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La Opinión de Murcia

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Matar al padre Iglesias

Dice la sabiduría popular que no hay relevo real en una dirección hasta que quien se va deja de mandar. En nuestra historia reciente hay varios ejemplos: Pedro Sánchez y Zapatero se sobrepusieron a Felipe González; y Rajoy, a Aznar. Yolanda Díaz no llegará a ser líder mientras permita que el anterior siga creyendo que puede decirle lo que tiene que hacer

Yolanda Díaz y Pablo Iglesias. José Luis Roca

Un liderazgo no es tal hasta que no se mata al padre, una expresión tremenda y horrible que significa básicamente que en un grupo no hay relevo en la dirección real, hasta que el que se ha ido no deja de mandar, tratar de influir, teledirigir o, simplemente, mangonear, porque el nuevo líder se lo permite.

Tenemos ejemplos en nuestra historia reciente, Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero mataron a Felipe González, Mariano Rajoy hizo lo propio con José María Aznar; Pablo Casado, Joaquín Almunia no lo hicieron y ya sabemos cómo acabaron. La lección histórica es clara: nunca llegarás a liderar un espacio que ya tiene un líder.

El exvicepresidente y exlíder de Podemos, Pablo Iglesias, está trabajando con intensidad para ser el jarrón chino más incómodo que se recuerda. Desde plataformas diversas se encarga de forma diaria de enviar el mensaje pertinente sobre la cuestión del Gobierno o del partido que estime oportuno. Su presencia es tan cotidiana que pareciera que está empeñado en continuar siendo el líder elíptico de Unidas Podemos y el guardián de las esencias del Gobierno.

No solo se encarga de reivindicarse como el padre de la coalición, cosa que no haría falta, porque ese es un éxito político que no puede negársele, sino que lo repite tanto que pareciera que es él mismo el que no acaba de creérselo.

Como leches se llame, así bautizó al espacio político que está intentando fraguar su delfín. Sí, sí, su delfín. Yolanda Díaz fue nombrada por Iglesias como su sucesora indiscutible en detrimento de otras personas de su organización como Ione Belarra o Irene Montero.

Sin embargo, tan solo un año después de ese nombramiento, el mismo dedo que la nombró intenta aplastarla para que no crezca, como si el éxito de la líder gallega no fuera la última decisión acertada de Iglesias, sino una competidora que le hace sombra en lo que él parece considerar su partido, su cortijo.

Una líder social indiscutible. El liderazgo político no es un bastón de mando que alguien te otorga por delegación, sino un proceso grupal que conecta una persona con un grupo en un contexto determinado. Y, si se analizan las encuestas, Díaz supera en valoración a Iglesias (en sus últimos momentos) de forma arrolladora. Aprueba no solo entre su electorado, sino también en el socialista y en el de otros partidos como el PNV, ERC o Bildu. Díaz es una líder social indiscutible en su espacio político, no porque Iglesias la ungiera, sino porque se lo ha ganado por derecho propio, superando, como decía, a su mentor. Quizás esto es lo que es más difícil de digerir para Iglesias.

Díaz necesita matar a Iglesias y dejar de templar gaitas para consolidarse como la líder indiscutible de su espacio político, solo así podrá ser la líder del espacio de Unidas Podemos, incluso de la organización. Es la única persona con la autoridad, el conocimiento y la valoración suficiente como para capitanear un proyecto a la izquierda del PSOE con garantías en las próximas elecciones. Pero no puede dejar de obviar que Iglesias es ahora mismo su principal escollo, el macho alfa es solo una sombra de lo que fue, pero continúa considerando que es el único en posesión de la verdad, el único patanegra morado.

Señora vicepresidenta, no llegará a ser una líder mientras permita que el anterior siga creyendo que puede decirle lo que tiene que hacer.

PD: El machismo de Iglesias ha sido evidente en demasiadas ocasiones. No sería un mal final para su liderazgo que una mujer le pusiera finalmente en su sitio, en el pasado de la política española. 

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