Rafael Chirbes se equivoca acertando sobre Pérez Reverte. O acierta equivocándose. El extinto novelista valenciano tiene unos diarios, que se acaban de publicar, acerca de la novela sobre Trafalgar del escritor cartagenero. Y es demoledor. Sucede, en mi opinión, que equivoca el metro de medir a Reverte. Con la novelística de Pérez Reverte estamos ante una cierta versión de aventuras de Verne o Salgari, sin que haya más concomitancia entre los tres. En los tres casos estamos ante Literatura No Sapiencial. Y eso es lo que echa de menos Chirbes en Reverte. De haber sido al revés, acaso Chirbes saliera igualmente trasquilado por el escritor cartagenero. 

Reverte es un fruto tardío, como tanto otros, en la literatura española. Los aciertos europeos se reflejan en España al cabo de tiempo y tiempo. Reverte es, mutatis mutandis, Verne, Salgari o Dumas. Ya lo dijo Menéndez Pidal: una de las características de la literatura española es esta de los frutos tardíos. 

Chirbes no ha entendido la dimensión literaria de Reverte, y la juzga con parámetro equivocado. Baroja y Azorín tampoco aceptaban la literatura de masas de Blasco Ibáñez. Algunos dicen que también envidiaban sus éxitos de venta. Pero, vaya usted a saber. Miguel Espinosa, ejemplo paradigmático de Literatura Sapiencial, en el género novela, ya dejó dicho que «las novelas no deben contar historias». El novelista, según él, debería ir a lo ontológico de la narración y los personajes. 

Reverte es novelista fenoménico, si se me permite la expresión. Con todo, en Reverte hay más ‘sapiencialidad’ que cualquier otro del grupo señalado. El novelista cartagenero ha dado en un personaje, postquijoteño, pleno de derrota y dignidad: el héroe cansado, que ha dicho la crítica. Y repite el modelo, cambiando épocas, apariencias y derroteros argumentales varios. No interpreta la realidad. No tiene ideología, más que la del individualismo extremo que profesa él mismo y sus protagonistas. No señala el ser, que suponemos diría Miguel Espinosa.

Pero, bueno, y qué. Chirbes se desmarca de la novela revertiana de la superficialidad ontológica. Y pretende que no debe haber más novelar que el suyo y los que, de mil maneras, siguen su misma senda. Y no es así. La novela es un abanico de posibilidades muy abierto. Lo ideal sería que cada cual siguiera su camino respetando al resto. Los criterios para analizar cada novelística son específicos. Con todo, cabe afirmar que Reverte es ameno. Muy ameno. Condición que Cervantes respetó lo mejor que pudo.

Así que, Chirbes sí, y Reverte también. Pero no mezclemos churras con merinas.