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La Opinión de Murcia

Enrique Nieto

Pintando al fresco

Enrique Nieto

La regla

La ministra de Igualdad, Irene Montero. Alberto Ortega - Europa Press

Puede ser que alguien piense que quién soy yo para hablar aquí de la regla, el periodo menstrual de las mujeres, pero el proyecto de ley que está a punto de aprobar el Gobierno sobre este tema ha abierto la veda de que todo el mundo opine sobre el tema, así que por qué voy a ser yo menos. Vamos, que me parece una buena idea meter la nariz en este asunto. (¿Pero, qué estoy diciendo?)

En primer lugar, es necesario explicar qué me he movido toda mi vida en una profesión en la que ser mujer o ser hombre, o ser lo que cada uno se sienta, no ha representado ninguna diferencia a la hora de trabajar, de cobrar o de ser considerado de un modo u otro. Me refiero, claro está, a la Enseñanza. Así que he tenido compañeras, que han llegado al instituto a dar sus clases con una barriga de embarazo de ocho meses, restregándola contra la pizarra al escribir con tiza para ilustrar sus explicaciones de los usos y desusos del artículo ‘The’, las oraciones de relativo, el átomo, las guerras Púnicas, las ecuaciones de segundo grado o dando nociones de edafología al personal asistente, exactamente igual que lo hacíamos los hombres, pero sin crío dentro. Y, claro está, cuando no estaban embarazadas, tenían la regla y recuerdo escuchar a alguien decirle a una compañera: ‘qué mala cara tienes hoy, María Luisa’, ‘y a ella responder: ‘es que estoy con la cosa, hija mía’, con cara de pena y cabreo al cincuenta por ciento. Algunas mujeres llamaban ‘la cosa’ a la regla.

En algún momento, también he sabido que una alumna estaba en esos días, sobre todo, cuando le he dado clase a chicas muy jóvenes a las que les gustaba dejar claro que ellas ‘ya tenían la regla’ mientras que algunas compañeras solo tenían acné. En esta situación, era bastante corriente que esa chica se acercara a su profesor, a mí o a otro, y le dijera, ‘¿puedo ir al baño?’, enseñando un poco de lo que llevaba en la mano, que podía ser una compresa u otro adminículo utilizable para el caso, dejando claro que ella ya era una mujer hecha y derecha por más que todavía se la notara la infancia a chorros.

Y también, profundizando en el tema, les diré que, cuando yo era joven y salía con chicas, era bastante corriente que alguna de ellas te sorprendiera cuando llegabas a una cafetería, tú pedías una cerveza y ella una copa de ginebra, así, a palo seco, y, si se terciaba, al rato pedía otra. ‘Es que estoy con la regla, hijo, y la ginebra es lo mejor para los dolores de tripa’, me decía, a veces con la lengua un poco de trapo después de los dos golpes que se había metido entre pecho y espalda.

Y todo esto viene a cuento de que si es realmente necesario que se legisle para que las mujeres que sufren unas reglas realmente dolorosas y inhabilitantes para ejercer su profesión tengan derecho a una baja médica, sin que eso condicione en ningún momento su idoneidad para un puesto de trabajo. Algunos empresarios, defendidos por sus tertulianos de cabecera, han dicho que eso puede pesar a la hora de contratar a una mujer, si es que va a faltar cinco días cada mes cuando tenga la regla.

Creo que este es un problema sacado fuera de contexto. Si una mujer, o un hombre, está enfermo tendrá su baja médica, por el periodo menstrual o por un callo infectado. Sé que hay mujeres que, en determinadas épocas de sus vidas, sufren unas reglas muy dolorosas y está bien que esto se reconozca en una ley, aunque, en Europa, no hay ningún país que tenga una legislación similar, porque esta circunstancia es considerada como cualquier otra enfermedad que pueda darse. Yo, al menos, no he conocido ningún caso en el que alguien obligue a trabajar a una persona que tiene un insoportable dolor de barriga. Así que, si estás mala, estás mala. Y te quedas en tu casa. Con ley o sin ley expresa.

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