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La Opinión de Murcia

Bernar Freiría

Del puente a la sentina

Bernar Freiría

Los que están en el puente

Yo siempre tuve claro que la señora era muy lista, o muy astuta. Porque infalible tampoco es que lo fuera, la prueba es la de veces que ha tenido que decir ‘diego’ donde había dicho ‘digo’. De todos modos, puedo decir que yo no he caído en el error que otros sí han cometido, el de subestimarla. Sé de sobra que intentó usarme a mí. Todo con tal de defenderse y salirse con la suya. Una cosa que aprendió rápido, y no digo de quién, fue lo de utilizar la reputación como un arma. La propia y la ajena. También contrató, según parece, una agencia de detectives para mejorar su imagen y perjudicar la del fiscal que la estaba investigando en Suiza. O sea, que la señora trabajaba en todos los frentes y en todas las plazas.

Sí, sí, señoría, es cierto que, además de a mí, contrató una agencia de detectives suiza. No, señoría, no es que no confiara en mí. Ya lo creo que confiaba. Lo que pasa es que, como le acabo de decir, la señora jugaba en varios tableros a la vez, como los grandes del ajedrez. Creo que a los suizos les encargó investigar a 14 empresarios relacionados con el emérito. Sí, señoría, supongo que los consideraba simples pantallas y lo quería saber todo sobre ellos. En cuanto se sintió segura, pasó de acosada a denunciante. Para eso también acudió a los suizos que certificaron haberle realizado blindajes en aparatos electrónicos para evitar que el CNI la espiara.

Desde luego, a mí me contó muchas cosas. Las suficientes como para alfombrar con papeles el Palacio Real. También le digo otra cosa, señoría, los que administraban esas cuentas tenían en su relación de clientes no solo al number one, usted ya me entiende, también gestionaban fortunas opacas de destacados personajes de la política y de las finanzas de este país. Otra cosa es que a alguien le interese averiguar qué hay de verdadero en todo eso. Que yo no digo que todo lo sea, porque hay contradicciones. Pero hay material suficiente, ahí están mis grabaciones, como para sonrojar a quien debería ser el más ejemplar de los españoles. Lo que me dijo ella, desde luego, es como para no ser muy optimista acerca de cómo funcionan las cosas en este país en los niveles más altos, el de las empresas más grandes, el famoso Ibex 35, y también en los centros de decisión política.

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