Opinión | Manzanas del paraíso

Rafael Hortal

La diva

Flamenca Atenea dominando a Pan.

Flamenca Atenea dominando a Pan. / Inma Escudero

Se buscan actores y actrices». Así, a secas; un titular tan sencillo que hacía sospechar lo peor. Esa es la idea que quería provocar el director del proyecto Sin taparrabos. En la letra pequeña del anuncio se explicaba que buscaban personas capaces de enfrentarse a escenas sexuales de ficción (especificaba que no pornográficas) y superar pruebas de interpretación y atléticas.

Sin taparrabos era un proyecto de Harby Vein, conocido en el mundillo de Hollywood por su procacidad sexual y por sus pelícucensuradas por la Federal Communications Commission (FCC).

En 2020 se restauró la película Tarzán y su compañera (1934), volviendo a incluir la escena de dos atletas olímpicos nadando desnudos en un lago: Johnny Weissmuller y Josephine McKim, que sustituía en esa escena a Maureen O’Sullivan, la eterna Jane, compañera de Tarzán, con el que tuvo un hijo (caído del cielo, sin explicación). Eso fue el detonante para que Harby escribiera el guion de Sin taparrabos, un homenaje a las famosas películas donde el presupuesto de vestuario era muy escaso: La isla virgen, Hace un millón de año, El lago azul, El señor de las bestias y muchas más en las que el espectador soñaba con ver algo debajo de los taparrabos.

—Harby, nos van a demandar como sigas haciendo estas pruebas de casting —le dijo Margot, su asistente.

—Me da igual, más publicidad para la película. El que no se desnude no sale en mi peli.

—¡Pero ya has visto a más de cuarenta actores y ninguno te convence!

—Al menos los dos protagonistas deben ser idóneos para todo, perfectos.

Las pruebas de casting estaban en la fase final, sólo quedaba la prueba de físico de la actriz. Debían entrar en la sala con un taparrabos, Harby se lo arrancaba y observaba la reacción. Dolores Rodríguez entró en la sala, descalza, con un pañuelo a modo de sujetador y un minúsculo taparrabos anudado a los lados.

—Dolores Rodríguez, está preseleccionada para el papel principal —dijo Harby levantándose de la silla.

—No se acerque, por favor. —Una chica le había contado que Harby, en la prueba, le arrancó el taparrabos y la toqueteó.

—¿No te has leído el guion? —elevando la voz.

—Claro, pero es el actor protagonista quien debe arrancarme el taparrabos, no usted.

—Señorita, aquí no está el actor. ¿Prefiere que se lo arranque mi asistente?

—No, no, yo prefiero no intervenir —Margot presagiaba otro escándalo.

—No me voy a desnudar aquí.

—Pero tienes un amplio currículo de… —Dolores lo interrumpió.

—Enseño mi currículo y mi culo cuando yo decido. Me marcho.

—No, por favor. Es usted la idónea para el papel principal —dijo Margot mientras hacía un ademán a Harby para que se sentara.

—Si firmo el contrato será con mis condiciones. La primera es conocer al actor y probar si tenemos feeling.

—De acuerdo, os dejaré a solas en la sala de ensayos —Harby estaba en tono conciliador.

Dolores sabía que Tom era el actor seleccionado, un chico guapo con el que había coqueteado en la cola del casting. El guion indicaba que el minotauro, ser mitológico con cuerpo masculino y cabeza de toro, estaba recluido en el laberinto. Dolores será el sacrificio humano entregado para alimentarse, pero ella deberá seducirle para que el deseo pueda más que el hambre de la bestia.

Allí se encontraba Tom con el casco de cuernos. La oyó acercarse, sus pies hacían crujir la hojarasca del laberinto, se incorporó acechante para sorprenderla. Dolores notó unos brazos fuertes que la ceñían desde atrás, por la cintura, que la elevaba del suelo, a la vez que notaba una mano acariciando su pecho. Notó cómo se endurecía el miembro de Tom entre sus muslos y de pronto la volteaba y arrancaba su taparrabos. Tom la alzó entre sus enormes brazos y ella intentaba poner cara de pánico, pero no le salía, estaba deseando que la fiera la poseyera, así que dejó su cuerpo laxo, desfallecido.

—¡Tom, penétrame!

—Eso no está en el guion. Sólo hay que fingir —le dijo Tom quitándose el casco con cuernos.

—Pero ahora estamos ensayando y te deseo. Me fijé en ti desde el primer día.

—Y yo también, además de guapa, menudo culo tienes.

Dolores lo besó, lo acarició hasta convencerlo de que si algo merecía la pena de esa película, es que se hubieran conocido.