No le tengo miedo a la muerte, al menos a la mía. Siempre he pensado que me iré de este mundo joven, contando con que ahora soy un bebé cuarentón. Para entonces podré elegir pastilla roja o azul, y listo, habrá sido un placer, háganme un grandísimo alboroque, vayan de bar en bar brindando, contando anécdotas que compartimos juntos y tiren mis cenizas al Monte KobetaMendi en Bilbao y al Mediterráneo en Garrucha. Nací el día de los muertos, y si algo tengo claro es la importancia de celebrar la vida compartida cuando alguien se va.

Hace unos días recibí uno de esos mensajes que emocionan por muchos motivos. L. forma parte de mi vida desde que soy una niña, se está despidiendo de un ser querido antes de su marcha, y no puedo dejar de pensar en ella. Les invité a subir al tejado cada día para hablar de la vida, y morir también forma parte de ella.

Si hay algo que me produce angustia desde hace muchos años es no poder tocar y oler cuando la gente a la que quiero se vaya, por eso me meto en la cama con mamá antes de levantarla y pego mi nariz a su cuello, mientras me la como a besos, o aunque papá no se deje mucho, le cojo de la mano mientras estamos sentados en el sofá, viendo alguna película que le gusta. No hemos sido una familia de abrazos y besos, por eso creo que me encanta abrazar, tocar y tener a mis personas favoritas cerca, cuando estoy con ellas.

A veces sorprendo a mis padres cogidos de la mano, algo insólito hace años y, sin embargo, ahora, en cuanto a uno de los dos le pasa algo, se produce la magia, me regalan imágenes, sin que ellos lo sepan, que me guardaré para siempre. Sus manos cogidas mientras se hacen una caricia, el contacto, el miedo a la pérdida, al vacío sin el otro después de una vida compartida.

Nos atrapamos en chorradas y un día todos seremos L, tendremos que decir adiós y dejaremos de tocar y oler a nuestras personas favoritas. La vida me ha enseñado la importancia de las cosas sencillas y a despojarme de lo que me resta. La vida me ha enseñado a tocar, oler, decir te quiero y vivir el presente. El futuro no existe, ya lo decía Pau Donés, vivamos el ahora para que cuando llegue el día sepamos hacerlo tan bien como lo está haciendo L.