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Opinión | Entre letras

Francisco Javier Díez de Revenga

El filósofo taurómaco

Miguel de Unamuno.

Miguel de Unamuno.

Aquel 31 de diciembre de 1936 supuso el final de una vida intensa y controvertida porque Unamuno fue siempre un escritor muy contradictorio. Peroró contra esto y aquello y sus escritos no dejan de sorprender a sus lectores, que los tiene y en abundancia por más que pueda extrañar. Ahora José María Balcells, catedrático de Literatura Española de la Universidad de León, ha demostrado en su libro, de más de quinientas páginas, Tragedia en juego. Toros y tauromaquia en Miguel de Unamuno, que acaba de publicar la editora de la Universidad de Jaén, que don Miguel pasó de ser un adalid del antitaurinismo a un aficionado interesado, que le gustaba acudir a las corridas, y que escribió mucho y largo, y en todo tipo de soportes, sobre toros y tauromaquia. Artículos, poemas y cartas demuestran que abandonó pronto su agresiva militancia antitaurina, hasta el punto de que justificó la fiesta por considerarla un bien del patrimonio cultural del pueblo español, que merecía incluso ser estudiado desde el punto de vista histórico y literario.

Unamuno escribió artículos sobre los toros en la prensa a lo largo de toda su vida, desde «La autoridad corrida en los toros», aparecido en el diario La Libertad, de Salamanca, el 17 de octubre de 1891, hasta «Huichilobos y el bisonte de la Alhambra», publicado en Ahora, de Madrid, el 28 de junio de 1936, el año de su muerte en aquella fatídica tarde de fin de año. Cuarenta y cinco años de periodismo activo que se ejerció en diversos medios de España y de América.

Organiza su libro Balcells sabiamente y, tras unas páginas de introducción, se detiene en lo que denomina «beligerancias periodísticas», donde trata de diversas aproximaciones a la fiesta en sus escritos de prensa a lo largo de los años, con los diferentes vaivenes de opinión que caracterizaron la actitud del escritor ante la fiesta. Un apartado muy bien documentado es el que se refiere a ciertos epistolarios relacionados con los toros, que mantuvo con Felipe Cortines Murube, con Eugenio Noel, con Luis Uriarte y con el torero Ignacio Sánchez Mejías, polemista empedernido. Precisamente sobre el gran antitaurino que fue Eugenio Noel mucho se informa en este libro y se pone en claro lo que significó este periodista hoy recordado tan solo por su aversión al flamenco y a los toros.

Los poemas que Unamuno escribió sobre toros revelan, como bien analiza Balcells, la multiplicidad una poesía que, como sabemos, era muy intuitiva y casi la expresión de un diario personal, sobre todo en los últimos años de su vida. El toro en la dehesa, el toro eucarístico, los toros y la política, el toro lúdico, todo era objeto de las inspiraciones líricas del siempre ingenioso catedrático de griego y filólogo activo. Justamente un apartado de este libro, casi un divertimento intermedio, está dedicado a descubrir, en sus escritos, la recurrencia de don Miguel a expresiones taurinas, desde las puramente léxicas o fraseológicas a la presencia de dichos de toreros en sus escritos.

Para la historia literaria y aun para la historia social de España tiene un especial valor el sector del libro dedicado a sus amistades taurinas. Desde los ganaderos Victoriano Angoso y Argimiso Pérez-Tabernero a pintores y escritores como Zuloaga o Mariano de Cavia, Blasco Ibáñez (Sangre y arena), Manuel Machado o su discípulo José María de Cossío, estudioso de la historia de la tauromaquia y original recopilador de poesía taurina.

La relación con algunos toreros no estuvo exenta de polémica y de discusiones. Los nombres de Luis Mazzantini, Antonio Ramírez Memento, Domigo Uriarte Rebonzanito o Félix Rodríguez aparecen en este libro por primera vez en la biografía de Unamuno, y completan la importante laguna que sufren todas ellas. Una muy bien nutrida antología de textos propios de Unamuno, compuesta por artículos de prensa, cartas y poemas, de más de centenar y medio de páginas, completa sólidamente la calidad indudable de esta aportación de Balcells, que corona una empresa investigadora a la que ha dedicado muchos años de indagaciones en archivos y hemerotecas y que, en efecto, proporciona una imagen insólita de Unamuno que sorprenderá al lector. 

Destacan en este completo volumen, entre otros muchos hallazgos, dos aportaciones definitivas de Balcells a la historia unamuniana. Por un lado, los nuevos pormenores biográficos que tanto importan en su relación con los toros y que están ausentes en los estudios habituales; y por otro, la confirmación de la mítica consideración que Unamuno tenía de la fiesta al atribuir su permanencia histórica y patrimonial a su dimensión trágica y considerar a la fiesta nacional nada menos que una «tragedia en juego».

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