Opinión | Cartas cruzadas

La reentré

Querido Enrique:

Me alegra saber que has estado con gente que te hace bien como Gorka. ¿Puede ser que le conociera un año en el palco de los azules? Esa clase de amistad de toda la vida es la pura, la de verdad, sin compromisos ni imposturas. Hay personas que son casa y eso se sabe. No hace falta decir nada para entender, y qué quieres que te diga, a estas alturas de la vida estas amistades son las que importan. 

Me hablas de Águilas y un castillo de fuegos artificiales y traes a mi cabeza recuerdos, cuando mis abuelos maternos veraneaban allí. He oído historias en casa, pero yo era muy pequeña o no había nacido. He ido años más tarde con mi hermano a la regata de carnavales, cuando navegábamos. Hemos sido de mar gracias a nuestro padre. ¡Y cómo lo pasábamos! Ahora añoro salir en barco, que el motor se pare, izar la mayor y el silencio, pero no me quiero poner nostálgica, la vida viene como viene, y aquí seguimos. Eso es lo importante. 

Yo, tras el reventón cálido de estos días, sobrevivo, y he recibido la visita de una de esas amigas que es como Gorka para ti. Compartimos un día de piscina en la Murcia desierta y contarnos la vida y hacer planes a medio plazo ha sido un bálsamo para mis días de cuidados en casa y para mantener un poco el moreno, que, no nos engañemos, favorece. Tras nuestro día de piscina, subimos al Quitapesares para ver el atardecer. No daba un duro porque estuviera abierto un domingo del puente de agosto y cuál fue mi sorpresa al ver que sí. No íbamos a cenar, sólo a tomar un refresco para quitarnos la sed, mirar el horizonte y despedir el sol. Había gente, los pocos seres humanos que debían quedar en la ciudad estábamos todos allí.

A nuestro lado, en otra mesa, fuimos testigos de una cita Tinder, o eso creo yo. ¿No te ha pasado que las identificas al segundo en un bar cualquiera, sólo con mirar a tu alrededor? Me encanta observar a la gente, es fácil saber si dos personas se acaban de conocer y se están resumiendo sus vidas a través de sus gestos y lenguaje corporal, la manera de sentarse en la mesa. No dejan de ser dos desconocidos por mucho que hayan hablado previamente por mensajes. Todo lo que yo no sería capaz de hacer. Me gusta observar a través de la gente que quiere tener un rollo, conocer el amor o tener una amistad. Nos fuimos antes de ver si había un acercamiento, sólo nos quedamos en los preliminares esos en los que te cuentas dónde vives y resumes quién eres. No tengo pruebas, pero tampoco dudas de que al final de la noche se besaron, o eso me gusta pensar. 

Esto se acaba, y yo diría que por fin. Agosto es un trámite por el que tenemos que pasar, adoro septiembre, aunque sea el mes en el que para mí empieza el nuevo año, la reentré, los propósitos, la cuenta atrás para acabar el año. La vida vuelve a las ciudades, los reencuentros, empezar a ponerte manga larga por las noches, aunque este año no parece que vaya a refrescar hasta dentro de mucho… Dejar atrás la maldita canción del verano, este año estoy a una escucha de Despechá de aborrecer este tema, por mucho que me guste su autora y me rinda a su talento. Un vídeo más viendo a gente bailar la canción y no respondo, se mete en la sien y no sale la jodía. 

Ayer me acordé de ti, estuve viendo con mamá Orgullo y prejuicio y te imaginé con traje corte imperio, pensé también en esa pasión contenida del neoclasicismo, donde las mujeres no podían expresar sentimientos y todo dependía de su posición social. La tensión sexual no resuelta durante toda la película del señor Darcy y la señorita Bennet es agotadora, menos mal que la escritora nos regala un final feliz, que si no ayer tarde habría acabado con el paquete de galletas de chocolate y quinoa de una sentada. 

Quedan dos semanas para montar la carbonara, tic tac. 

Suscríbete para seguir leyendo