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Mónica López Abellán

Café con Moka

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Más allá de una cuestión de cuernos

Íñigo Onieva y Tamara Falcó. EP

Pese a la tremenda frivolidad que supone, teniendo en cuenta el desolador y preocupante escenario internacional de las últimas semanas, medio país vive enganchado al drama romántico de la VI marquesa de Griñón que parece recordarnos aquello de que Los ricos también lloran (título de aquella telenovela mexicana que causaría furor en los 80), intentando así, quizás, de algún modo olvidar la subida de precios, la guerra en Ucrania o las protestas y represiones en Irán.

Manifiestamente tachada de ‘niña pija’ desde su tierna infancia, en los últimos años Tamara Falcó ha sabido desligarse de este estereotipo tras su paso y victoria por MasterChef Celebrity, una colaboración semanal en el programa de Pablo Motos y el estreno de su propio reality Netflix. Convertida en una de las solteras de oro de la jet set española, la hija de Isabel Preysler sorprendía hace unos tres años anunciando su romance con un joven ingeniero y empresario madrileño.

Hasta aquí todo parecía idílico. Incluso su mediática pedida de mano con un exclusivo anillo de diamantes de la firma italiana Repossi que rondaría los 15.000 euros. Sin embargo, pocas horas después del anuncio de compromiso vería la luz un controvertido vídeo del ya ex de ‘La Falcó’ besando a otra mujer durante un selecto festival de música en Nevada.

Pese a que las evidencias no muestran más que unos segundos de beso (un pico), Tamara se ha mostrado totalmente inflexible frente a esta traición rompiendo su relación ipso facto. Y es que hay quien apunta a que estas imágenes no han sido más que una prueba manifiesta de la fama del joven en la noche madrileña.

Sin embargo, intuyo que su rotundidad se ha debido más a la humillación pública que La Marquesa ha sufrido y la falta de respeto de quien esperas mayor honestidad; independientemente de si se trató de un mimo de ‘un nanosegundo en el metaverso’ o una tórrida noche de romance.

Y es que, aunque hay evidencias de parejas que han salvado sus matrimonios y han salido triunfantes de una situación semejante, como el binomio Beckham, tras el affaire con la niñera, o el sonado escándalo entre Bill Clinton y la becaria, no debe resultar sencillo reponerse a tal agravio.

En un tiempo en el que numerosos programas en ‘prime time’ hacen apología manifiestamente visible de la infidelidad creo que la decisión de la marquesa de Griñón va mucho más allá de una simple cuestión de cuernos dando una lección de amor propio.

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