Antes de la pandemia, desde el Sindicato Médico CESM Región de Murcia denunciamos que la ratio de médicos por 100.000 habitantes en la Comunidad Autónoma estaba por debajo de la media nacional. El informe de demografía médica elaborado y publicado por la Organización Médica Colegial determinó, en el año 2018, que la media nacional estaba situada en 475 médicos por 100.000 habitantes y que la Región de Murcia registraba solo 450. Igualmente, en los años previos a la emergencia sanitaria por covid19, desde el Sindicato Médico pusimos de manifiesto que la necesidad de médicos en la Región de Murcia ascendía a 500 facultativos, de los cuales 150 tenían que ser especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria; 100 pediatras y 250 entre las distintas especialidades hospitalarias. 

Durante años, contemplamos con escepticismo fotografías y anuncios (propiciados por el Servicio Murciano de Salud) en los que se vendía el gran esfuerzo del personal sanitario que se contrataba en verano o en la época más cruda de la epidemia anual de gripe.

Y hablo de escepticismo porque, paralelamente a esos anuncios, si analizábamos los grandes números que facilitaba la Administración en referencia a la contratación de personal sanitario para ofrecer una mejor asistencia, el número de médicos era tan minúsculo que no merecía ni ser mencionado o, directamente, brillaba por su ausencia.

Desde el año 2010 en adelante, los recortes en Sanidad se convirtieron en una dura realidad que afectó a todos: población y profesionales. Los ciudadanos asumieron que la Sanidad pública no era sostenible a base de miles de mensajes lanzados por las Administraciones para convencerlos de ello y la sociedad, en general, se resignó a convivir con listas de espera inasumibles. 

Durante años, desde las organizaciones profesionales hemos intentado desmontar esta falacia con escaso éxito, ya que la sostenibilidad de la Sanidad pública depende de la inversión que se le aplique y la mayoría de los países de nuestro entorno tiene un presupuesto superior al nuestro. De hecho, lideramos el ranking mundial en eficacia, es decir, conseguir buenos resultados con el menor presupuesto. 

Pero no solo los pacientes sufrieron los recortes. Los médicos nos tuvimos que acostumbrar a trabajar con sueldos recortados durante décadas, a plantillas congeladas, a tasas de reposición en las Ofertas de Empleo Público, a la falta de sustituciones durante bajas y periodos vacacionales, a ver pacientes en tres minutos como quien trabaja en una cadena de montaje, como si no atendiéramos a seres humanos… 

Obviamente, la calidad asistencial se resiente. Con unas listas de espera fuera de control, algunos pacientes acceden al médico cuando ya es tarde para solucionar su problema de salud, pero la consigna de que la Sanidad pública no es sostenible ha calado demasiado.

Cuando llegó la pandemia, el Servicio Murciano de Salud repitió su guion bien aprendido de años anteriores: contrató miles de profesionales como refuerzo de las plantillas y, como siempre, el número de médicos fue escaso o nulo. 

A nivel nacional, la situación fue muy similar: los políticos repitieron el mantra de que ‘no hay médicos’ y se lanzaron a elaborar decretos que facilitaron que hasta los estudiantes de Medicina pudieran atender enfermos.

Cuando las organizaciones profesionales les trasladamos soluciones, como mejorar las condiciones laborales para atraer médicos, simplemente no somos atendidos ni escuchados. 

Tenemos que recordar que en la Región de Murcia partimos, año tras año, de un presupuesto sanitario ficticio. La Sanidad regional se presupuesta con un déficit inicial ya sabido de entre 300 y 400 millones de euros, lo que supone que todos los años la Sanidad “gaste” más dinero del que se le ha presupuestado y que, además, se considere la partida que todos los años mantiene en una situación de déficit a la Región de Murcia.

Si encontramos y contratamos a los médicos que realmente necesitamos para atender a la población de la Región, empezando por el refuerzo real y efectivo de una Atención Primaria que también ha llegado a generar listas de espera, nos encontraremos con un déficit mayor de un presupuesto al aumentar el número de profesionales. 

Sin embargo, se contrata a miles de profesionales de otras categorías (también necesarios) y llegamos a una encrucijada: aunque tengamos plantillas completas de todas las profesiones, ¿pueden funcionar los quirófanos sin cirujanos ni anestesistas? ¿Pueden funcionar los centros de salud o las urgencias extrahospitalarias sin médicos de familia o sin pediatras? ¿Pueden funcionar los servicios de Radiología sin radiólogos? 

La aplastante realidad es que no. Las listas de espera aumentan por la falta de médicos y esto se soluciona contratando médicos, ya que otras profesiones no pueden sustituir a los facultativos. En un trabajo de equipo como es la asistencia sanitaria, si falla una pieza, nada puede funcionar. 

Partiendo de la base de que todas las categorías pueden tener déficit en sus plantillas, el tapón está en la categoría médica y mientras esta problemática no se aborde, difícilmente se podrá reducir el incremento de las listas de espera. 

La sociedad acoge con entusiasmo la contratación de profesionales en Sanidad, ya que de ello percibe que se les presta una mayor atención, sin entrar a valorar qué profesionales han sido contratados, ni dónde, ni para cuánto tiempo ni en qué condiciones. 

Por otro lado, existe otra falacia y es que los médicos «salen muy caros porque ganan mucho», así que para las cuentas regionales es mejor no tener que contratarlos. 

Y digo que es una falsedad porque la atención continuada (las conocidas guardias médicas) es un sistema muy económico para la Administración: con una plantilla pequeña de facultativos se ofrece cobertura sanitaria 24 horas los 365 días del año. Además, estas horas no están consideradas horas extra, sino que se abonan con un importe inferior al de la hora de trabajo ordinaria, así que la ganga es completa. 

A día de hoy, hay pacientes que esperan ya un mes para poder ver a su médico de familia; hay citas con especialistas previstas para dentro de dos años en algunas áreas de salud; los centros periféricos se van vaciando de médicos… pero el Ejecutivo regional no contempla ofrecer contratos estables a los médicos, con los incentivos suficientes como para que quieran permanecer en la Sanidad regional.

Y, nosotros, mientras tanto, nos preguntamos: ¿Quién gobierna esta barco? ¿hay rumbo o travesía marcada o vamos a la deriva esperando no estrellarnos contra el arrecife?