Opinión | Menos lunes

Amo mangiare

Carbonara 'di mare'

Carbonara 'di mare' / L. O.

Me encanta comer. La gastronomía es un placer y un placer es un pilar básico de la felicidad, que me perdonen los estoicos. Si se viaja, cómo no deleitarse con las delicias culinarias del lugar que nos acoge. Hace unas pocas semanas volví de Sicilia y, bueno… por dónde empezar.

Se trata de una tierra que aúna lo mejor de la pasta italiana, el pescado y la dieta mediterránea. Quesos, berenjenas, anchoas y especias se abrazan en cada plato. Regado todo de buen vino.

La carbonara (siempre sin nata) ‘di mare’ la conocí durante mi visita a Taormina. Le añaden mejillones, calamares, gambas, parmesano y queso de oveja rallado. La pasta norma también se disfruta en pizza, con queso ricota salado, berenjena y cebolla. Esta me cayó en Cefalú, un pueblo precioso en donde se grabaron algunas escenas de la mítica Cinema Paradiso.

Pizza Norma

Pizza Norma / L. O.

Los mercados callejeros de toda la isla están llenos de puestos en donde venden salsas artesanas. Entre ellas, el pesto de pistacho. Con pasta fresca (es Italia, por Dios), en cuatro minutos se preparan unos Pappardelle que te hacen reflexionar sobre dónde venimos, dónde vamos y cómo vas a seguir con tu vida después de terminar el plato.

Lo más parecido a nuestras croquetas allí son las ‘arancinas’, pelotas de arroz empanadas y fritas, que pueden ser más grandes que un puño, rellenas de lo que se les ocurra: queso, carne, espinacas… Las probé en Palermo, pero se encuentran en cualquier puesto callejero. No son ‘delicatessen’, pero tienen la cualidad de que no se desparraman cuando se les pega un mordisco. No todas las marineras consiguen eso.

La ‘caponata’ viene a ser el pisto murciano, donde la berenjena, una vez más, vuelve a ser la reina del guiso, que se sirve frío. Se prepara también con cebolla, aceitunas y alcaparras.

El ‘cannolo’ es el postre siciliano por excelencia: masa de hojaldre frita, con forma cilíndrica, rellena de crema de ricota, de pistacho o de chocolate. Se recomienda la ingesta sin el cinturón abrochado.

Pero yo me quedo con los cruasanes que me comía por las mañanas en la cafetería más cercana de nuestro piso en Ortigia (Siracusa). Dicen que en ninguna parte como en Francia, pero yo los he probado rellenos de ricota (dulce esta vez) y de pistacho. Pesaban al cogerlos. La obscenidad más absoluta para un desayuno. Nada como comer sin poder aguantar la sonrisa.

Cruasán relleno de pistacho

Cruasán relleno de pistacho / L. O.

También se llevan los granizados, como en España, y triunfa especialmente el de granada. Será el color, el sabor, un qué se yo, pero subir una cuesta en Ragusa bebiendo uno de esos lo hace todo más llevadero.

La comida italiana es mucho más que pasta y pizza. Y no hay mejor manera de recorrerla que guiándose por el estómago. Buona giornata!