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La Opinión de Murcia

Bernar Freiría

Pasado de rosca

Bernar Freiría

Piedra, papel, tijera

Muchos nos hemos preguntado cómo es posible que Rusia haya decidido emprender una guerra de invasión de la aparentemente pacífica vecina Ucrania. Y también nos interrogamos sobre el motivo por el que alguna gente que vive en Rusia no se cree los relatos de la guerra que les cuentan sus parientes desde Ucrania, cuando les dicen que viven prácticamente en refugios bajo tierra para sobrevivir a los inclementes bombardeos a los que están sometidos. «No es cierto, sólo bombardean objetivos militares», les corrigen el relato de lo que están viviendo —y muriendo— en carne propia desde la lejanía de San Petersburgo o Moscú.

Maxim Ósipov, cardiólogo y escritor ruso, ha abandonado su país tras el comienzo de la invasión rusa de Ucrania. Ósipov dice escribir historias para adultos y afirma que «los adultos muchas veces no necesitan y no quieren respuestas exactas». Para los adultos las preguntas son más interesantes que las respuestas. En su última colección de relatos, Piedra, papel, tijera pueden encontrarse más que preguntas, retazos de la desolación del alma rusa tras la caída de la Unión Soviética. Cada uno de la decena de cuentos que componen el libro es una manifestación de cómo en algunas ocasiones la literatura es maestra de vida. Lejos del relato sociológico o periodístico, son piezas maestras que bajo una apariencia leve e intrascendente llevan auténticas cargas de profundidad sobre la perplejidad de la sociedad rusa. De la que creyó y de la que en silencio abominó de la Unión Soviética. Esa misma sociedad que a veces busca nuevas certezas en algo muy parecido al fascismo. Lástima que sea un personaje tan siniestro como Putin el que esté sembrando certezas en las mentes de los perplejos postsoviéticos. Nosotros, como recomienda Ósipov, debemos contentarnos con las preguntas.

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