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Javier Lorente

Agua de mi aljibe. Crónica desde Cartagena

Javier Lorente

Darle la vuelta al cuadro

Hace muchos años, en un curso con un gran artista, aprendí una especie de truco que nos ayuda a ver si una pintura funciona: se trata de ver la obra al revés, reflejada en un espejo o poniéndola boca abajo, de tal manera que la veamos desde otra perspectiva, a ver si le encontramos defectos ocultos o mejoras posibles. Por raro que parezca, cuando le das la vuelta a las cosas ocurre como en una composición pictórica. Reconozco que aquello se me quedó grabado de tal manera que no sólo lo he utilizado en mi trabajo o en las clases con mis alumnos, sino que me ha servido para analizar muchos de los acontecimientos de mi vida, incluso de la realidad cultural, social o política que vivimos y, a menudo, padecemos.

Sabemos que no es lo mismo predicar que dar trigo, ni es igual decir que me río en el baño, que me baño en el río. Es lo que nos pasa con las cosas que suceden en nuestro mundo: resulta que los conservadores británicos, por ejemplo, que ayer decían, como la derecha española, que todo se arreglaría bajando los impuestos, ahora le han dado la vuelta al cuadro, tras ponerse la cosa patas arriba, y se han ido al otro extremo de subir los impuestos, sobre todo a los más ricos, y elevar las prestaciones, los subsidios y las pensiones a los más desfavorecidos, justo lo que en nuestro país propicia la izquierda y los que son llamados ‘socialcomunistas’.

No, es la realidad, que va más allá de la teoría, de los programas, de las promesas electorales, de cualquier apriorismo ideológico y de ver las cosas sólo desde un lado. Así que, mira por dónde, puede que aún queden políticos que aprendan de sus propios errores (que a la fuerza ahorcan), puede que el ‘erre que erre’ de gentes como Albert Ribera, Casado y ahora Ayuso no sea la mejor fórmula para gestionar el presente y, menos aún, de mantenerse en el poder. Lo que sí es cierto es que lo del Reino Unido debería ser un baño de realidad del que aprendiésemos todos y, en especial, nuestra clase política y hasta sus correligionarios españoles.

Como es sabido, los tories británicos deben su nombre a una palabra irlandesa, ‘toraidhe’, que viene a ser algo así como forajidos o ladrones de ganado, cosa que dista mucho de la imagen de señores educados y virtuosos en público de quienes, se sabe, y no sólo por Boris Johnson, que en privado son otra cosa. Para que luego digan que la derecha española no está homologada a la de otros países, olvidando que quienes aquí han votado contra leyes como la del divorcio o el aborto, luego, en su intimidad, han utilizado las nuevas leyes para divorciarse o para dejar de ir a Londres a abortar clandestinamente, porque se lo podían permitir. Resulta que hemos aprendido que cuando cierta derecha nos convence de una cosa, luego puede resultar todo al revés, y el cuadro se ve distinto mirado desde otra óptica. Del Brexit, por ejemplo, se ha demostrado que ni era una necesidad, ni era una bendición, ni era un buen negocio pues no se miró desde el otro lado y ahí tenemos a los británicos en una situación de crisis como no se habían visto desde la última Guerra Mundial ¿Qué podemos aprender nosotros de ello? Pues que siempre hay que ver los pros y contras de cualquier decisión política e incluso, de cualquier nueva legislación (¿no se podría en España, por ejemplo, haber mirado en el espejo el otro lado de la reciente ley del ‘solo sí es sí»?). Lo que al final ha quedado claro es que los partidos políticos de todos lados, muy a menudo, defienden cosas que piensan que les van a generar votos, sin creerlas del todo y, peor aún, sin preocuparse de lo que vaya a pasar después (nadie se salva de cierto populismo). No hay manera de advertir a los políticos de que el cortoplacismo no soluciona nada y que con el tiempo y el sol, las verdades salen a flote y hasta los mejores frutos se pudren, no te digo nada las mierdas escondidas bajo la alfombra.

