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La Opinión de Murcia

Lola García

Murcia D. F.

Lola García

El sueño imposible de tres alcaldes

Autobuses en la Gran Vía de Murcia. | ISRAEL SÁNCHEZ

Si sueñas, loterías’, rezaba un eslogan de un anuncio de Loterías del Estado de hace ya bastantes años. Un reclamo al que no le falta razón y que se puede aplicar en cuantos sueños inalcanzables tenga uno. Y a la lotería es a lo que va a tener que jugar el alcalde de Murcia, José Antonio Serrano, para hacer realidad el anhelo de la capital de la Región de crear un Área Metropolitana de Transportes que dé un mejor servicio a los ciudadanos y que abarate los billetes.

Una aspiración que tiene la friolera de casi treinta años. El popular Miguel Ángel Cámara la reclamó en su momento y durante los cuatro mandatos que estuvo al frente de la alcaldía no dejó de reivindicarla, unas veces con más intensidad que otras. Incluso, estuvo a punto de entrar en la Asamblea Regional para su debate y aprobación. Tenía entonces el Ayuntamiento de Murcia un concejal de Tráfico, Antonio Sánchez Carrillo, que fue el pionero en el PP en esta reclamación.

El Gobierno de la Comunidad Autónoma, en esos momentos, al igual que ahora, en manos de los populares, fue llevando al Ayuntamiento en palabras sin mover ficha y sin que se haya establecido los protocolos iniciales en los que se pongan las bases de un área metropolitana que funciona desde hace décadas en capitales muy pobladas (léase Madrid o Barcelona) y en otras con menos habitantes como Valencia.

La falta de interés de los que gobiernan en la Comunidad por un proyecto tan crucial como este no pareció afectar al sucesor de Cámara, que también lo intentó. Llegó José Ballesta a la alcaldía y se reunió varias veces con la consejería de Fomento para hacer lo propio. Qué hay del Área Metropolitana de Transportes. Con Ballesta a la cabeza hubo en febrero de 2020 una cumbre con el consejero José Ramón Díez de Revenga, en la que ambos se conjuraron para sacar adelante este proyecto.

En esa ocasión, el alcalde dijo que «la movilidad es un derecho ciudadano que favorece la vertebración territorial y la cohesión social», preciosas palabras si se cumpliera ese derecho.

En estos momentos, uno de los actores ha cambiado y es Serrano a quien le corresponde negociar con el consejero más tuitero del Gobierno regional para llevar a buen puerto el Área Metropolitana, un barco que se ha torcido por la negativa de la Consejería a poner dinero encima de la mesa y del que Murcia se ha descolgado hasta que el Gobierno regional no afloje la cartera. Dinero, siempre es cuestión de dinero.

El Gobierno de la Glorieta hace casi un mes aprobó la tramitación para adherirse al Área Metropolitana y el Consejo de Gobierno hizo hace semanas lo propio con los protocolos que son el punto de partido. Los cálculos es que unos 10 millones de viajeros al año y una zona de influencia de 700.000 habitantes pudiera beneficiarse de mejoras en el transporte dentro de tres años, según las estimaciones realizadas por la Comunidad.

Muchas piedras en el camino del Área Metropolitana de Transporte. Ya lo decía el eslogan, ‘si sueñas, loterías’. Por nadie pase.

Cabos sueltos

De nuevo, amianto para los pobres.  El Gobierno local, capitaneado por el alcalde Serrano, ha decidido dar una prórroga a Cáritas para que siga disponiendo de las dependencias municipales en la Fica, que han albergado un economato para las familias pobres. El Ayuntamiento cede el inmueble por un periodo de seis meses, prorrogable por otro periodo que determinará el Servicio de Empleo. Así, la ONG podrá continuar desarrollando el proyecto que tiene como objetivo atender a familias que se hallan en riesgo de exclusión a consecuencia de la crisis provocada por la pandemia. Se trata del ‘Economato Galilea’ donde las familias pueden adquirir alimentos frescos y congelados, así como productos de higiene personal y del hogar. La única pega es que esas dependencias tienen amianto y se trasladó a los funcionarios que allí había por lo peligroso de ese material. Los socialistas criticaron en privado a los populares cuando cedieron ese local a Cáritas por lo del amianto y, sin embargo, ellos siguen la misma senda. Está claro que todo vale para los pobres mande quien mande.

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