búsqueda de un futuro mejor mientras sigamos idolatrando a mentes obtusas que jamás harán nada por nosotros. Y aunque de lo que yo venía a hablar era de Rock, y es verdad que siempre hay espacio para un tonto en una canción, ya que su abundancia no pasa desapercibida. No veo yo a esos «tictokers» protagonizando, por mucha presencia que tengan en los toros un The fool on the Hill de The Beatles o Ship of fools de The Doors. Ni siquiera cambiando el nombre propio al Simón de Radio Futura, quedaría marcada la estulticia de los que se lo llevan a manos llenas siendo un completo ignorante.

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