Me gustan esas obras de teatro en las que nunca se sabe cómo va a terminar la cosa, porque el propio público toma parte de la acción, se implica y se entremezcla con los personajes, aunque sean unas performances que a mucha gente les ponga muy nerviosa. En el cine ocurre otro tanto, hay directores magníficos que dejan hacer a los actores, a los que les dan unas orientaciones, los ponen en situación y los dejan improvisar, no son malos directores, sino que tienen la convicción de que los artistas tienen tanto que aportar que los proyectos, previamente concebidos, mejoran cuando das libertad a quienes actúan, como hizo Scorsese con De Niro, que improvisó frente al espejo su mítico monólogo de Taxi Driver.

No quiero decir que la improvisación sea la mejor receta para andarse por la vida, sino que no se consiguen los mejores resultados si todo está excesivamente controlado y previsto. Pasa en la vida sociopolítica y pasa en la cultura, que nos creemos que lo mejor y más rápido es que uno programe y los demás aplaudan, sin perder demasiado tiempo en debates, ni toreando propuestas inconvenientes y peregrinas, más o menos ocurrentes. 

Hoy está muy feo defender en público aquello de «todo para el pueblo, pero sin el pueblo», pero ocurre que esta premisa del despotismo ilustrado sigue siendo una tentación en la que caen, con disimulo, de arriba abajo todos en la cultura. La democracia no es solo un sistema de reglas y procedimientos y una más o menos teórica división de poderes, la democracia se encarna cuando la gente tiene la posibilidad de votar, de elegir y, a la vez, de participar en la cosa pública. Nadie se va a declarar en contra de esto, pero luego, a la hora de llevarlo a la práctica, hay que ser muy buen director o muy buen político para aceptar el incordio de dar libertad de actuación y participación. 

Hace seis años, Cartagena asombró al mundo con el Congreso ‘Cartagena, Cultura y Municipio’, que reunió durante un fin de semana a más de quinientas personas del mundo de la cultura, las artes y la educación en el Auditorio El Batel. Fueron unas jornadas magníficas donde se trabajó en comisiones sobre los temas y las demandas del sector. De allí nacieron muchas iniciativas y propuestas y se instituyó un estupendo órgano participativo: el Consejo Municipal de Cultura, un órgano participativo que por fin daba la posibilidad de que las gentes de la música, el teatro, las artes plásticas, el cine, la fotografía, el medio ambiente, el patrimonio, etc. se implicasen en las decisiones y actuaciones municipales. Aquello no fue una ocurrencia ni un brindis al sol, sino que era una respuesta a una necesidad y a una demanda, en la línea de muchas experiencias en España y en el mundo que ya avanzan en esta línea.

La pregunta es: ¿Está cumpliendo su función? ¿Está respondiendo a las expectativas creadas o puede quedar sólo en una declaración de intenciones? En su día ya dije que había que felicitar al Ayuntamiento de Cartagena por esta iniciativa y creo que este proyecto merece la pena, hay que cuidarlo, regarlo, abonarlo y podarlo, pero sobre todo hay que creer en él, aunque a veces nos parezca un incordio mucho más lento que ir cada uno a lo suyo o que tomar decisiones sabias, rápidas y unipersonales. 

El Consejo Municipal de Cultura de Cartagena está organizado en comisiones y me consta que algunas están funcionando mejor que otras, pero a lo que no debemos dar lugar es a que la gente se desilusione y se encierre en casa. Es cierto que la pandemia no ha ayudado mucho, pero hay que evitar dar la impresión de que todo sigue igual y que los responsables de cultura siguen tomando sus decisiones en la soledad de sus sabias conciencias. Dar participación a la gente no es sólo para ser más modernos y guays, es para que las decisiones sean más acertadas, mejor acogidas y con más colaboración para llevarlas a cabo. El proceso que dio lugar a aquel encuentro de Cultura y Municipio, los debates y las conclusiones son una hoja de ruta que, en su mayor parte, aún sigue inédita y no puede caer en papel mojado. 

Un ejemplo magnífico de que la participación en la cultura municipal es posible y positiva lo tenemos en las Jornadas de Tradición y Cultura Popular que está organizando la Universidad Popular de Cartagena en las diputaciones del municipio. El pasado fin de semana, en Pozo Estrecho y La Palma, más de treinta colectivos y asociaciones culturales y vecinales han conseguido realizar un encuentro histórico, todo un éxito de participación con decenas de actividades, talleres, rutas, visitas guiadas, exposiciones, representaciones y conciertos, cultura viva que da ejemplo de por dónde hay que avanzar. 

Lo mismo ocurre con otras de las mejores experiencias en la cultura en nuestro país: el festival Mucho Más Mayo y Cartagena Piensa, directamente surgida de aquellas jornadas de hace seis años y que está suponiendo toda una revolución en la cultura local, con decenas de propuestas, charlas, conferencias, presentaciones de libros y mesas redondas, sobre temas de cultura, medio ambiente, ciencia o actualidad. Es verdad que detrás de estas actuaciones hay magníficos técnicos municipales como Pepe Macián, Pilar Marcos (qué buen fichaje de la UP) o Patricio Hernández (nunca suficientemente valorado como gestor cultural), pero lo mejor de ellos es que, además, son buenos promotores, animadores y generadores de participación, expertos en crear equipos e implicar a gentes de la cultura. Ya quisiera uno que otros ámbitos como las artes plásticas o las artes escénicas estuvieran tan bien dirigidas con técnicos a su altura. 

Creo que es el momento de retomar el proyecto de la participación en la cultura con fuerzas renovadas. Cartagena aún puede ser un ejemplo para la cultura regional, tal como dijo Ana Belén Castejón en la inauguración de aquellas jornadas de 2015, y para ello no hemos de dar lugar a que la gente tire la toalla, se busque la vida por su cuenta o pase de reuniones donde «se garbilla agua pero no sacamos nada en claro, porque los políticos hacen y deshacen sin contar con nadie», como un compañero se lamentaba estos días. No está mal que Cartagena vaya a dar próximamente los Premios Municipales de la Cultura, está bien esta visibilización para el sector, pero además de este reconocimiento, sin aporte monetario, hay que volcarse en actuaciones efectivas de apoyo al gremio cultural, al seguir dándole la palabra y hacerle caso, claro.

Me acabo de enterar de que el martes próximo hay en El Batel un Foro de Actualidad y Reactivación del Sector de la Cultura en Cartagena; sonar suena muy bien y veo que puede generar un interesante debate. Espero que no quede en declaración de intenciones y en otra magnífica reseña periodística. Es hora de mirarnos en el espejo y corregir. El mundo se va al traste y no lo podremos evitar ni con una democracia meramente formal ni con una cultura de la pose, selfie y propaganda. 

La cultura es algo más. Es complicado, pero la participación es el único camino y aún nos queda mucho que andar. Sí, te estoy hablando a ti.