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La Opinión de Murcia

Angel montiel

La Feliz Gobernación

Ángel Montiel

Monstruos, mitos y leyendas

Fernando López Miras, durante su intervención en el Debate del estado de la Región. Iván Urquízar

Sigmund Freud acuñó el concepto del ‘complejo de Edipo’ para referirse a quienes desean matar al padre y acostarse con su madre (figuradamente en ambos casos, eso sí), pero si vamos a la fuente original (Edipo Rey, de Sófocles) comprobaremos que si bien el bueno de Edipo hizo ambas cosas fue sin querer ni saber, de manera que no hay alguien con menos complejo de Edipo que Edipo mismo. 

Así se crean los mitos, sobre imágenes recompuestas y retorcidas. Veámoslo en la política regional.

Antes, durante y después del trucado congreso regional del PP, los voceros del Gobierno de Fernando López Miras, con el portavoz Quino Segado como puntal, a falta de elementos de gestión que señalar, han creado la leyenda de que el presidente ha resuelto una legislatura en la que ha tenido que afrontar con éxito poco menos que los doce trabajos de Hércules concentrados en tres monstruos mitológicos: la DANA, la pandemia y la eutrofización del Mar Menor. Pero las hemerotecas están todavía frescas. 

LA DANA. Lo primero que recordamos de la DANA es que el entonces director general de Emergencias de la Comunidad Autónoma se fue al teatro la noche en que sobre la Región caían chuzos de punta y se jugaban la vida los equipos de socorro que le tocaba coordinar (LA OPINIÓN publicó la foto).

Lo segundo es que la tormenta dibujó un mapa territorial en que se volvía a reproducir la realidad de la falta de actuaciones preventivas para soportar un fenómeno de esa e incluso de menor envergadura. La Región estaba y sigue estando expuesta a las mismas catástrofes, en los mismos lugares y por idénticas causas, pues cuando pasa la gota fría se olvida lo que hay que hacer para intentar paliar futuros daños.

Y tercero: las actuaciones más efectivas, reconocidas y popularmente aplaudidas que sucedieron a la DANA correspondieron a la Unidad Militar de Emergencias, UME, una sección especial del Ejército y, por tanto, dependiente del Gobierno central. 

¿Qué hizo el Gobierno regional cuando la DANA, aparte de destituir con considerable retraso al director de Emergencias? Verla venir y verla irse. Y hasta la próxima.

LA PANDEMIA. El Gobierno aportó el mayor escándalo nacional al autorizar la vacunación de todo el aparato político y administrativo del SMS y de Salud al margen de los turnos establecidos, con la consecuencia de que el consejero murciano (por otra parte, un buen consejero) fue el único de entre todas las Comunidades españolas que tuvo que dimitir con todo su equipo enmedio de la pandemia. Tan solo se registró una excepción: la del secretario general de la consejería, que si bien no puso reparo alguno en la reunión en que se decidió esa vacunación colectiva, optó por no pincharse sin informar a los demás de su decisión, y después significativamente le fue trasladada la responsibilidad de todos los contratos del SMS.

Aquella vacunación masiva del aparato de la Sanidad pública murciana siguió poniendo en evidencia, y hasta ahora, la voluntad de transparencia del Gobierno regional, de tal manera que todavía se desconoce públicamente el listado de las personas que se vacunaron. La comisión parlamentaria creada al efecto resultó un paripé, un visto y no visto, como esa sección del Pasapalabra en que los concursantes han de adivinar dónde están las palabras que tras, unos pocos segundos de mostración, les son veladas. Todo gracias a la colaboración con el Gobierno de los diputados trepatrans que habían pertenecido al partido, Cs, que pidió esa comisión.

La presunción de que López Miras se adelantó al Gobierno central al dictar el confinamiento del Mar Menor para evitar la avalancha de madrileños que, con provecho de la ‘libertad’ de que gozan con Ayuso, se trasladaban a la zona, es una broma, pues el Gobierno murciano carecía por completo de competencias para dictar una orden de esas características. 

Y a propósito de competencias, fue digno de ver el peloteo entre la dirección nacional del PP, con Casado a la cabeza, que en el Parlamento se oponía a las decisiones del Gobierno mientras desde Murcia y otras Comunidades se pedía lo contrario. La culpa de todo la tenía Sánchez, tanto para Casado como para López Miras, aunque ambos le exigieran decisiones contradictorias. Y a pesar de que Sánchez tenía la culpa, la Comunidad recibió una lluvia de millones del Gobierno central que sirvió, entre otras cosas, para ir pagando las nóminas de los funcionarios mientras el presidente regional anunciaba bajadas de impuesos a los ricos. En cuanto a transparencia, se sigue sin conocer al detalle el empleo que se hizo de esas aportaciones extraordinarias, a pesar de su carácter finalista, así como las empresas que recibieron los contratos dictados por la excepcionalidad de la urgencia. La disposición a la transparencia del Gobierno regional ha venido quedando expuesta tanto en las polémicas con los presidentes sucesivos del Consejo como por el hecho de que una consejería con ese título, cuya creación fue forzada por Cs, haya quedado relegada a una dirección general en manos de quien habiendo sido en su día la mayor crítica de López Miras ahora es su más entregada fan, Isabel Franco, la misma que prometió durante la campaña electoral que «hay que acabar con 24 años de Gobierno del PP».

