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La Opinión de Murcia

Angel montiel

La Feliz Gobernación

Ángel Montiel

Una película con dos versiones

Controversia interna sobre el alcance de la reunión en el hotel NH entre Fernando López Miras y Patricia Fernández

López Miras exhibe cajas con sus avales el pasado miércoles en la sede regional del PP. Israel Sánchez

En el entorno de Patricia Fernández se asegura que en la mañana del pasado miércoles, López Miras, instado como ella por Madrid, aceptó un pacto con la alcaldesa que incluiría compartir la nueva ejecutiva, las listas electorales autonómicas y generales, y hasta la composición del futuro Gobierno regional. El equipo de López Miras desmiente todo: solo admite la inclusión de Fernández y un propósito general de integración.

De esta película, la del congreso regional del PP, como de las ‘verdes’ de la Transición, hay dos versiones: una, clasificada S, en la que las escenas aparecían insinuadas, para consumo de nacionales, y otra, clasificada X, con plena explicitud, destinada al exterior. Los respectivos espectadores, en España y en el extranjero, creían estar viendo un metraje único.

NO HAY PACTO. Empecemos por la primera versión, la que relata el equipo de Fernando López Miras. No hay pacto con Patricia Fernández, salvo en lo relativo al hecho de que formará parte de la nueva dirección regional a título individual. Habrá, eso sí, integración de aquellos que no están en la primera línea de confianza del presidente, pero no como resultado de negociación alguna, sino por la voluntad de López Miras, que quiere un partido unido e integrado para ganar las autonómicas y contribuir al futuro triunfo de Núñez Feijóo en las generales. Por tanto, nada de cuotas, de listas cremallera ni de equilibrio de poderes. 

En ese contexto, Patricia sería una más de entre los alcaldes y presidentes locales con los que López Miras ha consultado a lo largo de las últimas semanas. La de Archena, que amagó con presentar su candidatura, habría calculado mal sus fuerzas, y el último día hábil para presentar sus avales se retiró una vez que el presidente le garantizó que tendría un puesto relevante, «como ella se merece», en la nueva dirección. Desde Génova la habrían convencido de que a menos de un año de las elecciones no conviene crear convulsiones y que lo mejor que podía hacer es lo que finalmente ha hecho: reforzar al candidato por el que apuesta Feijóo. La prueba de que el amago de la archenera para presentarse al congreso con posibilidades de ganarlo era un farol está en los avales conseguidos por López Miras, en número casi idéntido a la totalidad de los militantes al tanto del pago de las cuotas. Y punto. Versión oficial. 

Y APARECE UN TERCERO. La otra versión, la del entorno de la alcaldesa, requiere un relato más detallado. Todo empieza, durante las fechas de ‘ogligado silencio’ por ser las de la campaña andaluza, con una reunión en Génova entre Patricia Fernández y el vicesecretario nacional de Organización, Miguel Tellado, a la que habían precedido otros contactos de ‘embajadores’ de la aspirante. Tellado le expone negro sobre blanco que el candidato de Feijóo es López Miras, y le prohíbe competir con él: debe integrarse en su equipo, en el cual tiene las puertas abiertas. Si a pesar de estas indicaciones, Fernández decidiera presentarse ni siquiera se convocaría el congreso, y López Miras sería proclamado por el procedimiento de urgencia. 

Después, Tellado se desplaza a Murcia y en una misma ceremonia, a la que no asiste Fernández, se convoca el congreso y es proclamado el candidato oficial. A pesar del bajón anímico que detectan los colaboradores de la alcaldesa, ésta inicia la búsqueda de avales hasta obtenerlos por encima de la cifra exigida. Y en éstas, entra en juego Manuel Durán. El que fuera ‘concejal del Campo’, presidente de la Federación de Municipios y director general de Urgencias anuncia que presentará su candidatura, y también consigue los avales que precisa. Según testimonios de uno y otro lado, el gesto es voluntarioso; se cuenta entre los partidarios de Patricia, pero no se lo comunica a ella porque, aun cuando pretendió hacerlo, no se le puso al teléfono. A pesar de que Durán sabía que no podía ganar el congreso, decidió presentarse, en intención confesada, para ‘mover’ el debate y por la irritación que le produjo el veto a la alcaldesa. Si esas eran sus intenciones, lo cierto es que logró que Génova retomara el diálogo con la archenera. Había una lógica que satisfacer: no la dejaban que se presentara, pero al final habría dos candidatos, aunque no estuviera ella. 

Ahí se concertó la entrevista en la sede nacional de Madrid entre Feijóo y Fernández. Estaba citada para el lunes, día intenso después del domingo andaluz, de modo que tras un breve contacto en esa tarde, la entrevista se aplazó para el día siguiente. Del contenido de la misma ha trascendido muy poco, pues parece que la alcaldesa se muestra hermética con sus colaboradores. Solo unos trazos: Feijóo está perfectamente informado de todo lo que ocurre en Murcia, y que el encuentro resultó «satisfactorio y esclarecedor». Punto. Pero según se deduce de los hechos, encargó a Patricia que pactara con López Miras. Tal pacto debía producirse a contrarreloj, pues a las siete de la tarde del miércoles, el día siguiente, finalizaba el plazo para la presentación de candidaturas. Así que Patricia Fernández llamó a López Miras, pero no obtuvo respuesta. Llamó a Madrid e informó de que el presidente no le atendía al teléfono. Y la atendió.

