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La Opinión de Murcia

Angel montiel

La Feliz Gobernación

Ángel Montiel

Es duro ser de centro

El presidente murciano leyó un discurso en el reciente debate sobre el estado de la Región que, en relación con la imagen prefijada, parecía una internada hacia el centro y la moderación. Pero esto lo hizo tan solo unos días después de que su Grupo Parlamentario y él mismo hubieran votado en la Asamblea a favor de mantener las llamadas ‘terapias de reconversión’, y durante el debate tuvo que soportar la felicitación del portavoz de Vox por haber declarado que el aborto no es un derecho de las mujeres. Difícil viajar al centro cuando en el camino te acompaña el aplauso de Vox

ILUSTRACION DE LEONARD BEARD ILUSTRACION DE LEONARD BEARD

Hay elecciones en el PP y son mañana. Aunque detectemos a muchos descreídos al respecto, incluso en el propio interior de esa organización, el PP es un partido de ciertas formalidades democráticas. Sería más democrático si pudieran presentarse todos los candidatos que lo desearan, pero incluso cuando hay un aspirante único por deseo de la dirección central, hay que votarlo.

El proceso es muy americano, pero a la española. Antes de la celebración del congreso propiamente dicho, votan los militantes que quieran hacerlo. En dos urnas, supongo. En una, ratifican o no al candidato o candidatos si los hubiera, y en otra eligen a los compromisarios que han de representarlos a todos en el cónclave y que son los que al final deciden. Hay que recordar que en el penúltimo congreso nacional, los compromisarios (es decir, los delegados de los militantes) se impusieron a lo que habían decidido los militantes. En la votación, digamos, asamblearia ganó Soraya Sáenz de Santamaría, y en la delegada, Pablo Casado porque la tercera en discordia, Cospedal, le arrimó a los suyos para que no fuera elegida la otra.

Pero, en este caso, dado que Fernando López Miras es el exclusivo candidato, hay poco morbo en lo que se refiere a este trámite. En la votación previa de los militantes es en la que había puesto Patricia Fernández todas sus complacencias si hubiera podido presentarse. Pretendía hacer ‘un Soraya’. Dado que la fórmula es ‘un militante, un voto’, por lo demás secreto, la imposición del aparato del partido, en manos de López Miras, habría sido menor. Y aunque los compromisarios hubieran corregido después el porcentaje obtenido por la alcaldesa de Archena, las respectivas fuerzas habrían podido ser computadas con total precisión. Dado que esta parte de la obra no va a ser representada, nunca sabremos cómo habría derivado el argumento.

Queda, si acaso, constatar un dato curioso. Dado que López Miras presentó 5.300 avales para inscribir su candidatura, cifra que algunos escépticos creen que supera la militancia real del PP murciano, lo lógico sería que mañana ampliara ese respaldo inicial, pues resultaría extraño que obtuviera menos votos que avales. Pero los obtendrá; recordemos que el organizador del congreso es Quino Segado, portavoz parlamentario y consejerable.

¿Para qué? Para asegurar la pieza, para conformar la apuesta, para que nadie tenga dudas, si aún alguien las conservara, de que López Miras es murciano a fuer de gallego. Antes de salir en predicación ha debido ser ungido con el agua del Miño.

Hemos de considerar un dato importante: una vez que la decisión de Génova de abrir paso a López Miras es inequívoca y de que el aparato central se ha encargado con esmero y despliegue gráfico de despejarle el camino en solitario, el éxito o el fracaso del presidente murciano en las próximas etapas hasta la meta electoral, y sobre todo en ella misma, implican plenamente a Feijóo. El líder nacional es el padrino del regional, y los acontecimientos venideros en la Región de Murcia le afectarán, tanto si confirman lo idóneo de su decisión como si se acabara demostrando que ésta era equivocada. Por tanto, hay que apoyar a López Miras en cada momento y llevarlo en andas a las elecciones, pues Feijóo también se juega lo suyo en esta apuesta. Por este motivo tal vez Bendodo haya sido el telonero de Feijóo y éste no tenga compromometida previamente su agenda el día 15, fecha para la reelección de López Miras.

Este congreso regional tiene la particularidad de haber sido convocado como ‘extraordinario’ tras más de un año de prórroga sobre la fecha en que habría correspondido celebrarlo, sin que se expliquen los motivos del aplazamiento. Pero para ‘fijar y dar esplendor’, primero era preciso ‘limpiar’, y la estructura del partido no estaba lista para aclamar al líder, de ahí las muchas juntas locales en manos de gestoras tanto en localidades de la Región como en las poderosas pedanías del municipio de Murcia, además de las indomables Nuevas Generaciones. Faltaba un secretario general encargado de Organización que pusiera el partido en estado de revista, y ahí ha estado y está José Miguel Luengo, con mano de hierro y sonrisa profidén, para apaciguar a díscolos y mostrarles el camino verdadero. Se han celebrando congresos locales en Santomera, Alcantarilla o Blanca (éste el pasado viernes) cuando el líder elegido estaba en sintonía o ha adjurado frente argumentos persuasivos y ‘convincentes’ de la vía patricia. Todo atado y bien atado. 

La particularidad de los ‘congresos extraordinarios’ es que van a lo que van: a elegir al líder y a una parte de su equipo, y no se entretienen en ponencias o discusiones bizantinas sobre estrategias, programas o líneas políticas. Eso ya lo decidirá el elegido, a veces sobre la marcha. Por tanto, poco que debatir y menos que discutir. El giro a la moderación y a la revisión del discurso programático del presidente quedará, pues, a la interpretación de sus futuros gestos, y no hallará reflejo en negro sobre blanco. 