La profesionalidad y la entrega de los profesionales de la salud, en quienes los ciudadanos depositaron su confianza, hizo soportable la crisis sanitaria mientras se desmoronaba el aparato político, y a pesar de las rebajas presupuestarias del servicio público, que ahora, pasada la pandemia, son especialmente visibles, como señalan todos los agentes sociales del sector. Además, una cierta parte de la clá popular y de sus actuales socios parlamentarios, para demostrar que el terreno estaba abonado, echaron a muchos de ventanas y balcones al constatar que, con desprecio a los profesionales de la salud, se habían apoderado de la bandera de España, obviaban las deficiencias de la gestión regional y hacían de la pandemia un arma política contra el Gobierno central, cuya gestión, con ser manifiestamente mejorable, se dedicó en gran parte a facilitar el trabajo de las Comunidades autónomas y dotarlas de financiación extra. Hasta el punto de que el estado de alarma sirvió a López Miras para endosar decretos-ley de urgencia a fin de reformar un buen puñado de leyes (particularmente para aflojar la protección del medio ambiente) que nada tenían que ver con la pandemia.

Presumir de una buena gestión contra el coronavirus obviando todos estos ingredientes supone intentar colar, más que una historia falsa, una leyenda. Y más, con las hemerotecas frescas.

MAR MENOR. Cuando se produjo la primera y gran anoxia, la espontánea reacción de López Miras, tal vez sintiéndose desbordado, fue declarar que había que devolver las competencias al Gobierno central, para después rectificar: ya eran del Gobierno central. Y esto a pesar de lo que proclama literalmente el Estatuto de Autonomía y las definiciones competenciales de distintos departamentos, que constan en las webs oficiales de la Comunidad. De entonces hasta ahora, el debate propiciado por el Gobierno regional se atiene a esa cuestión: de quién son las competencias. 

Las hemerotecas nos lo aclaran mejor que las leyes: si el Mar Menor está bien o parece que está bien, el mérito es de López Miras; si está mal, la culpa es de la ministra de Transición Ecológica. Lo firma él mismo en la introducción al programa electoral vigente del PP: «Hemos regenerado nuestro Mar Menor y nos proponemos que siempre esté tan cristalino como ahora». Aparte de que Dios debiera conservarle la vista, ese «hemos regenerado» significa que se atribuye la que él creía entonces que era la ‘cristalina’ situación del Mar Menor. Ahora, su Gobierno sigue por el mismo camino: está sacando fangos, luego es el único que está haciendo algo. Pero el problema del Mar Menor no son solo los fangos, sino los aportes tóxicos que recibe. La cuestión de los fangos es un parche, una medida parcial decidida para dejar de tener el culo apretao por si en plena temporada turística se reprodujera algún episodio de contaminación visible exteriormente y con repercusión mediática.

La cuestión de alcance respecto a esta cuestión que debiera contemplar un presidente con mirada larga es que esta Región no puede tener un modelo de desarrollo basado en dos pilares, agricultura y turismo, y que ambos se neutralicen, se estorben, se hagan daño mutuamente. La convivencia entre estos dos polos de desarrollo es imposible en las actuales condiciones y circunstancias. Por tanto, hay que modificar ese modelo de manera radical, adecuarlo a las exigencias constatables, conservarlo de otra manera y, por supuesto, ampliarlo a otros sectores obvios en este tiempo, lo cual exige un diseño estructural que contendría decisiones al principio impopulares. No hay más remedio. O eso o el colapso, en el que ya estamos, se quiera ver o no. Y mientras tanto, el mismo tarantantán de politiquería infantil e infructuosa para la Región, salvo quizá para los intereses electorales a corto plazo del partido en el Gobierno. El modelo de desarrollo no puede estar expuesto a la lotería de una DANA que embarrice el Mar Menor o de una ola intensa de calor que lo deje sin oxígeno. Y ambos fenómenos naturales van a ser habituales en el futuro inmediato. 

Cuando en el último congreso del PP se apelaba a los militantes a integrarse en ‘el proyecto de López Miras’, el reclamo resultaba más que abstracto, pues se desconoce en qué consiste ese proyecto, entre otras cosas porque no hubo ni ponencias: si en seguir con una política que tiende al colapso, con repetición infinita de eslóganes y quejas, o si hay ideas para salir de este marasmo. Ideas, no mitos y leyendas con que los voceros del PP construyen el relato de su actual gestión. No vaya a ser que el mito López Miras que pintan quienes le rellenan los huecos esté tan cogido por los pelos como el complejo de Edipo, a quien Freud asignó una voluntad inexistente.

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