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La Opinión de Murcia

Miguel Hernández

El blog del funcionario

Miguel H. Valverde

Una región muerta

Muertas están las ilusiones que confiaban en un cambio político tras más de dos décadas, igual que muertas están las expectativas del mayor fiasco político desde la UCD, me refiero como saben ustedes a Ciudadanos.

Muertas también están las esperanzas de los trabajadores del SEF al comprobar que la peor consejera de la historia que ha dirigido las riendas de este servicio esencial, no solo no tiene ni idea de lo que lleva entre manos, sino que como buena incompetente, ha optado por lo fácil, poner el servicio en manos privadas, y encima pensará que se merece una medalla por tan brillante ocurrencia.

Muertos de miedo están miles de peces que esperan en la orilla su turno para volver a salir en las primeras portadas de los periódicos nacionales, con sus bocas abiertas y sus branquias destrozadas.

Muertos están los que creen que dejando ‘cadáveres políticos’ en la margen izquierda de las cunetas confían en que la gente se movilice para rescatar las políticas públicas del fondo del mar.

Muerto está el futuro del sector turístico en las orillas del Mar Menor, sobre todo mientras tengamos a demasiada gente matando a la laguna a base de nitratos y mierda.

Muerta está una provincia abandonada a su suerte, donde nuestro tejido comercial sigue desapareciendo, y hasta el cambio climático ha convertido nuestro clima, un aliado hasta hace poco, en un enemigo público.

Muerta está la educación pública, sobre todo ahora que una negacionista aprovecha su discutido y poderoso voto para seguir desmantelando el sistema público y, sobre todo, para incumplir las leyes, convirtiendo la política educativa en un arma personal para satisfacer sus frustraciones contra el Gobierno de España.

Muertas están las esperanzas y expectativas de miles de jóvenes científicos murcianos y murcianas que observan cómo algunos pierden el culo por un joven y prometedor tenista, donde le damos la medalla de oro de la región recién cumplidos los diecinueve años, mientras ellos, tras años de esfuerzos académicos, intelectuales y económicos, ven como tienen que emigrar a otras tierras ante la falta de oportunidades en la mejor tierra del mundo.

Muertos están nuestros autónomos, al conocer como los millones de ayuda que se anuncian se quedan una vez más en las arcas de la Administración, o son devueltas en el peor de los casos.

Muertos andan los escritores, músicos, bailarines, pintores, escultores, actores, actrices y poetas, que siguen huérfanos de políticas culturales públicas, y andan como almas en pena por el desierto cultural murciano.

Muertas andan las ilusiones de muchos sanitarios de la atención primaria, que siguen luchando contra castillos de viento.

Muertas andan las políticas públicas en materia de educación infantil, las grandes olvidadas del sistema educativo.

Y muertas a trabajar están las cientos de trabajadoras de nuestros servicios sociales, llenas de heridas en sus huesos y en sus almas, sabiendo que su jubilación será más dura, más difícil y menos longeva gracias a la incompetencia de la Administración pública, incapaz de poner sobre la mesa un ‘libro blanco’ sobre la calidad de nuestros servicios sociales’.

Y cuando una región está muerta, solo sobreviven los vividores.

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