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Por las mujeres, la vida, la libertad

Mujeres iranías reivindican la figura de Mahsa Amini L.O.

La imagen de mujeres quitándose el hiyab, quemándolo, el sonido de sus voces gritando, cantando, marchando al frente de las manifestaciones, desafiando al régimen represor, demuestra que las mujeres iraníes no han perdido la valentía y el amor por la libertad, a pesar de los muchos años de represión y violencia que han sufrido.

Estas mujeres, al igual que las afganas y las turcas, nos han dado un ejemplo no solo de valor y dignidad, sino también de esperanza porque están convencidas de que ellas son la fuerza del cambio y ellas serán quienes consigan acabar con la tiranía misógina.

El mundo ha visto como las mujeres iraníes, arriesgando sus vidas, lideraban las protestas que se han convertido en el mayor levantamiento nacional contra el régimen desde la llegada de Jomeini en 1979.

La República Islámica ve en el movimiento de liberación de las mujeres una fuerza del imperialismo cultural occidental. De ahí que el control del cuerpo femenino y la opresión de las mujeres sea existencial para este régimen, y las leyes que regulan el comportamiento de las mujeres, restringiendo su participación en la vida pública sean su sello distintivo.

Mientras que, en el reinado de Mohammad Reza Pahlaví, las mujeres sin velo simbolizaban la secularización y modernización del régimen; con la República Islámica, las mujeres con velo pasaron a simbolizar la identidad religiosa de un nuevo Irán.

A partir de 1979, a medida que han ido surgiendo nuevas leyes con el fin de controlar sus cuerpos y alejarlas de la esfera pública, las mujeres en Irán han ido perdiendo gradualmente los derechos conquistados en los años previos a la Revolución. Fueron determinantes la obligatoriedad del uso del velo y la derogación de la Ley de Protección de la Familia, que supuso la pérdida del derecho al divorcio, la custodia de los hijos y a decidir libremente acerca de su matrimonio.

Pero, incluso cuando su libertad ha sido restringida sistemáticamente, las iraníes nunca aceptaron las restricciones ni olvidaron su lucha y continuaron manifestándose en público contra las leyes islámicas, desafiando la creciente represión del régimen contra las mujeres. En la década de los 90, las activistas iraníes se concentraron para restaurar algunos derechos perdidos y algunas de ellas protagonizaron actos de desobediencia para denunciar la opresión a la que estaban sometidas. Este fue el caso de Homa Darabi, una pediatra iraní que se negó a usar el hiyab en el trabajo y que se inmoló en una plaza de Teherán mientras gritaba: «¡Muerte a la tiranía! ¡Viva la libertad! ¡Viva Irán!».

Recordamos también a Masih Alinejad, quien se presentó en un vídeo con el pelo descubierto dejando ver su frondosa melena rizada adornada con una flor y relatando algunas de las amenazas que había recibido: «Me dijeron que si me quitaba el hiyab, Dios me ahorcaría con mi propio pelo». Fue detenida por primera vez en 1994 y en 2014, gracias a su página de Facebook, My Stealthy Freedom, en la que invitaba a mujeres iraníes a colgar fotos sin el velo, consiguió la atención internacional, provocó manifestaciones sin precedentes en las calles y varios movimientos de hashtag. Nunca ha dejado de luchar contra las brutales leyes de su país a pesar de las amenazas cotidianas.

En los últimos dos años, con la presidencia del ultraconservador Ebrahim Raisí, Irán ha endurecido aún más los escasos derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, restringiendo el acceso al aborto y la contracepción, con el fin de aumentar la tasa de natalidad y condenar a las mujeres a un papel de madres y cuidadoras de niños.

La muerte de Mahsa Amini, por un mechón de cabello al descubierto, ha sido el desencadenante de esta revolución protagonizada por las mujeres iraníes que nunca han dejado de trabajar por la libertad.

Meses antes, el presidente iraní había promulgado una nueva ley que obligaba a las mujeres a cubrir, además del cabello, el cuello y los hombros, y había declarado el 12 de julio Día Nacional del Hiyab y la Castidad. Esto produjo una reactivación del movimiento; las activistas iraníes lanzaron una campaña para que las mujeres salieran a la calle sin hiyab; en las redes se publicaban videos de ellas mismas caminando con la cabeza descubierta por las calles.

Entre los arrestos que se llevaron a cabo estaba el de Sepideh Rashno, protagonista de un vídeo viral que la mostraba en un autobús con el cabello descubierto. Fue golpeada y obligada a disculparse en la televisión nacional el 30 de julio. Esto provocó una ola de protestas en la calle.

Un mes después del asesinato de Amini a manos de la Policía de la Moralidad, las protestas contra el régimen no han cesado. Incluso chicas muy jóvenes en los centros de secundaria, han protagonizado actos de rebeldía desafiando a la autoridad. En Internet circulan varios vídeos de alumnas en diferentes escuelas enarbolando el velo y gritando, increpando a un funcionario, arrojándole botellas de agua para echarlo de la escuela, enfrentándose al director que pretendía revisar sus móviles.

Ni usando el miedo como forma de disuasión, ni la brutal represión de las manifestaciones, ni restringiendo el acceso a Internet y las redes sociales, las autoridades han podido sofocar la resistencia de las mujeres, muy al contrario, la han fortalecido y ampliado. Mujeres, y hombres, de todas las edades, pero sobre todo jóvenes, y de orígenes diversos, continúan exigiendo justicia, no solo en Teherán, en todas las ciudades de Irán.

La valentía de estas mujeres podría servir de catalizador para una revolución más amplia que una a la población descontenta por la crisis ecológica, el aumento de la inflación y la falta de participación democrática, y que desafíe y acabe con la teocracia iraní. La llamada Revolución de los Cabellos ha hecho que Irán recupere la esperanza de un futuro en libertad.

Por las mujeres, la vida, la libertad es una de las consignas de la canción que se ha convertido en el himno de las protestas y que se titula Baraye (Por).

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