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EL RETROVISOR

Catedral Colosal

Ocurrió en 1945, aquel año en el que Europa ponía fin a la más cruenta de las guerras y aún en el Pacífico tronaban los cañones en las últimas batallas, cuando en Barcelona se inauguraba la XIII Exposición de Muestras, en la que Murcia, gracias a su Cámara de Comercio, asombró al mundo con un colosal pabellón presidido por nuestra Torre de la Catedral. La presencia de la entonces provincia de Murcia fue elogiada por los participantes en aquel certamen, por autoridades de la época, por el numeroso público asistente, por compradores y por la prensa de entonces. La Torre y el viejo claustro catedralicio, sirvieron de escaparate a las más excelsas producciones murcianas, pese a las carestías que se vivían en aquellos años duros de la posguerra civil.

CLASES SOCIALES

Y allí, como ajena a los dolorosos problemas por los que atravesaba el mundo, nuestra Torre presidió entonces, en todo un alarde artístico, la muestra del fruto del trabajo de los hombres y mujeres de la Murcia de esos días. El talento y el arte ejemplar del gran escultor Nicolás Martínez Ramón lo hizo posible. Una obra efímera y admirable, realizada en escayola in situ, ya que su desplazamiento completo hubiera sido imposible, dejando de manifiesto de lo que son capaces los hijos de esta tierra en unos años en los que la sangre, el dolor y la muerte eran una constante en el mundo.

Siguiendo su tradición en la exposición, Murcia llevó en 1945 a Barcelona la impresionante reproducción a escala de la Torre, al igual que en 1946, lo haría con el Huerto de las Bombas, una edificación de honda significación, ya que fue residencia de la ilustre familia de don Matías Fontes Carrillo, primer marqués de Torre-Pacheco, cuyos colonos, junto con las tropas murcianas alentados por el Cardenal Belluga, derrotaron a las tropas del archiduque Carlos en la Guerra de Sucesión.

En este pabellón ocupaban lugar preferente, cuatro magníficas esculturas de Juan González Moreno y un bello cuadro del pintor murciano Vicente Viudes. Fotografías de Herrero mostraban a los visitantes una nutrida colección gráfica de las inundaciones de la huerta. La Cámara Oficial Agraria presentó la seda en todos los momentos de su producción; el esparto ciezano, con un enorme calabrote de más de mil kilos de peso, los pueblos de la región exhibieron su riqueza: frutos secos, alcaparras, brea vegetal; vinos y licores, cítricos, conservas, maquinaria pesada para la fabricación de conservas y un largo etcétera no pasaron desapercibidos para La Vanguardia, Arriba, Abc, Pueblo y toda la prensa nacional, que supo recoger los detalles y el éxito arrollador de nuestros pabellones.

Un ejemplo irrepetible, muy difícil de superar, el de aquellos directivos de la Cámara de Comercio murciana, que llevaron el nombre de Murcia a lo más alto con este impresionante pabellón, pese a la escasez y miseria de aquellos tiempos, y el recuerdo imborrable del arte del gran escultor que fue Nicolás Martínez Ramón.

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