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La Opinión de Murcia

Alberto Garre

Tribuna libre

Alberto Garre

Ex-presidente de la CARM

Putin y la Ley Garre

Putin se da un baño de masas en medio de la guerra en Ucrania

«Cuanti más echas más reacciona».

Mi padre, Alberto Garre Zapata, nació en la diputación de Camachos de Torre Pacheco el 7 de agosto de 1918, día de San Cayetano y San Alberto de Sicilia, competidor onomástico de San Alberto Magno, patrón de Ciencias Químicas, su vocación.

Hijo y nieto de molineros, agricultores y ganaderos, fue con 22 años el primer licenciado en la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad de Murcia, el 31 de octubre de 1940, siendo rector don José Loustau, conforme al expediente académico que me entregó su actual decano, don Pedro Lozano.

Durante varios años, hasta su licenciatura en Farmacia, permaneció como auxiliar de la cátedra de Química Orgánica que dirigía don Antonio Soler Martínez, padre del que fuese rector, don Antonio Soler Andrés.

Su ánimo investigador le llevó al proceso de destilación de alcohol a través del azúcar de la algarroba que desarrolló en el laboratorio de la facultad y trasladó a las destilerías Bernal de El Palmar, dando lugar al mejor brandy español, conocido como Constitución, que los que hemos crecido en el campo, por su olor y sabor, identificamos con el típico fruto mediterráneo de secano.

Durante su estancia en su facultad se hizo famosa, y todavía perdura, como tradición, la ‘ley del cuanti’ o ‘ley de Garre’: «Cuanti más echas más reacciona».

Con este vocabulario doméstico mi padre explicaba en lenguaje huertano cómo la reacción química es el proceso en el que la unión de dos o más sustancias químicas, reactivos, se transforman creando nuevos elementos, lo que se denomina producto, y que a mayor cantidad de reactivos, mayor producto.

Al utilizar el adjetivo ‘cuanti’ mi padre no hacía si no valerse de esa palabra asumida en la huerta para mejor comprensión de lo que explicaba. Díaz Casou, en su Cancionero Popular Murciano de 1900 y Vicente Medina en su obra dramática Lorenzo, de finales del siglo XIX, ya la habían utilizado.

La amenaza de Putin a la UE, concretada en la guerra de Ucrania, es el más triste acontecimiento bélico sufrido por los europeos desde la Segunda Guerra Mundial. Una reacción cuyo producto a todos nos afecta y a casi todos nos deprime y rebela.

Al concurrir tan nefasto acontecimiento con el 19 de marzo, Día del Padre, me vino a la memoria la ‘ley del cuanti’ o ‘ley de Garre’. Reflexionando sobre ambos hechos, llegue a la conclusión de que tenía la oportunidad de repudiar la barbarie rusa, apoyar la razonable reacción de la UE y, al tiempo, honrar la memoria de mi padre y de cuantos progenitores siguen educando a sus hijos en los principios y valores que nos hacen ciudadanos libres.

No cabe duda de que si la UE o la OTAN hubiesen activado su potencial de guerra, si hubiesen reaccionado participando militarmente en Ucrania (reactivos), el resultado de su intervención hubiese dado lugar a un efecto devastador mucho mayor (producto), no deseado por nadie.

Tampoco ofrece ningún reparo afirmar que el producto de esta guerra perjudica a todos, especialmente a ucranianos y a rusos, a Zelenski y a Putin. Pero mientras los primeros producen admiración, los segundos provocan irritación, y si el presidente de Ucrania seduce a propios y extraños en defensa de los suyos, el presidente ruso es considerado repelente hasta por sus conciudadanos. Putin es un esaborio, dicho con toda la contundencia del Diccionario Popular de Nuestra Tierra.

No es mucho suponer si afirmó que ni el economista Emmanuel Macron, ni los abogados Olaf Scholz y Sergio Mattarella, ni el periodista Boris Johnson conocen la ‘ley del cuanti’, pero afortunadamente vienen actuando como si la conocieran, no echando más leña al fuego si no intentando apagarlo, pues cuanto más echas más reacciona.

No quiero terminar sin un halo de esperanza. El 19 de marzo de 1939 nevó en el Campo de Cartagena, los lugareños decían que San José había enarbolado bandera blanca en nuestra Guerra Civil.

No cabría mejor dicha para todos nosotros, ciudadanos europeos, si se repitiera hoy, 19 de marzo de 2022, un acontecimiento similar de paz respecto a la guerra de Ucrania, con nieve o sin ella, pero sin bombas.

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