Kiosco

La Opinión de Murcia

Bernar Freiría

Del puente a la sentina

Bernar Freiría

El poder feudal

Claro que es cierto, y lo declaro ante usted, señoría, que mantuve reuniones en la sede del partido con muy altos cargos del mismo. Lo que ha salido a la luz con las grabaciones que han sido publicadas hasta ahora no es, ni mucho menos, todo lo que he tratado en la sede con altos dirigentes. Ya le he dicho, señoría, que he grabado horas y horas, miles. Tengo almacenados 40 terabytes de información que me han sido arrebatados. Las grabaciones de esas reuniones lo único que prueban es que se recurría a mí para asuntos delicados. Siempre eran reuniones discretas. Yo solía entrar por el garaje y no por la puerta principal. Estaban relacionadas con investigaciones que había llevado a cabo. Usted ya sabe que los que tienen poder se vigilan unos a otros estrechamente. En un partido hay como círculos de poder que más o menos están comunicados entre sí, pero entre los que hay también espacios opacos. Es comprensible, señoría. Un barón territorial tiene en su feudo sus propias estructuras y se relaciona con determinados poderes fácticos bien establecidos en lo que constituye su coto de caza privado. Es normal que tengan secretos para la dirección del partido en Madrid.

Por su parte, la cúpula del partido mira con recelo siempre a esos barones territoriales. No quieren que rivalicen en poder con ellos. Y hay siempre una lucha. El barón territorial quiere estar rodeado de su gente de confianza. Quien te da un cargo es a quien te debes. Por eso la elaboración de las listas electorales es siempre un tira y afloja para colocar a los propios peones. Madrid quiere tener la última palabra sobre los nombres que van en esas listas y el jefe local no quiere que le pongan a gente que rinda cuentas a Madrid y no a él. Se lo digo de otra manera, en Madrid quieren que los barones territoriales cosechen votos en sus feudos, pero que no vuelen muy alto, no sea que lleguen tan lejos que queden fuera de su alcance. Por eso los vigilan y hay ocasiones en que prefieren sacrificar una pieza antes que perder el control. A mí se me ha encargado alguna vez seguir los pasos y las finanzas de algunos que se habían vuelto demasiado opacos para los gerifaltes del partido. Es la obsesión por tener el mando a distancia en las manos, señoría.

Compartir el artículo

stats