Y es que ser de centro es muy duro. La experiencia Juanma tiene dificultades particulares en la Región de Murcia. El presidente murciano hizo un discurso en el reciente debate sobre el estado de la Región que, en relación con la imagen prefijada, parecía una internada hacia el centro y la moderación, además de contener una estimable intuición acerca de la necesidad de transitar hacia una reformulación del modelo de desarrollo. Bien. Pero esto lo hizo tan solo unos días después de que su Grupo Parlamentario y él mismo hubieran votado en la Asamblea a favor de mantener las llamadas ‘terapias de reconversión’ que vienen a considerar la homosexualidad una enfermedad de la que cabe curarse (con el voto añadido de la vicepresidenta, Isabel Franco, que procede de Cs y que rotula su cargo con el acrónimo LGTBI, que hay algunos que no se sabe hasta dónde van a llegar), y el mismo día del debate de política general tuvo que soportar, el presidente, que el portavoz exVox, pero en nombre del grupo de Vox, el insólito Juan José Liarte, lo felicitara efusivamente por haber declarado que el aborto no es un derecho de las mujeres. Ir hacia la moderación y que por el camino te aplaudan los sofisticadísimos intelectuales de Vox parece un contradiós.

Entendemos por Fórmula Juanma el modelo de discurso que neutraliza a Vox mediante la moderación, con el resultado de absorber a quienes fueron en su día votantes de Cs y tocando a la vez médula PSOE. ¿Está esto al alcance de López Miras? ¿O sería más práctica para él la línea Ayuso, consistente en frenar a Vox legitimándolo, haciéndolo propio? Ambos son modelos de éxito para el PP, según la zona, pero es un mix incompatible. Hay que optar y hacer que se visibilice la posición. López Miras parece querer ensayar la estrategia Juanma, según se desprende de su tono en el debate del estado de la Región, pero aparte de cuestiones relativas a la distinta personalidad de cada líder, Murcia es un espacio con particularidades muy destacadas que tal vez no se presten a la imitación andaluza.

El mapa es el siguiente: El PSOE no juega, va directo a la oposición. La izquierda del PSOE se reduce a lo testimonial, sin capacidad de complementar al partido alternativo. Compiten, en la práctica, PP y Vox. Hay quienes aseguran que en las andaluzas Vox ha interpretado el canto del cisne, y que ese efecto se prolongará a las siguientes convocatorias. Pero, en Andalucía, Olona jugó el papel ideológico clásico y restó potencia a la marca porque la sumergió bajos sus particularidades personales. En la Región de Murcia, sin embargo, Vox cuenta con arraigo social, es un partido incrustrado en grandes sectores de la actividad productiva (agricultura intensiva, macrogranjas, transportistas...) y no precisa de un candidato notorio (aunque lo estén buscando), pues su posición política general respecto a problemas reales le es suficiente.

Vox es, a priori, en la Región de Murcia una potente anomalía para la intención hegemónica del PP más allá del efecto Feijóo y de las tribulaciones estratégicas de López Miras. Éste, no obstante, se desenvuelve bien para sus intereses. Ha pasado de declarar, en los primeros momentos del episodio de anoxia del Mar Menor, que devolvería las competencias sobre la laguna al Gobierno central para que éste se hiciera cargo del problema, a decir en el último pleno de la Asamblea, secundado por sus portavoces, que todas las competencias al respecto son del ministerio de Transición Ecológica, y esto sin que haya mediado transacción administrativa alguna. El Gobierno regional ha dado la vuelta a la tortilla: de estar a la defensiva ha pasado a la ofensiva cambiando los términos de su discurso. El PP, en el fondo, mantiene el mismo programa que Vox al respecto: el problema para ambos es reencauzar la rambla del Albujón que contamina el Mar Menor, no dejar de contaminar la rambla del Albujón para que sus aguas no trasladen fosfatos a la laguna. Lo que produce escalofríos a ambos partidos es la posibilidad de que el personal perciba que hay que tomar medidas ‘en origen’, lo que supondría la impopularísima solución de reordenar la agricultura que explotan las grandes multinacionales que emplean abundante mano de obra y mano de voto. 

Mientras tanto, ¿cómo leer determinados acontecimientos? Patricia Fernández acude al acto en Murcia de Bendodo y se marcha enseguida, cuando alguien que mantiene un pacto de futuro con López Miras debiera haber sido situada en primera plaza para hacer visible la concordia. El jefe de la junta de El Palmar, que lo es a dedo desde que lo es, organiza una fiesta con la que pretende hacerse ver en su calidad de candidato del exalcalde Cámara para suplir a José Ballesta, mientras éste, sin haber sido todavía proclamado convoca a una jornada sobre movilidad a la que acuden representantes del PP en Alicante y Almería (¿qué sentido tendría si no estuviera en sus planes repetir en el cartel municipal?), y la alcaldesa de Archena hace de recepcionista en su localidad de unos mil militantes en una ‘cena de verano’ a la que no asiste López Miras por estar en la renovación de la dirección del PP en Blanca, pero en la que aparece, ya tarde, Luengo, que viene de ese pueblo tras concluir la elección. Cabos sueltos que se amarran solos.

La impresión es que el congreso del PP, con solución forzada sin destapar los asuntos pendientes en la organización, va a dar lugar a una solución exclusivamente condicionada por la inminencia del proceso electoral, tanto en los agentes representados como en la indefinición del proyecto político. Y si funciona, funciona.

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