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La mujer y la niña en la ciencia

En la Región de Murcia, la presencia de la mujer en centros y empresas especializadas dedicadas a la ciencia y la investigación es creciente y, en centros públicos como el CEBAS e IMIDA, aumenta hasta conseguir el 39% y 44% respectivamente

En 1903, la científica polaca Marie Curie recogió el premio Nobel de Física porque su esposo, Pierre Curie, con quien había trabajado, a la par y sin descanso, en el descubrimiento de los elementos esenciales del fenómeno de la radiación, se negó a aceptarlo si no lo compartía con ella. En 1911, ya fallecido su marido, y no sin polémica, recibe también el premio Nobel de Química por sus investigaciones sobre el radio y el polonio y el estudio de la naturaleza de sus componentes.

Su carrera como científica hasta recibir los Premios Nobel no fue fácil. En Varsovia, en su Polonia natal, no consiguió la admisión en ninguna institución de educación superior por ser mujer, viéndose obligada a recibir clases particulares para formarse como científica en el campo de la física. Junto a su hermana Bronislawa Dluska, ingresó en la clandestina Uniwersytet Latajacy, una institución de educación superior que admitía estudiantes femeninas para continuar su formación. En 1891 partió hacia París, donde consiguió matricularse en un curso de la Universidad parisiense de la Sorbona donde, tras dos años, finalizó sus estudios de física con el número uno de su promoción.

Podríamos convenir que el mundo de la ciencia y la investigación ha experimentado cambios apreciables desde que una pionera como Marie Curie consiguió los premios mencionados, y que la presencia de mujeres investigadoras no es extraña en los centros de investigación científica de las Universidades y de otros centros públicos y privados. Sin embargo, persisten espacios que se resisten al avance de la mujer en determinadas disciplinas científicas y niveles jerárquicos a los que les cuesta llegar.

¿Sigue siendo necesario continuar celebrando un Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia? Si analizamos algunos datos y tendencias no habrá duda de su oportunidad.

Empezando por los Premios Nobel, la tendencia ha cambiado muy poco. En los 127 años transcurridos desde 1985 cuando empezaron a otorgarse, sólo 17 mujeres han visto reconocidos sus trabajos científicos, fundamentalmente en disciplinas como Física, Química o Medicina. Tras los otorgados a Marie Curie en 1903 y 1911, lo recibió también su hija Irene Joliot-Curie, en Quimica, en 1935. Igualmente reconocidos son los trabajos de las biólogas Françoise Barre-Sinoussi, en 2008, y Barbara McClintock en 1983, así como Rita Levi-Montalcini, en 1986, pero son numerosas las destacadas científicas que han pasado desapercibidas y cuyas notables investigaciones no han tenido justo reconocimiento.

El 22 de diciembre de 2015, la Asamblea General de la UNESCO adoptó el acuerdo de celebrar un Día Internacional anual para reconocer el rol determinante de las mujeres y las niñas en el desarrollo de la ciencia y la tecnología, y rescatarla de su ostracismo al que son sometidas.

Desde entonces cada 11 de febrero, con el fin de promover el acceso y la participación plena en igualdad de condiciones que sus compañeros, se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, con el objetivo principal de visibilizar y apoyar a las mujeres científicas, y promover el acceso de las mujeres y las niñas a la educación, la capacitación y la investigación en los ámbitos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas, entre otras materias.

En este año 2023, esta celebración "se ha centrado en el papel de las mujeres, las niñas y la ciencia en relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como antesala del próximo Foro Político de Alto Nivel", según explica la página de la ONU. Y su lema ha sido: Innovar. Demostrar. Elevar. Avanzar. Sostener (I.D.E.A.S.).

La existencia de un Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia estimula a buscar respuestas a preguntas recurrentes y analizar algunos datos muy reveladores que muestran el largo camino que aún queda por recorrer.

Así, por ejemplo, aunque las mujeres representan el 33,3% de todos los investigadores, únicamente el 12% de los componentes de las academias científicas nacionales son mujeres. Además, son ellas quienes suelen recibir becas de investigación más modestas que sus colegas masculinos. Las investigadoras, también suelen tener carreras más cortas y peor retribuidas, y sus trabajos se ven escasamente representados en las publicaciones científicas de alto nivel.

Las mujeres desaparecen progresivamente de los cargos de responsabilidad conforme sube el académico. En las Universidades españolas, sin ir más lejos, hay más del doble de catedráticos que de catedráticas: 8.859 hombres frente a 3.056 mujeres, según datos de 2021, y en determinadas áreas de conocimiento simplemente no se computa ninguna mujer, como es el caso de algunas ingenierías.

El diario El País, el pasado 15 de febrero, recogía el paradigmático caso de la única catedrática en Ginecología de España: la canaria Nieves Luisa González, en la Universidad de la Laguna. Según parece, la ginecología es cosa de hombres, apunta el artículo. ¡Qué ironía! De nuevo nuestro cuerpo (sus partes más íntimas en este caso) en manos de los hombres, añadimos nosotras. El saber es poder, dijo Foucault.

Pero en los campos en que más se aprecia la desigualdad son los de las ingenierías y las tecnologías. Las mujeres, que superan en estudios universitarios a los hombres, siguen representando únicamente el 28% de las licenciaturas en ingenierías, y el 40% de las graduaciones en informática y computación. En otros campos de vanguardia tecnológica como la inteligencia artificial, solo uno de cada cinco profesionales es mujer. No es cuestión baladí que únicamente un 16% de los proyectos de investigación estén liderados por mujeres.

La Región de Murcia aporta datos superiores a la media nacional e internacional, pues las investigadoras murcianas alcanzan el 37% de la comunidad científica. Su presencia en centros y empresas especializadas dedicadas a la ciencia y la investigación es creciente y, en centros públicos como el CEBAS e IMIDA, también aumenta hasta conseguir el 39% y 44% respectivamente.

Es evidente que, aunque a un ritmo muy lento, son ciertos los avances registrados desde que la pionera Marie Curie mostrase el camino a seguir. En la actualidad, las mujeres presentes en la comunidad científica son una realidad, aunque no exenta de obstáculos y cortapisas que lastran aún su plena incorporación en campos de la investigación hasta ahora “reservados” en exclusiva a los hombres.

En consecuencia, romper los estereotipos que todavía persisten en el mundo científico es una necesidad imperiosa, para lo que resulta esencial el impulso de políticas públicas que no avalen los sesgos discriminatorios y brechas de género que aún persisten.

Desaprovechar el potencial, la inteligencia y creatividad de miles de mujeres no es una opción. No nos podemos permitir desperdiciar conocimiento. La participación en el plano de la igualdad entre mujeres y hombres en el campo científico no tiene vuelta atrás, y habrá que continuar derribando cuantos obstáculos impidan su plena presencia y dedicación en todas las disciplinas científicas y para ello, la educación de las niñas y niños en igualdad es un factor determinante. Es por ello que concluimos que el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia sigue siendo completamente necesario.

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