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La Opinión de Murcia

Elena Pajares

MAMÁ ESTÁ QUE SE SALE

Elena Pajares

Okupas: el mundo está loco, loco, loco

No sé si llegaste a ver esa peli, El mundo está loco, loco, loco, sobre unas personas, desconocidas entre sí, que descubren por azar la existencia de un tesoro y se lanzan a su búsqueda, al más puro estilo de Mel Brooks, disparatadamente cómico. La película es desternillante, porque en la búsqueda es inevitable ver reflejada la condición humana en las peripecias de los personajes, sacando lo peor de cada cual, con tal de ser el afortunado que encuentre el botín.

Algo así ha pasado hace poco. La diferencia es que, en esta ocasión, el botín es el piso de un cliente cuyo inquilino dejó de pagar. Creíamos incluso que se había vuelto a su pueblo, porque no daba señales de vida. Así que, después de muchos intentos de tratar de dar con él, iniciamos el desahucio. Parece mentira, pero técnicamente, aunque deje de pagar la renta e incluso deje de vivir allí, sigue siendo su vivienda. Ni siquiera el propietario puede acceder a ella, ni alquilarla o venderla, hasta que se resuelva el contrato judicialmente.

En ello estábamos cuando supimos que se había recogido la notificación. Me pareció un milagro, oye. Sobre todo, porque, no habiéndolo localizado de ningún modo, estábamos resignados a notificarle por edictos, lo cual suponía alargar el procedimiento por lo menos un año. Un año durante el que, of course, el cliente (el propietario de la vivienda) no puede ni disponer del piso, ni cobrar la renta, ni cortar la luz o el agua. Así que la noticia de la notificación la recibimos como si fuera el premio gordo. Podíamos verle el fin al procedimiento.

Y cuando estamos tan tranquilos esperando la fecha de ‘lanzamiento’, que es como legalmente se llama a dar una patada en semejante sitio al inquilino que no paga, recibimos una llamada de alguien, que dice ser abogado, pidiendo que paremos el desahucio.

Cuando me lo dijo mi cliente, creo que ambos teníamos cara de ñu. Ya podía haberse manifestado el cliente antes, la de trámites que nos habríamos ahorrado. Llamé al hombre para ponernos al corriente, y con lo que pasó a continuación empecé a pensar eso de que el mundo está loco, loco, loco. Ni Mel Brooks idearía un enredo como este.

Qué inocente sigo siendo, a pesar de las cosas que me pasan. Qué iba ese tío a ser abogado. Cuando le pregunté por qué no se había personado en el expediente, y qué pensaba hacer su cliente, me respondió de tal manera que él mismo se delató como un farsante. Con la plataforma antidesahucios habíamos topado.

No es por nada, pero para no ser abogado, el hombre sabía infinito sobre desahucios: plazos, requisitos, legitimación para ocupar el piso… Él solo quería ponerse en contacto con el propietario para conseguir que cediéramos el piso a una pareja joven, mientras no llegaba la fecha de lanzamiento. Y todo esto en plan acuerdo amistoso ‘ni pa’ ti ni pa’ mí.

Me quedé muerta ¿Cederle el piso? Legalmente, hasta que el inquilino no diga algo, ni siquiera el propietario puede disponer del piso, qué mas quisiéramos. Me contesta el hombre que no saben quién es el inquilino, pero que la persona que le ha dado a la pareja las llaves del piso (¿las llaves del piso?) les ha dicho que se podían quedar. En aquel momento, lo único que pensaba yo era lo indignante que es que el propietario deba acudir pacientemente a la vía judicial, mientras que se apropian de su piso y lo rifan al mejor postor. Porque, obviamente ‘la pareja’ no se habrá quedado gratis.

Ya sé entonces quién recogió la notificación del juzgado, y por qué sabía el hombre tanto sobre el procedimiento de desahucio. Qué gentuza.

¿Crees que esto termina así? eres igual de inocente que yo. Aparece (telefónicamente) la chica. La okupa. Para mi sorpresa, educada, inteligente y sensata… Ni un pelo de tonta. Diciendo que está dispuesta a pagar, que han arreglado el piso. Que os lo habéis apropiado indebidamente, le contesté. Y que está embarazada. Madre mía.

Y ahora sí que tenemos un problema: si nace el niño (les deseo la mejor de las suertes), y viven ahí, aunque sea de okupas, se personarán los servicios sociales, y hasta que se sepa dónde va a vivir el niño, sí que se parará el desahucio.

Y mi cliente esperando.

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