Al salir fuera y patear otros lugares percibes que los vecinos de éstos son capaces de mimar hasta el último detalle de sus posesiones. Habrá de todo, claro, pero por norma tiene la grata virtud de saber hasta vender las entradas de sus casas con colores en sus puertas y a dos centímetros una maceta que bien que opta a ser el huerto del año. Las papeleras te llaman la atención no por su ausencia sino porque son, más que un estorbo urbano, un objeto en pleno uso; un banco aislado, que por su color te incita a sentarte en él y disfrutar de un trocito de pared, mar o calle; un rincón con dos sombrillas blancas que incitan a la fonda, y una pregunta, una respuesta y llegas hasta donde no encontrabas. Nosotros tenemos mil razones para copiar y vender; mil razones para ser felices mostrando nuestros detalles. Al ver todo esto no sientes envidia y al comparar sientes que solo nos quedan ganas de mostrar civismo. Menos pis en las calles, ausencia de papeles en los adoquines, o en nuestro caso baldosas, fuera colillas, y sin duda el aspecto cambia. Somos gentiles, amables y sencillamente dispuestos a todo, somos del Sur y eso ya son varios puntos. ¡Vamos!