De dónde saca pa’ tanto como destaca, decía un famoso cuplé del siglo pasado que hoy día se podría adoptar para los Ayuntamientos que por estas fechas están como locos en una carrera desenfrenada por poner las luces navideñas. En el caso de la capital de la Región las cifras dan vértigo si se atiende a la falta de fondos de las arcas municipales, que tendrán que preparar más de tres millones de euros para el disfrute de poco menos de un mes. Y eso sin contar con el famoso pino o árbol de la Redonda que costará, incluyendo actividades bajo sus luces, unos 700.000 euros. En total, cuatro millones de euros para dar colorido a la ciudad y las pedanías durante dos ejercicios.

Las cantidades no son nada desdeñables para una economía, la municipal, que debe mirar con lupa el gasto a realizar. De hecho, el servicio de Recaudación del Ayuntamiento de Murcia anda estos días viendo a ver de dónde puede rebañar unos euros para dar liquidez a una hacienda local que aún debe dinero a los funcionarios, algunos de los cuales se han visto obligados a poner de su bolsillo cantidades nada despreciables para que una determinada acción pueda realizarse.

Es el eterno debate de siempre. Financiamos lo superfluo por inercia, porque es lo que toca, porque el temor a hacer algo diferente (que pueda restar votos o enfadar al respetable) paraliza iniciativas más verdes y sostenibles, porque la oposición quiere la continuidad como acción de gobierno para poderla criticar o para apuntarse el tanto, porque el tiempo es una máquina que nos arrolla y no deja lugar a reinventarse o porque, simplemente, estamos atados a un estilo de vida y de consumo con el que es más difícil romper de lo que uno cree.

Sea como fuere, un año más el municipio se prepara para recibir sus luces navideñas con polémica y gresca de los populares que no consideran suficiente lo planeado, un furor navideño que no siempre tuvo el PP y que entienden que es un reclamo para el comercio local, cuya inversión está más que justificada, según sus planteamientos. Ese comercio que ellos mismos dejaron abandonado durante lustros con la emigración a los centros comerciales y que aún no ha remontado.

Esos cuatro millones de euros podrían ir a hacer campañas y acciones conjuntas con los establecimientos comerciales durante todo el año, y no solo en Navidad. O podrían ir encaminados a construir más carriles bici, revegetación de espacios naturales, sombraje con árboles y no con toldos en los colegios y jardines, climatización en los centros escolares y otros proyectos enunciados por los escolares en el pleno infantil celebrado el pasado viernes. Da cierta envidia comprobar que hay niños y niñas de primaria que si mandaran serían mejores políticos que algunos de los que se sientan en las bancadas tras las elecciones municipales.

Como lo inevitable está por llegar, es decir, que el Ayuntamiento sucumbirá ante las luces navideñas, sería deseable, tal y como han pedido una vez más los ecologistas, que estuvieran solo conectadas del 15 de diciembre hasta el 6 de enero, y se apostara por tenerlas encendidas las menos horas posibles dentro de este espacio temporal para evitar despilfarro. Murcia, que sufre una contaminación galopante con las quemas, el tráfico, etc., agradecería un recorte en las emisiones de CO2 esta Navidad con una merma de tiempo en la iluminación del casco y de pedanías, y con más luces ecológicas. Por soñar que no quede: en Tokio, una megaurbe con una de las iluminaciones navideñas más imponentes del mundo, en ciertas zonas abastecen de energía esas luces con aceite de cocina residual que reciclan los vecinos y con energía renovable de origen solar y eólico.

Ciencia ficción para los murcianos. Por nadie pase.