No hay partido político que esté compuesto por ángeles, ni hay estrategia partidista para llegar al poder que siempre sea pura. Quizás hay algunas excepciones en ciertos temas, como la del PSOE, que nunca utilizó cuando estaba en la oposición lo de ETA para darle caña al PP, sino que se puso de su lado, cosa que, como se ha visto, no ha sido devuelto con la misma moneda, y ahí tenemos a nuestra derecha diciendo que ‘todo es ETA’, cada vez que gobierne la izquierda, cosa que podrían mantener, alegremente hasta dentro de sesenta años después de dejar las armas. No, no exagero, también es incomprensible que, al día de hoy, la nuestra sea la única derecha europea que no se ha desligado de la dictadura fascista anterior a la democracia.

Por otro lado, lo de que donde dije digo, digo Diego lo hemos visto en nuestra Región con lo del «Agua para todos», aquellos cartelones en todos los Ayuntamientos del PP mientras gobernaba Zapatero, y cómo desaparecieron cuando gobernaba Rajoy, sin que se aprobara ningún Plan Hidrológico Nacional, ni ningún pretendido trasvase del Ebro, ni nadie diese ninguna explicación convincente.

En España, por ejemplo, se nos ha olvidado que Rajoy criticaba el IVA, incluso ‘el de las chuches’, y nada más llegar al poder le dio la vuelta al cuadro y subió este impuesto a la mayoría de los productos, incluso a los más necesarios. A ver, no digo yo que todo lo que hizo Rajoy fuera malo, no voy a hacer sangre ahora con aquello de que su Gobierno encabronó tanto a Cataluña que a punto estuvimos de perderla, lo que sí voy a recordar es aquella subida de pensiones , cuando envió una carta a cada jubilado para anunciársela… Que dicha carta costara al erario público más que la propia subida, eso ya es otro cantar.

Nos ahorraríamos mucha crispación y, de vez en cuando, remaríamos todos en el mismo sentido, que es imposible que un país avance si sólo rema el lado izquierdo y, después, el lado derecho. Así sólo damos vueltas sin llegar a buen puerto.

El problema que tienen los conservadores británicos es que no pueden culpar del desastre a la herencia recibida de los laboristas, porque ya llevan más de una docena de años en el poder, que es lo mismo que le pasa aquí al Gobierno de López Miras, que no puede culpar a nadie de lo que pasa en el Mar Menor, sin ir más lejos. Durante un tiempo, como Sabina, lo negaron todo, diciendo que la laguna estaba mejor que nunca, que era, no ya como verlo todo desde otra óptica, sino mirar para otro lado o cerrar los ojos… pero al final la realidad te estalla.

Como todo no va a ser un despropósito, gracias al tesón de la ciudadanía de esta Región, el PP se han subido al carro, tras caerse del caballo como Saulo, y ahí los tenemos, enfrentados, quién lo diría, a su mismísima Fundación, que ha perdido cualquier Ingenio y se ha echado al monte y a manos de la sopa verde para apuntalar la agroindustria con la hipócrita excusa de que defienden a la agricultura familiar.

Daría gusto ver a la derecha de nuestra Región si la crisis del Mar Menor hubiese sucedido con un Gobierno de izquierdas, lo mismo que daría gusto ver a muchos del PSOE o de Podemos si el error detectado con la reducción de penas en algunos delitos de abusos sexuales hubiese sucedido con un Gobierno de derechas.

No es que me pase como a mi admirado Sabina, que dice que ya no es tan de izquierdas como antes, pero cada día tengo más claro que por encima de la ideología, por encima de los programas, está la realidad, que no se ve con anteojeras ni reflejada en sólo dos dimensiones. Pasar por el Gobierno enseña a muchos y pasar por la oposición también. Darle la vuelta a la tortilla sí que es una prueba de libertad y no tomarse unas cervezas en las terrazas.

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