No hay mañana en la que no busque por el retrovisor el 2HP de las monjas a la altura de Fontainbleau, el Peugeot del ingeniero o al niño rubio del Simca jugando con su autito en los asientos traseros. Casi que voy a hacer acopio de agua y tabaco para mercadear en el próximo atasco, que estamos rozando la hora perdida. La circunvalación de Murcia es todos los días la Autopista del Sur de Cortázar en mi imaginario vital. Los embotellamientos son otro regalo postpandémico perceptible y estresante que nos devuelve a otras épocas o a otros días. Hay atasco todos los días de la semana. A todas las horas de la mañana. Aún no he probado a las seis, pero desde las siete y hasta pasadas las nueve Murcia es un coche detrás de otro. Ver el semáforo allá adelante en verde y no avanzar, aquella canción madrileña de la que presumíamos no saber nada, suena con fuerza todos los días. Y no es cosa mía, que es tema de debate en cafés y tertulias. Bienvenidos a la gran ciudad, dicen. Hace un par de años ya éramos gran ciudad y no pasaba esto. No sé cuál será la causa de este efecto, pero es evidente que hay más tráfico que nunca.

¿Será cierto que ya no podremos decir nunca más que aquí todo está a quince minutos? ¿Será el final del paso maristero? Los que estudiaban en Maristas del Malecón tardaban quince minutos siempre, desde cualquier punto de Murcia. Para que esa regla se cumpliera habían desarrollado un paso marcha que levantaba las hojas secas. Velocidad calculada. En eso era el Maestro Luis Losana. Porque es, o era, ley murciana que aquí no hay nada a más de quince minutos, coche incluido. Hasta mi querida Aurora Gil ha dejado de coger el coche para ir al Corte Inglés, otro de los deportes preferidos del murciano del siglo XX. Bemoles, le dice el jambo que vino a matar al tiburón a Paul Newman en El Golpe. Que no tiene bemoles. Bemoles tiene que lleguemos al siglo XXI dando pasos atrás en el recurso más valioso que tenemos: el tiempo. Hemos perdido tiempo, que no diría Viva Suecia.

Resignación, eso sí. Más tiempo con los peques en el coche, ese lugar donde se puede hablar con ellos sin escapatoria, y mucho juego con los espejos y la fila buena. Elegir el coche con el que medir si avanzamos o si es mejor que no compremos el cupón ese día. Y recordar siempre la Autopista del Sur, que al menos la imaginación nos salve de que lleguemos a la oficina y el objetivo principal sea calmar los nervios antes de empezar un día entero de curro. Sí, hasta ahora no teníamos este problema, o era puntual. ¿Qué pasa? ¿Qué haremos? Coger más aire cuando se pueda, que para eso estamos vivos.

Ánimo en las Autopistas del Sur de todos los días, y si no han leído el cuento, háganlo que les dará un respiro. Vale.