Poco podía imaginar el que fuera alcalde de Murcia a finales de los ochenta y al principio de los noventa, José Méndez, que su acuerdo con ‘la IU de entonces’ para la formación de las juntas vecinales (llamadas posteriormente juntas municipales) iba a dar tanto que hablar lustros después y que los pedáneos (rebautizados presidentes de las juntas) se convertirían en figuras tan importantes para la Glorieta.

Ese pacto, que permitió a los socialistas seguir ostentando el bastón de mando hasta la llegada de Miguel Ángel Cámara, y que llevó a los vecinos de las pedanías a tener su propio alcalde, hizo que el tablero político se animara. Mucho ha llovido desde entonces y mucho ha sido el trabajo aportado por los pedáneos que, de forma altruista, cogen el timón de sus territorios pese a conocer lo ingrato de su tarea.

No ha habido ningún concejal, del signo político que fuere, que no haya intentado imponer su criterio a los alcaldes pedáneos, una lucha casi titánica que, prácticamente en todos los casos, ha acabado con el edil dando marcha atrás debido a la idiosincrasia de estos territorios y a las peculiaridades de las personas que representan en cada zona al Ayuntamiento de Murcia. Desde el concejal Francisco Porto, al que incluso le llegaron a llevar una cabra a la Glorieta como señal de protesta, hasta Cristóbal Herrero, José Guillén y Marco Antonio Fernández han trabajado con sus respectivos equipos para introducir cambios en la gestión de las juntas municipales y modificar la forma de actuar de los pedáneos.

Los populares salieron escaldados en más de una ocasión y parece que ahora le toca al nuevo Gobierno de coalición que pretende dar una vuelta de tuerca a cómo se contrata en las pedanías, lo que elevará la crispación con los vecinos. La concejala de pedanías, Ainhoa Sánchez, que ha sido pedánea de Aljucer, ha revolucionado la ‘paz’ de estos territorios, que ya se encuentran un tanto alterados por las mociones de censura que se van a presentar a raíz de la llegada al poder del socialista José Antonio Serrano.

Y lo ha hecho con una comunicación enviada a distintos administradores y presidentes de juntas municipales, que deben comenzar a dar cuenta a la Glorieta de todo lo que pretenden contratar para que un técnico se lo autorice y cuantifique, un trámite que puede llevar su tiempo (el temor de los pedáneos es precisamente que se alarguen durante semanas los arreglos pendientes y urgentes) y que puede llevar a elevar la crispación vecinal y la confrontación entre las pedanías.

La razón es que la Intervención General del Ayuntamiento en un informe afirma que las juntas no hacen las cosas bien, un argumento que lleva años esgrimiendo y no solo para las pedanías. También para distintos departamentos municipales que aún siguen cometiendo los mismos errores señalados por el servicio fiscalizador.

La cosa ha llegado a un punto que en la nueva consigna dada a los pedáneos parece que deberán incluso hacer fotos y mandarlas a la Glorieta cuando compren cualquier suministro para colegios, centros de mayores, etc. Y no vale cualquier imagen. En la instantánea deberán aparecer el receptor de la prestación y los objetos comprados por la junta municipal. Los populares han puesto el grito en el cielo, pero los socialistas también están alterados con las nuevas órdenes. Incluso hablan de golpe de estado de la Glorieta y de que les quitan prácticamente todas las competencias. «Nos quieren dejar para las fiestas y las procesiones», se lamenta uno de ellos.

El Gobierno local se ha dado un tiro en el pie y tarde o temprano tendrá que reunir a todos los pedáneos y consensuar con ellos la forma de gestionar los presupuestos de la manera más adecuada. Escucharlos, darles información y establecer unos criterios únicos para que no impere el libre albedrío. Y quizá, por qué no, hablar del fleco que quedó pendiente en ese pacto de Méndez con IU, que no es otro que la elección directa del alcalde pedáneo. Por nadie pase.