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La Opinión de Murcia

Andrés Torres

Cartagena D.F.

Andrés Torres

Leña al mono

¿Acaso no se dan cuenta de que el cruce de acusaciones de culpabilidad del uno al otro y del otro al uno no son más que nuevas puñaladas mortales contra el Mar Menor? ¿A qué esperan?

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Peces muertos en el Mar Menor: aparecen ejemplares sin vida en Santiago de la Ribera L.O. / Iván Urquízar

Anda que no ha cambiado el cuento con lo del coronavirus! Hace poco nos daba miedo tocar el pomo de la puerta o el botón del ascensor, por si se nos pegaba el bicho y, ahora, nos metemos entre la muchedumbre sin temor y a mascarilla descubierta. Hace poco, cuando un amigo o familiar cercano nos informaba de que se había contagiado, casi entrábamos en pánico y el tono de la conversación se aproximaba bastante al de un pésame, a la par que aumentaba la preocupación por su evolución, mientras rebovinábamos en busca de nuestro último contacto con el infectado. Hoy, la relajación es total ante este virus. Poco nos importa que nos adviertan de que esto aún no se ha acabado o que en otros rincones del planeta estén pasando ahora el drama que atravesamos nosotros hace nada. Ahora, cuando alguien nos dice que le ha tocado la Covid, agregamos con toda tranquilidad que todos vamos a pasar por ahí antes o después y hasta nos permitimos bromear con lo que antes nos daba pavor y nos tuvo encarcelados en nuestras propias casas durante tres meses, con sus días y sus noches.

Rezo para que esta normalidad que parece que hemos recuperado se mantenga, aunque conviene olvidar que el goteo de muertes, aunque en menor medida, persiste y que es cosa de todos erradicar la pandemia de forma definitiva. Volvemos a besarnos, a abrazarnos y juntarnos sin miedo en torno a una mesa. Y, cuando las relaciones interpersonales se retoman casi al completo, nos amenaza otro virus. Los que entienden dicen que es poca cosa, que ni de largo se acerca a los niveles de contagio ni de letalidad del coronavirus y que es mucho más sencillo de controlar, porque, además, no es nada nuevo y se trata de un bicho que nos quiere aguar la fiesta desde 1970, aunque ya tenemos hasta vacuna para combatirlo. El problema es que la Covid nos ha dejado el sensor de la alarma más sensible de lo razonable y enseguida se nos enciende la luz roja en la habitación del pánico de nuestro cerebro. Así que vamos a darle leña al mono para que, en esta ocasión, se cumplan las previsiones de nuestro Fernando Simón.

No me digan que no tienen la sensación de que gira el mundo gira, como dice la canción. De que no solo no se ha parado ni un momento, sino que ha acelerado su velocidad de paso y las tragedias se suceden sin oportunidad para resarcirnos, unas porque las buscamos y otras, porque nos las encontramos o nos las montamos nosotros: pandemia, guerra, más virus y una inflación que anuncia curvas peligrosas. Lo dicho, leña al mono.

Por aquí, por estos lares, tenemos nuestra guerra particular, donde la principal víctima es nuestro Mar Menor, al que todo estamos matando o hemos matado y él solito se murió. Cabría pensar que la lamentable estampa de peces muertos en las orillas de la laguna salada el año pasado sería una imagen que no se volvería a repetir. El tremendo daño que le hemos hecho a esta joya única en la geografía mundial puede que sea irreversible. Ojalá que no. Puede que no esté todo perdido y que, con el tiempo y el mimo adecuado, el infierno en el que hemos convertido este regalo con el que nos obsequió la naturaleza vuelva a ser el paraíso que fue algún día.

La cuestión es si nuestros políticos serán capaces, porque parece que disfruten lanzándose reproches y lindezas de todo tipo a costa del Mar Menor, en lugar de intervenir sobre un enfermo al que, en lugar de inyectarle las vacunas que precisa, le sigue inoculando veneno mortal, sin que nadie lo remedie. ¿Acaso no se dan cuenta de que el cruce de acusaciones de culpabilidad del uno al otro y del otro al uno no son más que nuevas puñaladas mortales contra la laguna? ¿A qué esperan? ¿A que pase otro verano terrorífico y volvamos a ver más peces muertos en la víspera del siguiente? Quizá sea nuestra culpa y no la suya. Que lo fácil es lavarse las manos, en lugar de mojarse y presionar a las autoridades para que adopten soluciones de una vez por todas. Que como broma ya está bien. Así que señores y señoras de uno y otro bando, de una y otra Administración, no se confundan, que les cantaría Chanel. Que verles darle leña al mono de su contrincante político no suma, sino que resta años de vida, en todos los sentidos, a la que ha sido nuestra gallina de los huevos de oro y a todo lo que la rodea. Porque no sé si lo ven o si les da igual, pero si el Mar Menor se hunde, nosotros también nos ahogamos.

Solo una reflexión más, que creo recordar haber hecho antes. Si está joya marina estuviera situada en Madrid, Cataluña o Andalucía, por mencionar sólo algunas comunidades, estoy seguro de que otro gallo cantaría. Pero eso es pura especulación. La realidad es más cruel y evidencia que estamos más solos y dejados de la mano de Dios de lo que creíamos. 

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