CITA EN EL NH. La cita entre ambos tuvo lugar en el Hotel NH situado en el entorno de San Esteban. Era para las 8,30 de la mañana, pero el presidente llegó veinte minutos tarde. En esa conversación se habría decidido el pacto. Aseguran que López Miras dijo ‘sí a todo’ porque ya habría recibido las indicaciones desde Madrid, como la propia Fernández, de lo que se habría de acordar en ese encuentro. El pacto contiene, en esta versión: mitad y mitad en la ejecutiva del partido, idem en las listas electorales y en las generales, e idem de idem incluso en el Gobierno regional resultante. Todo a pachas. 

En el equipo de López Miras se echan las manos a la cabeza cuando escuchan esta versión, y empiezan por afirmar que ni siquiera hay pacto. En el entorno de Patricia Fernández justifican esta actitud en la posibilidad de que el presidente no haya hecho un relato preciso de lo acordado, salvo a sus más allegados o ni siquiera a éstos. O que quizá tenga intención de no responder a lo pactado una vez que la archenera no dispone ya de la oportunidad de competir como candidata alternativa. Y aseguran que «cuando se celebre el congreso será el momento para constatar el hecho». Hay quienes aseguran que todo está escrito y firmado por ambos; otros no podrían asegurar este dato y creen que el compromiso es de palabra, avalado por Génova. 

DÍA DE INFARTO. Este matiz es el que, a pesar de la reunión cordial que López Miras y Patricia Fernández mantuvieron en el NH (titulado paradójicamente Amistad, por cierto) constribuyó a que el pasado miércoles resultara en el PP eso que se define como ‘un día de infarto’. Parece que después de la reunión, López Miras, por indicación de Madrid, se resistió a formalizar el acuerdo con su firma (sería un pésimo ejemplo para otras regiones en las que también hay competencias aplacadas), y se produjeron conversaciones teléfonicas tensas entre Fernández y Tellado, también éste algo contrariado por el alcance de lo pactado, derivado de otras instancias. La alcaldesa incluso pretendía ratificar ante notario un documento con los términos del acuerdo, y esto puso en peligro la permanencia del mismo. «Este partido no es Podemos, las cosas no se hacen así», le dijo Tellado.

Mientras tanto, el también aspirante a candidato Manuel Durán recibía llamadas de sus contactos en Génova para que retirara su opción. El argumento básico para que lo hiciera era el pacto alcanzado entre López Miras y Fernández, que le detallaron, y le ofrecían garantías de que se cumpliría.  

Fernández había convertido su coche en oficina, aparcado en las cercanías de la sede regional del partido, y llevaba con ella los avales para presentar su candidatura en caso de que lo acordado en el NH decayera. Al parecer, un segundo contacto, éste ya telefónico, con López Miras la persuadió de que el pacto se cumpliría bajo palabra, y dejó el campo abierto a que el presidente se dirigiera a la sede del partido para presentar sus avales con la seguridad de que no contaría con una competidora sustantiva. Durán, quien también apareció casi a la misma vez con sus avales bajo el brazo y se vio sorprendido al encontrar en la sede a todo el staff de López Miras, se retiró a un despacho a redactar su renuncia bajo el pretexto de que se había producido lo que él quería: un pacto de integración. 

La idea quedaba ratificada en un tuit de la alcaldesa en que anunciaba su propósito de colaborar con López Miras para conducir a Feijóo a la presidencia del Gobierno. Un mensaje neutro, que no habría merecido mayor impacto si no fuera por su contenido implícito.

Así, finalmente López Miras, rodeado de sus más directos partidaros, pudo hacerse la foto con una torre de cajas que contenían sus avales, exhibición que también ha convocado reparos en el círculo crítico, donde aseguran que en el PP no hay más de 4.000 militantes al tanto del pago de las cuotas. Durán incluso afirma que en ciertos municipios ha obtenido él mismo más avales que el presidente local popular ha entregado a López Miras. 

En resumen, ahí están las dos versiones. Una, no hay pacto alguno; otra, lo hay y de un amplísimo alcance que desborda incluso al propio congreso regional. 

LA IMPOSIBLE CONFIDENCIALIDAD. Parece lógico que López Miras no admita la existencia de pacto alguno, porque su naturaleza es confidencial y porque si se quería evitar un congreso abierto para obviar una imagen de división, evitar la impresión de ésta mediante un pacto de tales características puede contribuir a evidenciarla de otra manera. Madrid exigió acuerdo, discreción y lealtad. Razón por la cual también Patricia Fernández, por su parte, se ha limitado en este proceso a no expresarse más allá de un tuit que podría haber redactado cualquier otro alcalde. Pero lo cierto es que si tal pacto no existiera ya se habría adelantado ella misma a desmentirlo. El problema de la vida política es que los pactos incluyen también a los equipos de los líderes y a sus partidarios, a los que aquéllos han de informar para que entiendan determinadas posiciones, declaraciones y silencios. Pero es inevitable que la información interna acabe fluyendo. 

Esta película tiene dos versiones radicalmente distintas. En la primera se insinúan los hechos: no hay pacto, pero habrá integración; en la segunda, se visualiza ese propósito: hay pacto, de ahí la integración. En el fondo, ese era el objetivo, ¿no? El argumento es delicado, de ahí que todo el mundo esté algo nervioso, y es que lo que preocupa a estas alturas es si la película tendrá un final feliz en ambas versiones. 

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