Llegó empapado a la rueda de prensa. Hacía tanto calor que sus pantalones cortos de explorador se le pegaban a los muslos. En cuanto la vio, se arrepintió de no haberse duchado esa mañana. ¡Qué mujer! ¡Qué melena! ¡Qué boca para el pecado! Ella lo miró un segundo. Una corriente eléctrica le recorrió el cuerpo.

«Cálmate, Vives -se dijo así mismo el joven redactor-. Muéstrate distante, que a este tipo de fieras rubias les va el rollo castigador».

Entre los asuntos del Consejo de Gobierno, su redactor jefe le había ordenado que prestara atención a la convalidación de la prórroga del Decreto Ley 5/2022, de 4 de mayo, de medidas urgentes. 

«Tendré que preguntarle al consejero de Asuntos Complicados y Racionalización del Parné sobre el tema», pensó Vives. 

Comparecían el consejero en cuestión y la portavoz del Gobierno, para dar cuenta de los asuntos aprobados en el orden del día. Vives apretó el play de su grabadora de cassette y sacó su libretilla promocional de Iberdrola, pero estaba demasiado excitado para tomar notas. Los pechos de su Afrodita, que se insinuaban bajo una sensual blusa de seda, hacían salivar al joven redactor.

La diosa hecha carne era, en realidad, la jefa de Protocolo, que controlaba el desarrollo de la rueda de prensa de pie, desde una esquina de la sala. Al sentirse observada, volvió a cruzar su mirada con el joven Vives y frunció el ceño.

«¿Me ha guiñado un ojo? Y me decía el juan lanas del redactor jefe que lo mío con la rubia era puro trastorno de erotomanía. ¡Qué sabrá el pajas ese!», se felicitó el redactor, que para hacerse el interesante comenzó a garabatear en su libreta de publicidad al estilo Pulitzer.

En el turno de preguntas, Vives ya había tomado una determinación: en cuanto terminara aquel tostón, iba a acercarse a hablar con ella. Escribió en su móvil ‘frases efectivas para entrarle a una chica’ y encontró una web que era puro oro: 

«Me acabo de mudar a la ciudad, ¿podrías darme instrucciones de cómo llegar hasta tu casa?». Esa era buena, iba directa al tema. «¿Acaba de salir el sol o me has sonreído?». Pufff, demasiado repipi. «Por tentaciones como tú, hay tantos pecadores como yo». «¡La tengo!”, exclamó Vives en voz alta haciendo que todos los periodistas giraran la cabeza para mirarle.

Terminó la comparecencia y antes de que pudiera levantarse, la jefa de Protocolo se le acercó:

-Disculpa, tú vienes de El Libertador, ¿verdad?

-Sí, sí. Espera. Acaba de salir el sol y no recuerdo el camino de la tentación hacia tu casa -le soltó Vives.

-No sé a qué te refieres. Pero, mira, lo que yo te quería comentar es que aquí guardamos unas normas de decoro. Es mejor que no uses pantalones cortos en las comparecencias del Consejo de Gobierno, con todo el respeto.

Continuará…