Decía un sabio que ninguna situación era tan, tan mala, como para no ser susceptible de empeorar. Cuánta razón tenía ese hombre. Si el contratiempo monumental del covid no fuera poco, con el tsunami que ha supuesto, nos faltaban los discursos extremistas, por un lado, de los que quieren que nos encerremos en un búnker sin salir, aunque se hunda el mundo, y por otro, los desvaríos negacionistas de todos los colores. Los unos, en modo catastrófico total. Que la humanidad se va a extinguir y que si el virus deja secuelas de todo tipo. Y los otros, en brote psicótico permanente. Que si nos meten imanes y chips en la vacuna, o que si el virus lo inventó Bill Gates. Cuánta gente desocupada, y además tonta. A estos últimos, a los negacionistas, he conseguido agruparles en varias categorías: los conspiracionistas que creen que todo es un negocio de las farmacéuticas, y los hitlerianos que sostienen varias teorías según las cuales el virus es un experimento para dominar a la raza humana.

Y luego en una categoría aparte están los antivacunas. Éstos, por si hicieran poco ruido, encima ahora tienen a un mártir. Toda causa necesita uno. El suyo es el tenista. No discuto el derecho del chico a hacer lo que quiera con su cuerpo y la vacuna. Qué le vamos a hacer si no quiere vacunarse, cada cual es libre. Y le doy la razón, al mil por cien, a él y a todos los antivacunas, en que la vacuna se ha ideado a marchas forzadas, y que a saber qué nos meten.

Pero una parte de mí confía en esos hombres y mujeres que integran la comunidad científica y que, por sorprendente que parezca, se dedican a estudiar y a investigar. «Hay gente p’a tó», que diría el torero, y mira, a éstos les ha dado por buscar una solución al coronavirus.

Que hayan aceptado el desafío de crear un remedio para esto, y que, milagrosamente, hayan acertado, a mí me parece algo grandioso. Digno de elogio. Y frente a los seguidores de Djokovic, no sólo no desconfío de la vacuna, sino que la llevo puesta, y mira, sigo viva.

Si esa comunidad científica ha sido capaz de entender el virus y de crear un remedio, defectuoso, muy perfeccionable y que hay que reponerlo cada varios meses, pero que hace que resistamos al virus, y que no nos muramos, yo lo que digo es que viva la raza humana, capaz de sobreponerse a esto, de buscar un modo de resistir al coronavirus y de luchar contra él.

Quieran los antivacunas o no, en la Historia se recordará que los científicos actuales se sacaron de la manga un remedio al coronavirus en tiempo récord y con medios limitados, pero que logró resistir las sucesivas olas. Invita a pensar que siempre saldremos adelante.

Soy consciente de que quizá sea mi optimismo desbordante lo que me hace ser tan positiva, pero reconóceme que es un logro sin precedentes, y que es de locos pensar que sea un complot para acabar con la humanidad.

Si la Comunidad científica idea y elabora la vacuna, y los ciudadanos nos la ponemos, entre todos habremos superado el virus.

En este momento, ese es el frente que tenemos abierto, el de que todos rememos en la misma dirección. Mientras haya un grupo de personas, aunque sea minoritario, que no se vacune, y que permita al virus irse adaptando al organismo humano, modificándose continuamente, iremos siempre por detrás. Ahora mismo ese es el problema que tenemos a nivel global: en el mundo desarrollado vamos por la tercera vacuna, y en el tercer mundo casi nadie la lleva.

Vayamos todos a una, rememos todos en la misma dirección, por una vez.