La ideología de un movimiento suele tener en su centro un núcleo muy sencillo. El del golpe del 18 de julio de 1936 está bien claro en el argumento básico para fusilar a los que no lo secundaron: eran reos de rebelión militar por no haberse rebelado contra la República. Ese increíble juego de trilero, y las muertes con las que apuntaló la nueva ¡verdad’, fue la piedra sobre la que Franco levantó su régimen. Ahora vemos que un sector de la derecha española va dando pasos, uno tras otro, para recomponer esa historia, que el discurso de la transición había cancelado. Si la dirección del PP piensa que ese jardín salvaje que va creciendo en sus márgenes es asunto menor, se equivoca. Todos los fascismos surgidos en Europa en la segunda y tercera década del siglo XX tienen una entraña parecida: un salto a la dictadura a partir de la supuesta ilegitimidad de ejercicio de la democracia. 

Con un año de retraso por razón de la pandemia, la nueva Cumbre Mundial del Clima arranca este fin de semana en Glasgow (Escocia). Se trata de la reunión número 26 de la Conferencia de la Partes (COP) de la Convención Marco de Naciones Unidas contra el Cambio Climático. Algunas otras COP de este Convenio se han hecho famosas, como la COP 21 de 2015, que adoptó el trascendente Acuerdo de París, o la COP 3, que alumbró el muy conocido e inicial Protocolo de Kioto. 

Hasta el 12 de noviembre en Glasgow, dirigentes de todo el mundo se reunirán e intentarán, una vez más, avanzar en los acuerdos y las políticas que sirvan para frenar el calentamiento global. Las condiciones para el mercado de carbono serán uno de los más importantes temas encima de la mesa, junto con otros tantos de los que dependen en buena medida el futuro climático de planeta. En la reunión, estoy seguro, se mostrarán otra vez los enormes intereses que hay en juego y que dificultan los avances, y se escenificarán, reiteradamente, las escenas clásicas de la política, de la imagen, de las diferencias norte sur, de los vasallajes económicos a las grandes corporaciones, de la valentía de unos pocos y del conservadurismo de muchos.

En esta reunión de Glasgow la UE jugará el papel de locomotora de las políticas contra el cambio climático, aunque veremos a ver con cuánta profundidad y cuánto éxito. Y también en Glasgow se volverá a ver la fuerza de la sociedad civil, que también estará representada en la Cumbre y que será una muestra de la movilización que ya se percibe en la opinión pública mundial a través del acuerdo ciudadano sobre la necesidad de actuar ya por el clima.

Ahora sí que toca que los dirigentes mundiales y las grandes empresas que se verán las caras en Escocia respondan en serio al reto planetario. Y para eso tiene que continuar la presión global de la opinión pública, desde la local a la planetaria, para obligar a los poderosos a que trasciendan de las palabras a los hechos.

Porque, sin duda, el cambio climático es el principal de los retos con que se enfrenta la humanidad desde este primer cuarto del siglo XXI. No es exagerado, no lo duden. Es tanta ya la certeza científica, son tantos los indicios, los datos, los informes, las pistas y las comprobaciones, que sería suicida no encarar en serio las causas que harán del calentamiento global el factor que en las próximas décadas más problemas nos va a generar a todos a escala planetaria. En cualquier lugar y a cualquier escala. A ricos y pobres. A países del norte y del sur. A zonas costeras e interiores. A algunos de forma más obvia (pobres, del sur y costeros, para no variar), y a otros de manera más indirecta. Pero en cualquier caso siempre de forma clara, evidente y drástica.