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La Opinión de Murcia

José Luis Vidal Coy

Punto de vista

J. L. Vidal Coy

Una gran tomadura de pelo

Una imagen del Rey Juan Carlos. EP

Paradojas de la vida: hasta el PSOE, principal sostenedor de la monarquía borbónica española, considera que el ex rey debe dar explicaciones por sus pasadas conductas no éticas, sinvergonzonas, cínicas o, en caso de que se demuestre, ilegales. El desarrollo de todo el asunto, desde el día en que, tras abdicar en su hijo y continuador, Juan Carlos de Borbón se ausentó voluntariamente de España, aparenta ser una tomadura de pelo y, a ratos, un insulto (o un escupitajo en la cara, si se quiere) del ciudadano común.

Antes resultaba irrelevante que volviera o no: todo consistía en que explicara bien explicados, aunque fuera a distancia, sus tejemanejes monetarios, sus francachelas financieras con amiguetes y amantes y sus intercambios de favores vaya usted a saber con quién. Conviene recordar que, a pesar de que se archivaron de manera discutible, por no decir dudosa, las causas ‘prejudiciales’ abiertas sobre el señor Borbón, el fiscal jefe Anticorrupción, Alejandro Luzón, puso negro sobre blanco en su auto que había indicios de delitos fiscales, blanqueo de capitales y de cohecho.

Casi nada para un señor que encabezó durante unos cuantos años un país en Transición y que, si hemos de creer retrospectivamente lo escrito por el ministerio público, aprovechó su posición de privilegio para agenciarse un patrimonio nada desdeñable y mover dinero transfronterizamente gracias a sus prebendas y la impunidad que le otorgaba esa ‘inviolabilidad de la Corona’ convertida en escudo antimisiles para ocultar trapacerías, juergas, cambalaches con amantes y habría que saber cuántas cosas más.

Y, mientras tanto, su Sofía, a la que verá el próximo lunes, tragando sapos y culebras y manteniéndose fiel al «hasta que la muerte os separe». Humillante papel en grado superlativo para una mujer en tiempos de exaltación del 8M.

Choca muchísimo que la derecha de siempre (incluyendo a la cúpula del PSOE) siga dispuesta a llevar la pantomima al paroxismo, cerrando filas con la supuesta mientras no se demuestre lo contrario rectitud del heredero del ínclito y actual jefe del Estado español. Parece que la perspectiva histórica se ha perdido.

No hay más que repasar un manual de Historia que no haya sido escrito por Pío Moa, Ricardo de la Cierva o Guillermo Gortázar para reparar en que el triste pasado de la familia Borbón no es más que una sucesión de disparates golfos que les han acarreado repetida y sucesivamente la expulsión más o menos vergonzante de lo que los de siempre llaman ‘el suelo patrio’ que, para esa familia, no es más que un amplio corralito, un territorio vedado, una finca particular, un monte privado en el que ejercer y disfrutar de correrías sexuales, monetarias, financieras, fiesteras, taurinas, cazadoras, alcohólicas y depredadoras. En suma, un patrimonio estatal que pertenece a todos los ciudadanos, que no súbditos, convertido en lucrativo chiringuito.

Él se lo llevó, se lo guisó y se lo comió junto a su camarilla fiel y servil, desde aquella noche de febrero en que dudó y, al final, prefirió el caballo ganador al albo elefante para mantener trono, corona… y negocios.

En esas, el ex rey vuelve a regatear tras hablar por teléfono con su heredero Felipe estando ambos en un mismo país, tan democrático, respetuoso de los derechos humanos y avanzado como Emiratos Árabes Unidos, donde el padre encontró refugio para irse sin explicar su turbulento dossier y de donde vuelve sin aparente disposición a hacerlo. Así corresponde a una institución obsoleta y viejuna, que nadie ha votado, situada por encima del bien y del mal con la complicidad de la clase política tradicional: explicaciones, ninguna; excusas, muchas, y maniobras distractorias las que hagan falta. Por mucho que el Gobierno se lo recuerde al recién regresado, todo suena a tomadura de pelo.

Dios Salve al Rey. O, mejor, con hache: que lo afeite. Vale.

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