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Entre letras

La experiencia del amor

Luis García Montero. L.O.

Luis García Montero (Granada, 1958) ha publicado en Barcelona (Tusquets, Nuevos Textos Sagrados) su último libro de poemas, Un año y tres meses, que aparece tras la muerte de su mujer, Almudena Grandes. Evidentemente el libro está dedicado a la esposa que, en muy poco tiempo y tras una rápida enfermedad, de un año y tres meses, dejó un hueco con su muerte muy grande en las letras españolas contemporáneas, pero también en el corazón y en el recuerdo de muchos. Luis García Montero escribe este libro en caliente y organiza sus poemas en tres partes numeradas con romanos. La primera sin duda es la recuperación de la amada en vida, la segunda retiene su recuerdo imborrable en muerte, y la tercera, compuesta de un solo poema extenso, es la conclusión de la historia con el detenido relato de ese tiempo que el poeta condensa en un año y tres meses.

La palabra poética de García Montero está viva y su compromiso con la creación de una poesía llena de complicidades han logrado en este libro una obra muy excepcional, porque el poeta transmite, a través de ella, a la amada, pero sobre todo la vida, la vida trascurrida con ella, pero también la vida que continúa, a pesar del hueco y soledad. Todo es muy real en este libro y las palabras de García Montero hacen que en los versos de cada una de las composiciones se respire existencia, se vivan los momentos cruciales de la tragedia y se sienta muy de cerca a los amantes, evocados primero en su vida cotidiana y luego, ya al final, en la desolación de una existencia vital, en la que comparecen las experiencias tras la muerte y las inquietudes que surgen nuevas en una vida distinta. No es de extrañar que Luis eternice, a través de sus poemas, momentos muy tristes de ansiedad y de angustia, pero de comprensión de la tragedia y de la muerte, aunque claramente denostada y maldita en arrebato de sincera conmoción.

La experiencia del amor

No se sorprenderá el lector, si conoce los libros poéticos anteriores de Luis, sobre todo aquellos en los que comparece el amor con su larga y venturosa historia particular, que haya querido el poeta concentrar en este último poemario lo que ese amor intenso ha significado y significa, y haya decidido poner al servicio de su evocación la palabra poética suya, avezada en mil aventuras y dotada de unas capacidades expresivas superiores, como se le ha reconocido ya por la propia historia de la poesía de las últimas décadas. Este libro surge sin duda como testimonio y contiene en sus versos muchos datos y documentos que lo sitúan en un tiempo concreto de la vida de un poeta y de la experiencia de su amor. No son innecesarias las alusiones a las angustias y aventuras de una enfermedad tan grave y de su fatal destino, porque García Montero siempre se ha nutrido de la propia existencia para construir una poesía repleta de verdades. Y ahora, en estos días críticos de ese año y medio, ha sido su misma palabra poética de tantos años la que ha servido para encauzar la memoria de una vida y la amarga situación de un presente de soledad y de vacío.

Solo un gran poeta, sincero y auténtico, es capaz de construir un conjunto de composiciones tan coherente y cohesionado por la extraordinaria potencia de la historia que contiene. Y el poeta ha querido que su lector así lo entienda y con él viva la tremenda pasión de una tragedia implacable, aunque para ello haya tenido que descender a detalles muy entrañables y recuperar momentos que se vivieron, juntos aún los amantes, con entereza pero con contención, antes de acceder a los espacios de la soledad y del vacío, desde donde rememora vivencias y complicidades.

Merece especial detenimiento la parte final del libro, la III, constituida por el extenso poema conclusivo, síntesis de la historia, relato final con su propio argumento, poesía de sentimiento, pero también narración de una verdad, que se nutre de un reiterado «no me quejo» y se culmina con un no menos repetido «comprendí», que suponen contención pero también aceptación de unos días que se evocan gozosos y felices. La palabra poética genera la catarsis del proceso y el amor, por encima de la muerte y más allá, emerge en sus detalles, en los recuerdos de momentos imborrables, para continuar la prolongación de la historia que el libro contiene y proclama, y que en este último poema afirma en autenticidad para contener la pasión de ese ya mítico periodo de un año y tres meses.

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